Hay imágenes que no se limitan a detener un instante: lo suspenden en el aire, como quien guarda un secreto a media voz. Esta que hoy nos acompaña muestra una paloma en pleno vuelo sobre el mar. En el pico lleva una rama de olivo. El azul se abre bajo sus alas y el horizonte parece, por un segundo, un límite negociable.
Miramos la imagen y, sin proponérnoslo, sentimos que esa ave no vuela sola. Hay quienes también se lanzan al agua con una esperanza en el pecho y una dirección incierta. Los balseros cubanos conocen esa misma travesía: el mar que promete y el mar que traga, el rumbo que se pierde entre olas y estrellas, la posibilidad de no llegar. Y no son los únicos: con ellos vuela todo migrante que arriesga la vida en una travesía, con la angustia en la garganta, la desesperación por equipaje y el sufrimiento pagado por adelantado — cruce este mar, cruce el Mediterráneo, cruce un desierto sin nombre. Quedan expuestos a los peligros de la distancia, al error de cálculo, a la soledad de la noche abierta.
Es curioso cómo el mar, que debería ser camino, a veces se disfraza de cielo. Cómo la esperanza puede confundir la orilla con el infinito. Hay una nostalgia antigua en esa confusión: la misma que nace cuando se deja atrás lo conocido para buscar lo posible, sabiendo que el precio puede ser alto.
Y entonces regresa, casi sin pedirlo, la canción que Rafael Alberti escribió en el exilio y que tantas voces han hecho suya:
Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.
[…]
Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.
La paloma se equivocó. También se equivocan, a veces, quienes confunden el azul del agua con el azul del cielo. Y, sin embargo, siguen volando. Siguen lanzándose. Porque hay algo en el gesto mismo —la rama de olivo, la balsa improvisada, la esperanza que no se resigna— que resiste la certeza del naufragio.
Queridos amigos de Lo Real Maravilloso: que esta imagen nos recuerde que el horizonte siempre es una promesa a medias, y que la dignidad de quienes se atreven a cruzarlo merece ser guardada en la memoria, como se guarda una imagen que no termina de explicarse del todo.
Con la quieta certeza de que el vuelo, aunque equívoco, sigue siendo vuelo.
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Gracias wolfredo
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Muchas gracias y excelente fin de semana.
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