Setenta y tres años no se cuentan: se agradecen.
Gracias a Dios, lámpara encendida en todas mis noches. Gracias a mi familia, raíz profunda y puerto seguro, que me sostiene y me acompaña, y me hace sentir que ningún año ha sido en vano. Y gracias a ustedes, amigos y seguidores de Lo Real Maravilloso, que caminan conmigo en estas páginas y las llenan de luz con cada palabra, con cada saludo, con cada abrazo escrito.

Hoy no pido nada. Hoy solo abro las manos, miro lo vivido y digo: gracias. Por las tempestades y por las calmas, por lo que la vida me quitó y por lo mucho que me dejó, por lo que aún me falta escribir.
Que Dios los bendiga a todos. A mí ya me ha bendecido con ustedes.
Seguimos.
Volfredo
