Premios Oscar 2025: “Cónclave”.

En el silencio opresivo de una sala revestida de mármol y tradición, donde cada susurro parece resonar como un eco de siglos, “Cónclave”, dirigida por Edward Berger, nos sumerge en un ritual tan antiguo como enigmático: la elección de un nuevo Papa. No es solo el Vaticano, con su aura de misterio y poder, el escenario de esta historia; es también el reflejo de un mundo en crisis, donde la fe, la ambición y los secretos se entrelazan en un baile tan elegante como peligroso. Como alguien que, en mis reflexiones personales, suelo gravitar hacia los grandes relatos históricos y los dilemas éticos que definen nuestra época, esta película me atrapó no solo por su intriga, sino por su capacidad de hacernos cuestionar las instituciones que, a veces, parecen inamovibles.

Edward Berger recibe el premio a la mejor película británica por Conclave en la 78.ª edición de los premios BAFTA en Londres el 16 de febrero de 2025. (Credit: AP Photo).

La cinta, basada en la novela de Robert Harris, se desarrolla como un thriller político, pero su verdadera fuerza radica en la humanidad que Berger logra extraer de sus personajes. Ralph Fiennes, en el papel del cardenal Thomas Lawrence, carga con el peso de una fe vacilante, una carga que se refleja en cada línea de su rostro, en cada pausa de su voz. Su actuación, una de las más matizadas de su carrera, nos recuerda a los grandes retratos de hombres atrapados entre el deber y la duda, como los que alguna vez interpretaron Paul Scofield en “Un hombre para la eternidad” o Anthony Hopkins en “Los dos papas”. Fiennes encarna al decano del Colegio Cardenalicio, transformado en el espejo de nuestras propias crisis internas, esas que nos llevan, como amantes de la verdad histórica, a indagar en los archivos de la historia para comprender el presente.

El elenco coral, un mosaico de talentos, enriquece esta narrativa. Stanley Tucci, como el cardenal Bellini, aporta un toque de idealismo liberal que contrasta con el conservadurismo férreo de Sergio Castellitto, mientras que John Lithgow, con su cardenal Tremblay, nos hace sospechar de cada palabra. Pero es Isabella Rossellini, en el papel de la hermana Agnes, quien, con una presencia casi espectral, nos recuerda que el poder no siempre se ejerce en los salones principales, sino en los pasillos silenciosos. Su actuación, contenida y magnética, es un recordatorio de cómo el cine puede elevar lo secundario a lo esencial, y no me sorprendería verla alzarse con el Oscar a Mejor Actriz de Reparto.

La dirección de Berger, que ya demostró su maestría en “Sin novedad en el frente”, transforma el cónclave en un escenario visualmente hipnótico. La cinematografía de Stéphane Fontaine, con su paleta de sombras y luces que evocan los claroscuros de Caravaggio, convierte cada plano en una pintura viva. Los encuadres cerrados, las miradas furtivas, el sonido de los pasos en el suelo de mármol: todo contribuye a una atmósfera claustrofóbica que nos hace sentir, como espectadores, parte de esa conspiración. Y la banda sonora de Volker Bertelmann, con sus notas que parecen latir como un corazón ansioso, subraya la tensión sin nunca abrumar. Es un trabajo técnico impecable, digno de las 8 nominaciones al Oscar que la película ha recibido, incluyendo Mejor Película.

