Médico retirado, escritor de historias mágicas, fotógrafo por afición y abuelo de Dylan.
Nací y vivo en Ciego de Ávila, ese rincón de Cuba que a veces llamo Macondo de Ávila, porque aquí la realidad y la leyenda se entrelazan con la misma naturalidad con que el polvo se posa sobre los muros y el silencio se llena de memorias.
Luego de años dedicados a la medicina, descubrí que también se puede curar —o al menos consolar— con la palabra. Y que contar es, en el fondo, un acto de resistencia y de amor: resistencia contra el olvido, amor hacia quienes nos precedieron y hacia quienes todavía caminan a nuestro lado.
En estas páginas no pretendo doctrinas ni verdades absolutas. Solo intento mirar con atención: los muros que hablan, los faroleros que regresan, los nombres que son medidas, las grietas que se convierten en umbrales. Y compartir lo que veo con quienes, como yo, todavía creen que la belleza puede nacer de lo incompleto y que la memoria es un bien común.
Si algo de lo que aquí se escribe le llega, si alguna frase le hace detenerse o recordar, entonces estas líneas habrán cumplido su propósito.
Con un abrazo fraterno,
Volfredo