El regreso del farolero a Macondo de Ávila.
Queridos amigos de Lo Real Maravilloso, hoy la memoria nos devuelve al oficio del farolero, aquel hombre que encendía cada noche los faroles de la ciudad y velaba por su buen estado, guardián de la luz y del silencio. Su figura, que parecía destinada al olvido, ha regresado con inesperado esplendor en Macondo de Ávila, donde los apagones de 22 horas diarias nos han devuelto al siglo XIX con toda su ironía.
La modernidad aquí se toma vacaciones largas y la electricidad juega a las escondidas, mientras los faroleros, pagados por las Mypimes, vuelven a ser héroes cotidianos. Y así, entre candiles y linternas, la historia nos recuerda que la luz nunca fue un derecho garantizado, sino un milagro intermitente.
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