Cónclave es más que un ejercicio de estilo. Su guion, adaptado por Peter Straughan, nos invita a reflexionar sobre el poder y sus corruptelas; la lucha entre tradición y modernidad; y la diversidad en instituciones históricamente homogéneas. La película no teme abordar cuestiones contemporáneas, como la aceptación de la homosexualidad o la gestión de escándalos en la Iglesia, lo que la convierte en un retrato audaz y, para algunos, incómodo. No es casualidad que ciertos grupos conservadores la hayan tachado de “anticatólica”, pero, como Berger y Straughan han defendido, esto es ficción, no dogma. Y en esa ficción, encuentro ecos de los debates que me fascinan, como los que he explorado en mis entradas sobre los archivos secretos de figuras históricas o las tensiones políticas de nuestro tiempo generadas por la desclasificación de archivos secretos en los Estados Unidos. Ver enlace:

El giro final, aunque divisivo, me pareció un golpe maestro, no por su sorpresa, sino por su audacia. Es un recordatorio de que el poder, incluso en sus formas más sagradas, siempre está en disputa, y que la modernización de una institución no siempre llega de la manera que esperamos. Algunos espectadores, en publicaciones que he leído, han sentido que este desenlace podría haber sido más desarrollado, y no les falta razón. Pero, en mi opinión, su ambigüedad es precisamente lo que lo hace memorable, como un cuadro de Goya que nos deja con más preguntas que respuestas.

“Cónclave” no es una película perfecta. Su guion, en ocasiones, sacrifica la profundidad emocional de los personajes secundarios en favor de la tensión narrativa, y algunos diálogos podrían haber sido más afilados. Pero estas imperfecciones no opacan su ambición ni su capacidad de provocar reflexión. En un año donde la Academia podría premiar narrativas que equilibren entretenimiento y comentario social, como lo hicieron “Parasite” o “Everything Everywhere All at Once”, esta cinta tiene argumentos sólidos para alzarse con el Oscar a Mejor Película. No solo por su dirección, sus actuaciones o su relevancia temática, sino porque nos recuerda que el cine, en su mejor forma, es un espejo de nuestras contradicciones.


Desafíos para “Cónclave” en los Premios de la Academia.

Películas como “Anora” (dirigida por Sean Baker) y “The Brutalist” (dirigida por Brady Corbet) también han recibido elogios críticos y tienen nominaciones importantes. “Anora” ha sido destacada por su frescura y autenticidad, mientras que “The Brutalist” ha sido alabada por su ambición épica.

Si la Academia prioriza innovación o narrativas más arriesgadas, “Cónclave” podría quedar en desventaja frente a estas competidoras.

Polémica religiosa:

Las críticas de grupos conservadores y religiosos, que han calificado a “Cónclave” como «anticatólica», podrían influir en algunos votantes más tradicionales de la Academia. Aunque la controversia no suele ser un obstáculo directo (ejemplo: Spotlight en 2015), podría dividir opiniones.

“Cónclave” tiene méritos significativos para ganar el Oscar a Mejor Película, pero enfrenta desafíos importantes debido a la competencia y algunas críticas al guion. Su probabilidad de éxito aumentará si logra resonar emocionalmente con los votantes y si la Academia busca premiar una película equilibrada entre entretenimiento y reflexión. Sin embargo, no es un claro favorito, y su victoria dependerá de las dinámicas de la temporada de premios y las preferencias de los votantes.


Si me permiten una nota personal, propia de las magias de Lo Real Maravilloso, antes de concluir; considero que este enigmático filme resonará por mucho tiempo, tanto por su trama visual, como por la fascinación que compartimos en las redes por los grandes relatos sobre el poder y los secretos que los sustentan. “Conclave” es una película profunda, una obra que nos invita a discutir y analizar; como esos textos históricos que tanto nos apasionan y al final, nos dejan con una certeza: en el silencio del Vaticano, como en el ruido del mundo, siempre hay un secreto que espera ser contada y es necesario, escuchar en nombre de la verdad.

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9 respuestas a “Premios Oscar 2025: “Cónclave”.

    1. Cónclave es un thriller político, pero su verdadera fuerza radica en la humanidad que Berger logra extraer de sus personajes. Esto ha hecho de la película un éxito de taquilla con mucha aceptación de los espectadores. A mi entender, estimado Alex, tiene muchas probabilidades de hacerse con el premio de la academia. Es un gusto desearte un feliz día.

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