Juana Bacallao; el triunfo de lo irracional.

Neris Amelia Martínez Salazar, conocida en el mundo de la farándula como Juana Bacallao, nació el 26 de mayo de 1925 en el seno de una familia humilde en la populosa barriada de Cayo Hueso, en La Habana.

La vida de Juana Bacallao está marcada por una infancia muy desdichada, quedó huérfana a muy temprana edad, por lo que fue internada en una escuela de monjas de las Hermanas Oblatas, piadosas mujeres dedicadas al cuidado, educación y catequesis de niños desamparados, que vieron frustrados sus nobles esfuerzos, porque os aseguro que en toda la anatomía de Juana Bacallao no hay un átomo de santidad.

Desde temprana edad tuvo que luchar y defenderse sola y más tarde, al ser egresada del convento, ganaba su vida como empleada doméstica, cantando y bailando mientras trabajaba.

Fue descubierta para la actuación, por el afamado compositor, pianista, musicólogo y director de orquesta Obdulio Morales, cuando limpiaba como empleada doméstica, unas escaleras en la esquina de Laguna y Perseverancia. Al escucharla cantar mientras hacía sus labores, Obdulio quedó tan impresionado que de inmediato le propuso hacer pruebas para que trabajara en una producción a punto de estrenar, titulada El Milagro de Ochún en el Teatro Martí, donde habían triunfado grandes artistas como Rita Montaner, Candita Quintana y Alicia Rico. Es allí entre todas aquellas estrellas del momento, donde se da a conocer al gran público como Juana Bacallao y desde entonces perdió su nombre de pila para siempre.

Pronto Juana demostró ser incapaz de ceñirse a un esquema de actuación, seguir un libreto, o memorizar más de dos palabras de un guion. Sencillamente, no estaba hecha para ningún tipo de disciplina y era incapaz de encontrar acomodo en una actuación colectiva, razón por la que abandona pronto el teatro y se lanza a la vida bohemia del cabaré, siempre espontanea, e incontrolable.

Antes del año 59 la televisión cubana estuvo vedada para ella y para apartarla de sus programas, los directores de la televisión siempre argumentaron que sus interpretaciones eran propias de una subcultura, vulgar, chabacana, y grotesca, totalmente inapropiada para la pantalla.

Pocos años después del triunfo de la revolución, un joven y romántico director de nueva generación, considera que Juana había sido perjudicada por la discriminación racial y la marginación, dada su procedencia humilde, y tratando de superar tamaña injusticia propone al director general, se inicien las pruebas para su presentación antes las cámaras. Las cosas no llegaron más lejos, porque estoy seguro que el azar hizo surgir de algún sitio, algún rescatista de oficio, que percatándose del peligro previno a tiempo el desastre inminente.

No imagino a Juana Bacallao antes las cámaras y de haber salido en vivo como era habitual en aquella época, muchos de sus directores y guionistas hubiesen sido enviados directo a la cárcel, incapaces de responder a las acusaciones devenidas de su irracional espontaneidad.

Juana, más que una artista, es un personaje hecho de pies a cabeza, para el cabaré, para la improvisación y el desorden, del cual saca partido. En su modo de interpretar combina letras de canciones con textos burlescos o trágicos, utiliza vestuarios extravagantes e improvisa su interacción con el público, llegando mucho más allá de lo admitido formalmente. Única en su estilo, su timbre de voz es áspero, y en el escenario canta como le parece, desafina, olvida o cambia la letra de las canciones marcando un hito que ha devenido en un caso excepcional en la historia del arte vernáculo cubano.

En su vida personal, Juana no deja espacio a la privacidad, ella es toda de su público y actúa para el en cada acto de su vida. En los tiempos en que nadie imaginaba que alguna vez se inventarían los teléfonos celulares, ella llevaba siempre en la cartera el auricular de un teléfono convencional. En cuanto llegaba a un lugar donde se reunía un grupo considerable de personas, abría la cartera, sacaba el auricular y comenzaba a hablar y a dar órdenes diversas: “Ténganme lista la comida que ya voy para allá… Díganle al peluquero que me espere… Ordene a mi representante que aplace la próxima pasarela”… y mil ocurrencias más, todas ellas disparatadas.

A la hora de cruzar la calle, Juana esperaba disciplinadamente por los cambios de señales del semáforo, y tan pronto encendía la luz roja emprendía el cruce, con el rostro vuelto hacia los autos que se habían detenido, y una sonrisa en los labios mientras exclamaba “¡Gracias! ¡Muy amables! ¡Gracias! como si todos se hubiesen detenido para que ella pasara.

Los hechos que a continuación describo, parecen ser a todas luces inciertos, pero les aseguro que no es así; son anécdotas y sucesos en la vida de Juana, que a lo largo de los años e compilado con meticulosidad tomando de aquí y de allá. Todas las anécdotas que a continuación describo, al igual que la vida y obra de Juana Bacallao, tienen en común el hecho de hacerte reír hasta el llanto, sin tinos ni fronteras.

