Z

Agradezco con profusión la amplia recepción y comentarios de nuestra entrada de ayer, “Prohíben en La Florida novelas de Isabel Allende”, donde declaré sin ambages que las distopías políticas, la censura y la quema de libros, no eran producto imaginativo único del alucinado escritor Ray Bradbury; ni tenían por único escenario a Fahrenheit 451.

De forma casi simultánea con la divulgación de la novela de Bradbury, se proyectó en Macondo, en sus tres cines de aquel entonces: Principal, Iriondo y Carmen, (hoy moribundos amasijos estructurales que languidecen); la impactante película “Z”, reconocida como referente obligado del cine político a escala planetaria.

“Z”, es un filme franco-argelino de 1969, dirigida por Costa-Gavras, y protagonizado por Yves Montand, y Jean-Louis Trintignant. El guion está basado en la novela homónima del escritor Vasilis Vasilicós.

La película fue candidata a varios premios internacionales; destacando por sus cinco candidaturas a la 42.ª edición de los Premios Oscar (1969), incluyendo la de mejor película; y la primera que obtuvo dos premios Oscar en las de mejor montaje (Françoise Bonnot) y mejor filme extranjero (Argelia) en la historia de la Academia.


En los créditos de apertura, la película muestra la siguiente cláusula de descargo de responsabilidad (traducida del francés): «Cualquier parecido con hechos reales, y personas vivas o muertas, no es accidental. Es INTENCIONADO».

Crédito de la película Z. Costa-Gavras, 1969.

La historia se desarrolla en una ciudad hipotética, identificada en la novela con Salónica, aunque su nombre no se menciona en ningún momento en la cinta. Un abogado de la oposición organiza los preparativos para la llegada del diputado Z (Yves Montand), que pronunciará un discurso en un mitin de oposición al Gobierno. Todo ello en difíciles condiciones, debido al sabotaje continúo preparado por los militares: los manifestantes encuentran que la sala arrendada no está disponible; y el dueño exige una autorización por escrito, mientras otros posibles escenarios se ven limitados por normas absurdas e inspecciones obstaculizadoras tras las cuales está la mano del Gobierno.

El diputado Z llega a la ciudad. A pesar de todo, desoye las amenazas e insiste en dar la conferencia. Después del discurso, al cruzar la calle, es golpeado en la cabeza por un matón.  El golpe resulta mortal; en la posterior investigación policial, aparecen testigos manipulados por la policía, que cierra el asunto dando por sentado que el doctor Z había sido atropellado por un conductor ebrio.

Luego se descubre suficiente información que involucra no solo a los dos matones que perpetraron el magnicidio, sino también a oficiales de alto rango de la Policía, entre ellos el General jefe de Seguridad. La trama de la película se centra en la investigación de periodistas independientes que logran esclarecer los hechos y llegar a la verdad, sin embargo, pese a todas las contundentes pruebas incriminatorias que descubren —y precisamente por ello—, el espectador recibe en un rápido epílogo el desastroso final de las investigaciones: el juez de instrucción es misteriosamente apartado del caso, los testigos clave mueren en circunstancias extrañas, los paramilitares culpables del asesinato del diputado son sentenciados a penas ridículas, los colaboradores del diputado Z son asesinados o deportados, y el periodista gráfico que descubre la verdad, es enviado a prisión por tres años, acusado de revelar documentos oficiales secretos.

Escena de la película Z. Costa-Gavras, 1969.

Finalmente, un golpe de Estado pone fin a la dictadura militar encubierta para dar paso a un Gobierno militar represivo de las libertades personales.

En los créditos de cierre, en lugar de mostrar el reparto y el equipo de rodaje, se muestran las prohibiciones hechas por la Junta Militar tras hacerse con el poder, tras el golpe de estado. Entre ellas se reprime y condena de forma explícita: los movimientos pacifistas, el derecho a huelga, los sindicatos, el pelo largo en los varones, los Beatles, cualquier tipo otro de música moderna y popular, las matemáticas modernas, Sófocles, Lev Tolstói, Esquilo, escribir que Sócrates era homosexual, Eugène Ionesco, Jean-Paul Sartre, Antón Chéjov, Mark Twain, Samuel Beckett, la sociología, las enciclopedias y la libertad de prensa. También prohibía la letra “Z”, que aparece garabateada en la última imagen de la película como un recordatorio simbólico de que «el espíritu de la resistencia vive» (en griego clásico: ζει, ‘vive’).

 “Z” fue candidata a varios premios internacionales y obtuvo los siguientes reconocimientos:

– Festival de Cannes de 1969: Mejor actor (Jean-Louis Trintignant) y el Premio del Jurado al mejor director.

– Premio NYFCC de 1969: Mejor director.

– Premio BAFTA de 1970: Mejor música para filme (Mikis Theodorakis).

– Premio Edgar de 1970: Mejor filme.

– Globo de Oro de 1970: Mejor película en lengua extranjera (Argelia).

– Premios Oscar (1969): Mejor montaje (Françoise Bonnot) y mejor filme extranjero (Argelia).

Además, fue la primera película que tuvo las dos candidaturas de las categorías de mejor película y mejor película extranjera en los Premios Oscar.

La música de la película “Z” fue compuesta por Mikis Theodorakis. Algunas de las canciones destacadas de la película son:

– “Un hombre en una isla” (“Z” tema principal)

– “Na, Na, Na, He, He, He, Goodbye”

– “Pasajero de la lluvia”

– “Déjalo ser”

– “Mash”

Nuestra historia continuará, hay mucho que contar sobre el cine inagotable y vigente de Costa-Gavras. Dicho en buen español cubano, coloquial y callejero: “Un director que no tuvo paz con nadie y siempre puso la cabeza sobre la almohada sin experimentar remordimiento alguno, causado por omisiones cómplices”.

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12 respuestas a “Z

  1. Thank you, Volfredo, for an interesting story about the film. Once again I am convinced that some problems cannot be overcome by humanity throughout its entire existence. Old works are more relevant than ever. I’ll definitely watch this movie.

    I wish you a good mood!

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    1. It is a great film that tells its story in times of military dictatorships in Latin America, contrary to what was expected and today we are very far from overcoming censorship and political persecution everywhere.
      I also recommend «Missing» and «State of Siege», by the same director. They are cinematic gems.
      Happy weekend.

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  2. Por entonces lo llamábamos Cine Politico. Las hubieron unas pocas buenas y muchas tan urgentes como fuleras. Por una cuestión de edad y de pertenencia a un lugar, la historia anduvo cerca de mi plan de vida, no solo conozco a varios de los protagonistas, sino que hoy vivo pegado a uno de los lugares de los hechos. «Estado de sitio», también de Costa Gavras, es la película. Tan lejano ahora, que parece parte de un sueño. Apenas salidos a la vuelta de la democracia una tarde me di, en un cineclub, un atracón con La confesión, Z, y Estado de sitio.

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