La noche loca del conejo.

Sucedió así a menos de 24 horas; temblor de tierra universal y simultáneo en todas las naciones del planeta, Liverpool vs Real Madrid, en la final de la Champions League; un gol de Vinicius sentenció a un Liverpool que luchó, que insistió de principio a fin, que soñó con un Luis Díaz por primera vez en esta instancia, pero que se estrelló no solo con la historia merengue sino con el imbatible Courtois. Fue un 1-0 clavado, innegociable, todo apoyado en el arquero belga, figura estelar del título.

No soy aficionado al futbol, al que solo sigo durante los mundiales, un poco por la calidad de los equipos, y más aún, por las muchas noticias que los acompañan y las fastuosidades de la inauguración, donde las limitaciones económicas esfuman ante la necesidad de brindar un espectáculo que resalte al mundo las bondades y virtudes del país anfitrión.

Estas circunstancias, y la escucha de los acalorados comentarios sobre el juego recién concluido, propician la oportunidad a mis recuerdos a que viajen 12 años atrás, y desempolven de mi memoria los recuerdos.


La noticia se mostraba de forma explícita, en grandes carteles y vallas coloridas, que adornaban todas las avenidas de Doha, la serena y ultra moderna capital de Catar: “Hola y bienvenidos. El estadio internacional Khalifa de Doha será el escenario del tope amistoso entre Brasil y Argentina, en un partido que enfrentará a estos feroces rivales sudamericanos, estancados en 33 victorias cada uno, del total de 89 encuentros que han llevado a cabo a lo largo de la historia”.

El juego formaba parte de la campaña promocional de Catar para asegurar la organización de la Copa Mundial 2022, pero enfrentar a estas dos naciones en un campo de fútbol se convierte en una cuestión de orgullo nacional sudamericano, al decir de Thiago Silva: «enfrentar a Brasil contra Argentina es especial, no solo por la calidad de su equipo, sino también por la rivalidad que siempre ha existido, lo cual hace que estos juegos tengan la connotación de clásicos mundiales”.

La entrada era libre, pero los extranjeros debíamos pagar 15 reales, algo así como 2.5 dólares para tener derecho a la rifa, colofón del evento, donde el Emir de Catar, que asistiría al evento, iba a rifar a 20 millones de dólares de su bolsillo, en carros, motos y relojes de alta gama, como obsequio a su pueblo y sin ánimo de recaudación de fondos.

El mágico juego tuvo lugar, en el entorno maravilloso del Khalifa Stadium, el 17 de noviembre de 2010.


Comienza la noche loca del conejo.

Tan solo tuve que mostrarle mi interés a uno de mis residentes cataríes, para que este de inmediato me trajera una entrada a palcos, al tiempo que se ofrecía a recogerme en el hotel cuatro horas antes, para evitar el riesgo de quedar atascado en el pesado transito que el evento iba a originar. La comida la haríamos in situ, ya sentados en nuestro palco, con shawarmas, razón esta más que convincente para que estuviese puntual.

Entrada al juego Argentina Brasil, 17/11/2010.

Quince minutos antes de la hora pactada para la recogida ya estaba en el lobby del hotel, caminando ansioso en redondo, momento en que observo en una esquina, una bandera argentina, cuyos colores coincidían con la elegante camisa de mangas largas que llevaba en uso, y que cortésmente solicito al carpetero, que me la facilitó de inmediato.

El espectáculo era fastuoso como su sede, el Khalifa Stadium, con sus graderíos de butacas lujosamente acolchonadas, porque no existen divisiones clasistas ni asientos de terceras donde todos son iguales, sus muchos globos aerostáticos, sus cámaras voladoras a través de cables invisibles y no conforme con todo aquello, una enorme edificación aledaña en forma de antorcha, de 300 metros de altura, desde la cual, la iluminación complementaria y las cámaras de televisión cumplían sus funciones sin ocasionar molestias, apoyados en las altas tecnologías.

Mientras hacíamos tiempo comiendo shawarmas de todas las carnes imaginables, con excepción del cerdo, rígidamente prohibido por el Sagrado Coram, me arriesgo a llamar a mi hijo, y sigue la locura del conejo, me responde de inmediato con audición impecable y me dice que estaba despierto porque iba a seguir el juego por internet, al tiempo que me felicita por mi privilegiada e inverosímil oportunidad.

Un servidor. Argentina versus Brasil, Doha 2010.

El gran juego me resultó un verdadero tormento, no caían los goles, y aquellos aplaudidos deportistas se desgataban de aquí para allá y sudaban duros sus camisetas, sin lograr un solo gol. Ya en el tiempo complementario mientras bostezo, un estallido de voces me indica que Messi en el 90+2 minutó golea y hace que de inmediato Argentina gane el partido con marcador de 1-0. Magnífico gol de la Hormiga Atómica que pone a todos sus hinchas a gritar sin control.

Es en ese momento que miro a mi camisa de rayas azules y a la bandera también de franjas azules con un sol naciente al centro, mi equipo ha ganado, he ganado, a gritar y gritar, gritar ¡Viva Argentina!, gritar ¡Viva Messi!, y gritar bien alto también ¡Buenos días, Feliz domingo tengan todos!

#LoRealMaravilloso

#ArtesVisuales

https://www.volfredo.com/


7 respuestas a “La noche loca del conejo.

  1. Amigo: te pusiste en terreno peligroso con el grito de !viva Messi! ante los madridistas furibundos que seguramente leen tus muy queridas y seguidas crónicas . De todas formas, ante el juego de ayer solo nos queda un !Hala Madrid!, linda crónica,, abrazos

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