Era la década del 70 del pasado siglo, cuando el Instituto de Amistad con los Pueblos, ICAP, se propuso celebrar un aniversario más de la constitución de la República Popular China, con un homenaje en el gran patio de su sede central en La Habana. Con tal propósito se organizó un acto con actividades políticas y culturales, y se invitó a todo el personal diplomático acreditado en Cuba, a una ceremonia en la cual los discursos de congratulación iban a finalizar con un espectáculo artístico de corte folclórico nacional, interpretado por un escogido elenco de celebridades nacionales encabezado por nuestra querida y bien amada Juana Bacallao.

Entre himnos, aplausos, y vítores, la celebración fue todo protocolo, y Juana, que había interpretado Siguaraya, con un toque de singularidad y cubanía único fue aplaudida con gran entusiasmo.

Es entonces cuando la Bacallao pierde los frenos y desboca, y enardecida por los fuertes aplausos del selecto público, comienza a dar vivas a cuanto pareciese chino y estuviese almacenado en su memoria. Es así que grita “Viva la República Popular China”, grandes aplausos; “Viva Mao Zedong máximo dirigente del Partido Comunista”, aplausos y aclamaciones; “Viva Chiang Kai-shek”, silencio absoluto, aquello fue una bomba. Juana delirante había dado vítores al enemigo acérrimo de Mao que, tras la derrota de los nacionalistas frente a los comunistas en 1949, se había refugiado y mantenía las hostilidades desde la isla de Taiwán. Aquel memorable día, Juana casi pone fin a las relacionales diplomáticas entre Cuba y China. Pero por suerte, los hechos pasaron sin mayor trascendencia.

En una ocasión en que la entrevistaron, indagaron por su signo zodiacal. “¿Mi qué?”, espetó ella al no deducir bien el “extraño” vocablo. El interlocutor trató de aclararle: “Su signo zodiacal, o sea, del horóscopo”.

Al entender la pregunta, Juana, ni corta ni perezosa, asumió una pose de superioridad y respondió: “Ah, sí, ¡Yo soy ostión!”.

Las anécdotas sobre Juana son miles y estas dos historias que les narro a continuación, se conocieron gracias al inolvidable escritor y humorista Enrique Núñez Rodríguez, quien las incluyó en su libro “Gente que yo quise”, uno de los capítulos el autor lo dedicó a Juana, con quien sostuvo una estrecha amistad.

Cuenta el Hijo ilustre de Quemado de Güines que el famoso actor, guionista y director español de fama internacional. Francisco (Paco) Rabal visitó Cuba, y estuvo en el edificio del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). Coincidentemente, la Bacallao también se encontraba allí, y un acompañante del invitado quiso presentárselo. “Mira, Juana, él es Paco Rabal”.

Juana, que sentía una gran admiración por el personaje, le extendió la mano y expresó: “Oh, qué honor, ¡me encantan sus perfumes!”. Evidentemente, la diva cubana lo había confundido con el gran diseñador de modas, también español, Paco Rabanne; conocido mundialmente por sus creaciones textiles y por la calidad de los costosos perfumes que llevan su firma.

Así las cosas, Juana llega al cabaré Tropicana, sitio donde su triunfo fue indiscutible. Cuentan que, en una noche de estrenos, una delegación de políticos italianos se encontraba en Cuba invitada por el gobierno cubano y como parte de las atenciones hacia los invitados, fueron llevados al show del icónico cabaré.

En el elenco de aquella noche se encontraba Juana y, conociendo las características de la estrella, el director artístico le advirtió con cierto nerviosismo: “Juana, allá afuera hay unos italianos invitados por el Gobierno de Cuba. Tú mira a ver lo que haces, que si no salimos por el techo”.

Aturdida por la cháchara, le respondió: “¡Ay, chico, ya, deja la muela y déjame tranquila!”. Al ser presentada con bombos y platillos, salió al escenario acompañada por una ovación. Juana, emocionada, comenzó a saludar al público de acuerdo con sus países de origen:

“¡Y qué dice la gente de México!”, y los mexicanos respondían eufóricos. “¡Dónde está la gente de España!” y estos correspondían igualmente. De pronto, Juana se dirigió a la respetable delegación italiana y, saludando con una mano, soltó: “¡Y qué dice la gente de la mafiaaa!”.

La disparatada vida de Juana sobre las tablas se ha extendido a lo largo de siete decenios, sin que nada allá cambiado. En fecha más reciente, Juana fue una de las artistas invitadas en el inolvidable concierto efectuado en la Tribuna Antiimperialista, el 12 de septiembre de 2013, donde el pueblo exigió la total liberación de los Héroes Cubanos, presos en cárceles estadounidenses.

Al concluir, la magistral mujer espectáculo, que ya tenía gravitando sobre sus costillas en aquel entonces 85 años, vitoreó a los heroicos compatriotas, con su manera muy peculiar, que hizo sonar una masiva carcajada: “¡Qué vivan los Cinco, y los suelten ya, que están buenísimos!”.

