Juana la Cubana.

La clarividencia es una hipotética capacidad de percepción extrasensorial que permite a algunas personas recibir información sobre los acontecimientos futuros, capacidad que algunos videntes dicen poseer de forma innata y otros adquieren a través de peculiares ritos de iniciación.

El oficio mágico de la adivinación, ha estado presente en todas las sociedades desde el inicio de la historia. Los primeros reyes de la antigua Babilonia gustaban de conocer el futuro y ordenaban que se interpretasen sus sueños en un compulsivo afán de conocer el porvenir, dando entrada a sus cortes, a nutridos grupos de adivinadores y profetas, que predecían con entusiasmo el porvenir de los poderosos gobernantes, a sabiendas de arriesgar la vida en cada premonición.

En el amplio abanico de nacionalidades y etnias que configura nuestra Cultura Nacional, surge una fusión propia y peculiar del arte de adivinar, que suma a la amplia variedad de métodos heredados de nuestro folclor único de isla el Caribe, el mundo real y mágico del cual todo cubano forma parte.

Así las cosas, les presento hoy e invito a contar su historia, a Juana la Cubana, adivinadora de fama internacional que dio origen de forma mercantil a la actividad, a principio de los ochentas del pasado siglo, en la conocida Plaza de la Catedral de la Habana.

En uno de los muchos sábados de los otrora conocidos con el ilustre nombre de “Sábados de Ferias”, en la plaza de la Catedral de la Habana, me encuentro curioseando en espera de mis amigos; decorosos profesionales que vendían manualidades en la plaza y habían devenido artesanos, porque el nuevo oficio los hacía más solvente que el polvoriento título universitario que yacía colgaba en algún rincón poco visible de sus casas. Dando el tiempo en la espera y caminando ansioso de aquí hacía allá, mi mirada indiscreta se desliza cargada de curiosidad, sobre una negra obesa vestida de blanco, de voz gruesa y tono jovial, que lejos de molestarse por mi intromisión, me saluda, con una bocanada de humo y una frase de bienvenida que recuerdo como el primer día:

“Quieres conocer tu suerte buen mozo, ya mi muñeca me dijo que estudias medicina y pronto te vas a graduar de especialista con honores”. Aquella singular vidente, hablaba mientras señalaba con orgullo a una engalanada muñeca negra, sentada en su trono, justo a su lado. Esa muñeca cuyo rol no he podido descifrar aún, formaba parte del acto de adivinar, y era consultada en busca de sus asentimientos antes de lanzar al aire cada bocadillo profético.

Una y otra vez, y con ferviente erudición, Juana inhalaba su gigantesco tabaco y consultaba a su muñeca, antes de profetizar sus parlamentos mediante un amplio recorrido mágico de palabras, energizantes y motivadoras, capaces de levantar el ánimo de cuanta persona consultara en busca de esperanza y alivio.

Supe por la comunicativa y expresiva mujer, que mis exámenes y calificaciones universitarias iban a ser siempre destacadas, que en un futuro próximo me casaría con una intelectual bella, fiel y afamada, que tendría varios hijos, y que el final de mis días sería muy placentero, porque una cuantiosa herencia de un pariente paterno al cual no conocía, me iba a llegar desde España, justo a tiempo para sufragar mis viajes por el mundo, en busca de leyendas mágicas.

Cuanto te extraño Juana, siento nostalgia por tus premoniciones, sean o no ciertas. No puedo permitirme perderte en el olvido Juana, no, no, no; porque añoro la inmensa felicidad que hacías sentir a todo aquel que tenía el privilegio de sentarse a tu lado y compartir tus taburetes de cuero. No puedo dejarte partir de mis recuerdos ni quiero que te vayas Juana, porque de hacerlo, los pasos de un grupo de jóvenes universitarios soñadores e inquietos, se perderían para siempre, sofocados por los ecos transeúntes de una alegre y bulliciosa plaza colonial. No quiero que te vayas, porque al dejarte ir, muchos de los sueños que anidaste en mi mente, seguirán tu andar y nuca más retornaran.

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño.
¡Que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son!

Calderón de la Barca. siglo XVII:


12 respuestas a “Juana la Cubana.

  1. Excelente crónica, me ha encantado, que recuerdos tan hermosos, cuánta nostalgia de sueños, Juana la Cubana» forma parte de nuestra cultura y nuestras raíces, no dejar jamás de tener esperanzas de un futuro mejor. Muchas gracias Volfredo, gracias por compartir tus experiencias. Feliz día.

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  2. Encantadora historia… muy peculiar y atractivas las premoniciones de Juana.
    Me hubiese gustado mucho haberme tropezado con ella a ver que me depararía el futuro.
    Suerte la suya !. A tiempo aún para cumplir la profecía de los viajes…
    Saludos

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  3. No conocía la historia de Juana La Cubana,sólo había escuchado su mención en la popular canción que evoca al personaje,ahora leyendo tu magnífico artículo;basado en tu maravillosa experiencia personal, conocemos estas interesantes y caprichosas cosas de nuestra cultura nacional,que nos pone un poco en aprietos a los que siendo creyentes,no lo profesamos de forma oficial, gracias Volfre, ojalá y nos sigas deleitando con tus vivencias e historias,un abrazo.

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    1. Muy buen comentario, no conocía esa faceta de Juana la Cubana. Ya nos vamos acostumbrando a la calidad de todo lo
      publicado en este blog, solicitamos su continué, por favor.

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  4. Encantadora historia, Volfredo.
    Me hubiese gustado mucho haber conocido a Juana la cubana, a ver qué me deparaba el futuro.
    Cuando anduve por allí, abril del 2007, no la vi. Pero, desde luego, disfruté mucho de mis vagabundeos por las calles de La Habana y me enamoré de su gente con la que charlé en los parques, en los bares, en el Malecón. ¡Qué maravilla! Hasta me animé a escribir un libro «La Habana de mi corazón», que guardo como un recuerdo imborrable.
    Saludos.

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      1. Gracias por tu respuesta y por tus saludos caribeños. Encontré tu blog porque, recientemente te suscribiste al mío: El blog del Trujamán.
        Soy Marlen, y nos seguiremos encontrando a través de lo maravillosamente real.
        Saludos vascos y porteños.

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