Mensaje a los soberbios (1).

La historia es tan reciente que quema en plena pista de hielo. El patinador artístico estadounidense Ilia Malinin en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026 (en Italia). Malinin, apodado el «Quad God» por su dominio de saltos cuádruples (incluyendo el rarísimo cuádruple Axel), llegó como el gran favorito en la competencia individual masculina.

En el programa corto (short program), Malinin entregó una actuación impecable, con una puntuación altísima (alrededor de 108 puntos, muy cerca de su mejor marca mundial de la temporada). Lideraba cómodamente y tenía en sus manos el oro. Muchos lo veían como un puntaje «perfecto» en términos de ejecución técnica y control, especialmente considerando que semanas antes había hecho historia al incluir un backflip (mortal hacia atrás) que había estado prohibido por décadas por su peligrosidad y que ahora se permitía como elemento coreográfico.

«Quad God» es un apodo que Ilia Malinin se puso él mismo (empezó cambiándose el nombre de usuario en Instagram a algo como «quadg0d» alrededor de 2020-2021), y la comunidad del patinaje artístico lo adoptó rápidamente porque describe perfectamente su nivel casi divino en los saltos cuádruples. El osó llamarse a sí mismo, «El Dios de los Cuádruples», un hecho que es a todas luces un acto de soberbia.

Sin embargo, en el programa libre siguiente, ejecutado a menos de 48 horas de su éxito rotundo, (free skate), todo se derrumbó de forma dramática. Malinin cayó dos veces al inicio, cometió varios errores graves, omitió o falló en saltos clave (incluyendo su famoso cuádruple Axel que no intentó en plena forma), y su desempeño fue uno de los peores de su carrera reciente. Terminó en el octavo lugar con un puntaje total de 264.49 (su peor en casi cuatro años), fuera del podio por completo. El oro se lo llevó un patinador kazajo (Shaidorov), en una de las mayores sorpresas del patinaje artístico olímpico reciente.

El público en la arena quedó en silencio atónito, la decepción fue tan grande que muchos fanáticos y comentaristas expresaron frustración, shock y hasta un sentimiento de «traición» a las expectativas. Malinin mismo dijo después que no podía procesar lo ocurrido, que la presión había sido enorme y que no se sentía como él mismo en la pista. Se le vio conteniendo lágrimas.

Reflexión o moraleja no se con certeza como subtitularla: Esta historia nos recuerda que el éxito en el deporte de élite (y en la vida, y en la política) no es lineal ni garantizado, por más talento, preparación y dominio previo que se tenga. Malinin había ganado todo en los últimos años, rompiendo barreras técnicas y acumulando una racha invicta de más de dos años y 14 competencias. Pero la presión olímpica —la más alta del mundo— puede ser un factor devastador: expectativas externas, el peso de ser «el elegido», el miedo a fallar cuando todos esperan perfección… todo eso puede hacer que el cuerpo y la mente fallen en el momento clave.

La moraleja es doble: No hay que idolatrar ni poner en pedestales inalcanzables a las personas (ni a uno mismo). Un «puntaje perfecto» o una racha invicta no protegen contra un mal día ni garantiza un desempeño eterno. La verdadera grandeza se mide en cómo se responde después de la caída. Malinin, a sus 21 años, mostró deportividad al felicitar al ganador y muchos creen que volverá más fuerte.

Nuestra reflexión continuara en la próxima entrada, porque toca a todos los cubanos, los de aquí y los de allende, muy de cerca…

#LoRealMaravilloso, el blog que dice con palabras mágicas, la verdad rubicunda y dolorosa.


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