El maléfico hechizo de Isadora Duncan.

Durante años, los más importantes teatros clamaron por Isadora Duncan, la nueva estrella a la que llamaron «la Ninfa». En todas las ciudades europeas tuvo como amigos, pintores, poetas e intelectuales y estuvo rodeada de admiradores que deseaban conocerla.

Apasionada, bellísima y maravillosa, ejercía un poder de seducción irresistible entre cuantos la rodeaban, sin embargo, pronto quedó atrapada en un hechizo perverso que dio origen al maleficio que parecía emanar de su persona y abatirse sobre todos los seres a los que entregaba su amor, un hechizo que cobró muchas vidas y la atrapó dentro de trágicos sucesos hasta destruirla y acabar con su vida.

La primera «víctima» fue el polaco Iván Miroski, consumido por unas fiebres malignas poco después de separarse de Isadora. Luego, extraños percances y desapariciones salpicaron sus relaciones con sus amantes, fuesen ocasionales o duraderos.

Isadora Duncan tuvo tres hijos de diferentes padres, y los perdió a todos en trágicas circunstancias:

Su primer hijo fue Deirdre, nacida en 1906, fruto de su relación con el escenógrafo y director teatral Edward Gordon Craig. Deirdre era una niña inteligente y sensible, que acompañaba a su madre en sus viajes y actuaciones.

Cuatro años después, en 1910, nació Patrick, fruto de su romance con el millonario Paris Singer, heredero de la empresa Singer de máquinas de coser. Era un niño alegre y cariñoso.

El 19 de abril de 1913, el oscuro maleficio que perseguía a Isadora, cobró la vida de Deirdre y Patrick, cuando triunfaba con su arte en los grandes teatros de París.

Un día, agobiada por los ensayos, confió los niños a la institutriz para que los llevara en automóvil a Versalles. Ella misma relata en su autobiografía, que quizás tuvo un presagio del drama: «Al dejarlos en el coche, mi Deirdre colocó los labios contra los cristales de la ventanilla; yo me incliné y besé el vidrio en el sitio mismo donde ella tenía puesta la boca. Entonces, el frío del cristal me produjo una rara impresión e hizo que me recorriese un estremecimiento». Minutos después, el auto bordeaba el Sena y, al girar para cruzar uno de sus puentes, los frenos no respondieron a la voluntad del chófer. El coche se precipitó en las oscuras aguas y los dos niños perecieron ahogados.

Desgarrada por lo sucedido, Isadora declaró: «Si esta desgracia hubiera ocurrido antes, yo hubiese podido vencerla; si más tarde, no habría sido tan terrible, pero en aquel momento, en plena madurez de mi vida, me aniquiló». En efecto, la bailarina anuló todos sus compromisos y decidió interrumpir su carrera, dedicándose por entero a la enseñanza, tratando de olvidar su desgracia sumergida en un trabajo agotador.

Varias veces pensó en quitarse la vida, pero siempre la disuadió la idea de que otros niños, empezando por los alumnos de la escuela que había creado en 1904, estaban necesitados de ella.

El tercer hijo de Isadora llegó en 1914, nombrado Menalkas, resultó de la breve relación de la bailarina con el poeta y diplomático italiano Romano Romanelli. Era un niño enfermizo y débil, que sufrió varias complicaciones de salud desde su nacimiento. En 1915, cuando tenía un año, murió de meningitis en Venecia


En 1921, después del final de la Revolución Rusa, Isadora se mudó a Moscú, donde conoció a Serguei Esenin, poeta y cantor oficial de la Revolución de 1917, el cual levantó sus ánimos e ilusiones con el ambiente pletórico de bienestar que se respiraba en el país y que Serguei encarnaba a la perfección. El revolucionario y apasionado poeta se enamoró locamente de Isadora y consiguió que ella revocara su propósito, repetidamente afirmado, de no volver a contraer matrimonio nunca más.

Isadora Duncan, con Serguéi Esenin, en 1923.

El comportamiento de Esenin, irracional e intempestivo, empezó a ser escandaloso hasta para la propia Isadora. Acostumbraba a desaparecer, dejando tras de sí un rastro de botellas vacías y muebles rotos. La paciencia de «la ninfa» llegó al límite y puso fin de forma irrevocable a la tormentosa relación.

Al año siguiente, Esenin regresó a Moscú, donde sufrió una profunda crisis a raíz de la cual fue ingresado en una institución mental. Se suicidó poco tiempo después, el 28 de diciembre de 1925.


El 14 de septiembre de 1927, Isadora Duncan se encontraba disfrutando de una serena noche estrellada en Niza, Francia; cuando decidió tomar un paseo en el lujoso automóvil descapotable propiedad de Benoît Falchetto, mecánico franco-italiano. Llevaba un pañuelo de seda largo, fluido y pintado a mano, creado por el artista de origen ruso Roman Chatov. Preston Sturges, que despidió a Duncan, le había pedido que usara una capa para protegerse del aire libre que azotaba directo sobre ella, pero ella rehusó la cortes sugerencia, y ató a su cuello la bufanda para protegerse del frío.

Minutos más tardes, con el automóvil en plena marcha, el pañuelo de seda, envuelto alrededor de su cuello, se enredó, en la rueda trasera, tirando de ella y rompiéndole el cuello. A su llegada al hospital, fue declarada muerta.

Trágica muerte de Isadora Duncan. Niza (Francia), la noche del 14 de septiembre de 1927.

Según los despachos de prensa, Isadora Duncan fue arrojada de manera extraordinaria desde un automóvil abierto en el que viajaba y murió instantáneamente por la fuerza de su caída al chocar contra el pavimento de piedra, mientras que otras fuentes señalaron que casi fue decapitada por el repentino y asfixiante ajuste de la bufanda alrededor de su cuello.

En el momento de su muerte, Duncan era ciudadana soviética. Su testamento fue el primero de un ciudadano soviético en someterse a un juicio de sucesión, en los Estados Unidos.

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11 respuestas a “El maléfico hechizo de Isadora Duncan.

    1. Si, estimada amiga, la vida de Isadora Duncan está llena de altibajos, triunfos y reveces, algunos tan terribles que fueron interpretados como maleficios, de a pocos iré contando su vida. Aprovecho para deearte un feliz fin de semana.

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