Como primer acto público de su pontificado, el Papa León XIV acudió el pasado sábado a rezar ante la tumba de su antecesor, el Papa Francisco, apenas unas horas después de visitar, de manera sorpresiva, el santuario agustino de la Virgen del Buen Consejo en Genazzano, en las afueras de Roma. Se trató de su primera salida tras ser elegido sumo pontífice luego de dos días de cónclave.

Muy cercano en vida a Francisco, León XIV se dirigió también a la basílica romana de Santa María la Mayor, donde, por deseo expreso, reposa Jorge Mario Bergoglio. Allí oró en silencio, en recogimiento íntimo, ante la tumba del papa que marcó una era.
Ese mismo día, en un encuentro matinal con los cardenales que le eligieron el pasado jueves, León XIV les instó a preservar la “valiosa herencia” de su predecesor, subrayando con particular énfasis dos principios que delinearon el pontificado de Francisco: el cuidado amoroso de los débiles y el diálogo valiente.
Jorge Mario Bergoglio, quien en 2013 asumió el nombre de Francisco, condujo a la Iglesia por senderos menos fastuosos pero más humanos, más próximos al dolor del mundo. Su pontificado se distinguió por una audacia serena, una humildad genuina y un hondo compromiso con las causas sociales y ambientales.
Desdeñó la pompa del Palacio Apostólico para residir en la más modesta Casa Santa Marta; prescindió del boato litúrgico y prefirió la cercanía sin disfraces. Lo mismo tomaba un autobús que abría los brazos a los desposeídos, a los migrantes, a quienes el mundo todavía se empeña en rechazar. Su visión pastoral —más que doctrinal— lo llevó a describir la Iglesia como un “hospital de campaña”, cuyo deber primero no es juzgar, sino sanar.
Promovió reformas administrativas en la Curia Romana, buscando no solo eficiencia, sino transparencia. Fundó el Consejo de Cardenales para su asesoría directa y creó la Secretaría para la Economía, con la intención de cortar las raíces del escándalo financiero. A su vez, alentó un diálogo interreligioso sin precedentes: basta recordar la histórica firma del Documento sobre la Fraternidad Humana, junto al Gran Imán de Al-Azhar, en 2019.
El Papa Francisco abrazó sin reservas la justicia social y la protección del medio ambiente. Su encíclica Laudato Si’, publicada en 2015, constituye una llamada urgente a cuidar nuestra “casa común”. Condenó con firmeza la desigualdad y defendió una economía que priorice la dignidad humana por encima de la especulación.
Su camino no estuvo libre de críticas. Algunos sectores conservadores lo acusaron de una excesiva apertura; otros lamentaron que su respuesta ante los abusos sexuales en el seno eclesial no fuera suficientemente enérgica, a pesar de las medidas adoptadas: la creación de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores y el motu proprio Vos estis lux mundi, promulgado en 2019, entre otras iniciativas.
Su visión sinodal, que apostó por la descentralización de la autoridad vaticana y el fortalecimiento de las iglesias locales, redefinió el modo de gobernar en la Iglesia. Francisco no buscó el centro, sino las periferias —geográficas, existenciales, espirituales—, y desde allí revitalizó una misión evangélica más comprometida, más compasiva, más humana.
Francisco será recordado, sin duda, como un pastor que colocó la misericordia en el corazón del Evangelio, que caminó con los pobres y habló con los poderosos sin miedo ni doblez. Un Papa de los gestos sencillos y las palabras profundas. Un hombre que, desde la cátedra de Pedro, supo mirar el mundo con los ojos de Cristo.
En la hora de la continuidad y la esperanza, toca al recién elegido León XIV sostener con dignidad y coraje esa herencia luminosa. Que sepa custodiar el espíritu del Evangelio sin temor a los lobos ni tentación de esplendores; que recuerde, como su antecesor, que la Iglesia no es un trono de mármol, sino un corazón abierto en medio del dolor del mundo.
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Das Haus Gottes ist in uns. Wir sind nicht die Schafe eines Oberhirten. In der Seele selbst, spricht Gott im Traum zu jedem Menschen, zu jedem seinem Wesen entsprechend.
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Die Beziehung zu Gott ist ein rein persönliches Problem. Aber jemand muss seine Kirche führen, und es ist besser, wenn diese Person die Menschenrechte unterstützt und sich für den Schutz der Armen und Schwächsten einsetzt. Herzliche Umarmung
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Gott ist für mich persönlich kein Problem. Diejenigen die einen Menschen als Gott erkannt haben und fest an ihren Erlöser glauben; jene die davon überzeugt sind, die rechte Hand Gottes für die ganze Menschheit zu sein.
Jeder Verband, will sich einer Spitze unterstellen, das mag vernünftig sein.
Die Seele, in der Gott sein Zelt seit jeher und in Zukunft in jedem Menschen aufschlagen wird, meine Beziehung zu Gott geht da draussen niemand was an.
Die Menschenwürde ist universell, unteilbar und absolut.
Das ist die Ethik, die den Bösen und den Guten, den Armen und den Reichen, den Kindern und den Frauen, ihre Menschenwürde grundsätzlich nicht abspricht.
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💜
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Afectuosos saludos desde Cuba.
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El papa Francisco, humilde y siempre con los más desfavorecidos. Esperemos que el actual continúe por la misma senda. Gracias por compartir, querido amigo. Un abrazo.
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Soy un admirador del Papá Francisco, que supo poner a los pobres y los vulnerables en el centro de la Iglesia, ese es el Evangelio verdadero.
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