Esto no termina aquí, aún tenemos Juana para rato, ya les seguiré contando……


Juana es la juglar en época moderna, de la población habanera, que le hace coro, y la aplaude desde los balcones, mientras atraviesas las calles de la Habana Vieja y así lo testifica esta foto inédita que les muestro.


21 respuestas a “Juana Bacallao; el triunfo de lo irracional.

  1. Volfre encantadora anécdota sin duda Juana Bacallao arraso las expectativas. He reido y disfrutado cada escenario por tú explicita redacción cómo si hubiese compartido esas vivencias. Adoro su ser Única..espero tú próximo post .Felicidades.

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  2. Que manera de reir! Muchas cosas no se conocen de Juana, disparatada y única, gracias por hacernos partícipes de estas anécdotas, como siempre muy bien logrado tu objetivo. Seguimos esperando nuevos pasajes de su vida. Hermosas fotos. Feliz domingo.

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  3. Ha sido muy gratificante conocer màs sobre la vida de Juana Bacallao todo un personaje !!recuerdo cuando la vi hace como 20 años atrás toda vestida de blanco con una peluca rubia caminando por la calle Paseo con un sol tremendo ,se abanicaba y sonriente saludaba a todo el mundo ,gracias Volfredo un abrazo

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  4. Muy ameno e instructivo. No he sido un seguidor de Juana y su obra, pero , cubano al fin…pues quién no sabe de su existencia? Siempre he creído, muy intuitivamente que el respaldo oficialista a Juana, tiene un componente político y de representación de género, clase , procedencia etc… Y me he preguntado si Juana hubiese tenido ese respaldo con una Celia Cruz en La Habana.

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    1. Y que tiene que ver el chivo con la meningitis??. Juana, recuerdo, nunca fué del gusto de mis abuelos. Quizás por lo «ordinaria» en su discurso. Según las propias palabras de mi abuela materna de una cultura autodidacta y con gustos diferentes. Quizás por eso acá se explica cuántas veces la televisión hizo maravillas para dejarla en Cabarets.
      Pero no se puede negar que el reguetonero también tiene público y que lo marginado y prohibido también sale a la luz. Hay espacio para todo entre cielo y tierra.
      Mención aparte para el relato. Porque me ha hecho reír y eso vale más que cualquier criterio que yo, en lo personal, pueda tener. Gracias siempre profe por compartir vivencias.

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  5. Muchas gracias por abordar temas poco habituales pero muy interesantes y divertidos. Juana Bacallao hizo que muchas personas disfrutáramos de su «arte» nada convencional y por eso hay que agradecerle su trabajo y espontaneidad.

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  6. La ví actuar en el Parisien,todo muy bien,ella toda romantica y de pronto: ¡ se quito la peluca! ,pensé que el Nacional se derrumbaba ante el estruendo de las risas,los aplausos y los vítores del publico.Si alguien me estaba mirando,pensaria que era ciega y sorda porque estaba con mi boca abierta,como unica reaccion.Quedé en shock!
    Pero al pasar los años,su grupo acompañante ensyaba aqui en mi barrio por lo que no era extraño coincidir a cada rato con ella.
    Una tarde pase a saludar a una amiga y allí estaba,sentada como una reina en su trono mientras otras personas le rendian pleitesia,pero yo saludé con mucha naturalidad al llegar,no hice exclamacion ni me di por enterada,solo la saludé,¿como está Señora?, y desaté su furia que no se ni que ni cuantas cosas me respondió,nada de alzar la voz,ni groserías,pero me di cuenta que estaba molesta,al parecer ella queria que yo me desmayara al verla.Yo,un poco turbada por su reaccion,,(que al final ni respondio a mi pregunta ),solo entendi algo asi como»la jabá ésta) y me limité a conversar con mi amiga en privado,sentada en su cocina.A la hora de irse,reclamó las flores y mi amiga mando a los muchachones de la casa a recoger un poco de flores silvestres por el barrio,y crees que ella aceto el imrovisado ramo?,jjjjj,nananina!,asi dijo y hubo que ir hasta 60 y 19 aqui en Playa donde en los portales de las casas venden ramos y comprarle un autentico ramo de flores.Así salio,caminando por el medio de la calle ,saludando al estilo de Isabel II y todo un séquito de admiradores detras que segun avanzaba se iban sumando,no se cuantos serian al llegar a su destino pero estoy segura que estaria llegando al millar.Juana es mucha Juana!

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      1. El comentario de «Anonimo» es mío,querido Volfredo.Siempre olvido algo,jjjjj,hoy fue mi nombre pero bueno,leyendo mi comentario anonimo,quien me conozca seguramente dirá como una compañera de mi curso:»Las cosas se parecen a los dueños «asi que cuando diga que soy Gladys Almira,enseguida alguien dirá:¡Lo sabía!!

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