Necesitamos caballeros andantes: Bienvenido sea el Quijote.

En algún lugar de La Mancha, cuyo nombre no importa recordar, el hidalgo Don Quijote despierta perezoso en plena llanura. La pluma del tiempo se ha detenido, y el mundo moderno, con sus innumerables avances y retrocesos, convoca al caballero andante. Su armadura, oxidada por siglos de olvido, resplandece bajo un sol que parece comprender la gravedad de su misión. Las sombras alargadas de molinos de viento, antaño inofensivos, ahora se perfilan en el horizonte como colosos amenazantes, alimentados por la codicia y la desesperanza humana.

Los molinos de viento ya no son simples máquinas, sino monstruos que simbolizan la devastación ambiental, la injusticia social, y el insaciable apetito del poder que arrasa con todo a su paso. Sancho Panza, siempre fiel, no puede evitar expresar su preocupación: “¡Mire vuestra merced, que aquellos que allí se parecen gigantes no son otra cosa, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, voladas del viento, hacen andar la piedra del molino!” Pero Don Quijote, con su espíritu inquebrantable, responde: “Bien parece… que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración.”

La locura de Don Quijote, ese delirio noble y necesario, encuentra su razón de ser en un mundo que ha perdido el rumbo. Su lanza, aunque frágil y quebradiza, apunta directamente al corazón de las injusticias contemporáneas. Los molinos, con sus aspas giratorias, representan el ciclo interminable de errores humanos que se repiten una y otra vez, sin que nadie se atreva a enfrentarlos. Solo un loco, un soñador como Don Quijote, puede atreverse a luchar contra lo que parece invencible, porque en su locura reside la última esperanza de la salvación humana.

Vista de los molinos de Mota del Cuervo en Cuenca, Castilla-La Mancha © Igor Plotnikov

Sancho, pragmático como siempre, lo sigue con un corazón dividido entre el amor por su señor y la certeza de que esta nueva aventura, como todas las anteriores, terminará en derrota. “No son gigantes, señor; no son gigantes, sino molinos de viento, y serán ellos quienes derriben vuestra lanza, como lo han hecho antes.” Pero Don Quijote no escucha, porque su misión trasciende la realidad tangible; él lucha por algo más grande, por un ideal que, aunque quimérico, es la única defensa que queda contra un mundo que ha hecho oídos sordos a la salvaguarda medioambiental y humana.

Así, cabalga Don Quijote, una vez más, no solo por los caminos polvorientos de Castilla, sino por los intrincados senderos del alma humana. Su batalla contra los molinos de viento es la batalla de todos nosotros contra los gigantes de nuestra propia creación. Su delirio es nuestro despertar, y su derrota, si llega, no será más que la semilla de nuevas victorias, porque, como él mismo dice: “¿Qué cosa más grande se puede desear en esta vida que hacer estas hazañas memorables?”

Don Quijote, eterno caballero de la triste figura, ha regresado para recordarnos que, a veces, es en la lucha contra lo imposible donde se encuentra la verdadera nobleza del ser humano. Y mientras los molinos sigan girando, siempre habrá necesidad de un Quijote que, que lanza en mano y corazón en llamas, se atreva a cabalgar hacia lo desconocido en defensa de los pobres y desposeídos que la humanidad pretende ignorar.

La relación que Don Quijote establece con los molinos de viento es una de las escenas más icónicas de la literatura universal y refleja profundamente el carácter del protagonista, así como los temas centrales de la novela: la lucha entre la realidad y la imaginación, el idealismo y el pragmatismo, y la confrontación entre el pasado caballeresco y el presente prosaico.

Para Don Quijote, los molinos de viento no son simplemente estructuras mecánicas que sirven para moler grano. En su mente transformada por la lectura excesiva de libros de caballería, los molinos se convierten en gigantes, enemigos monstruosos a los que debe derrotar para defender el honor y la justicia. Este acto de transfiguración es clave en la novela, mostrando como Don Quijote ve el mundo no como es, sino como él desearía que fuera: un lugar lleno de aventuras y nobleza.

En el capítulo 8 de la primera parte, Don Quijote avista los molinos de viento y, convencido de que son gigantes, se lanza al ataque a pesar de las advertencias de Sancho Panza, su fiel escudero, quien trata de convencerlo de que no son más que estructuras de piedras. Don Quijote, en su firmeza delirante, responde que Sancho no está versado en aventuras y no puede ver las cosas como realmente son. Al atacar, es derribado rápidamente por una de las aspas del molino, lo que marca su primer gran fracaso en la novela y subraya la futilidad de su lucha contra un enemigo poderoso y en apariencia, inexistente.

Vista actual del municipio y de los molinos de Consuegra en Toledo, Castilla-La Mancha.

Esta escena se convierte en una poderosa metáfora de la lucha idealista de Don Quijote, una lucha que, aunque destinada al fracaso desde un punto de vista racional, es noble en su intención y heroica en su ejecución. El encuentro con los molinos también refleja el conflicto interior de Don Quijote: la tensión entre su deseo de revivir los ideales caballerescos y la cruda realidad de un mundo que ha cambiado. Enfrentarse a los molinos, por lo tanto, no es solo un acto de locura, sino un acto de resistencia contra la pérdida de valores y la banalidad del mundo moderno.

La respuesta de Sancho Panza es clave para entender la dinámica entre los dos personajes y la relación de Don Quijote con los molinos. Sancho, representando el sentido común y la realidad, intenta infructuosamente llevar a su amo de regreso al terreno de lo racional. Sin embargo, la persistencia de Don Quijote en su visión distorsionada del mundo demuestra la profundidad de su locura y su compromiso con sus ideales.

Finalmente, la derrota ante los molinos no desanima a Don Quijote, sino que lo reafirma en su misión. Aunque herido y derrotado físicamente, su espíritu permanece indomable. Esta relación con los molinos, que podrían verse como las primeras pruebas en su camino, se convierte en un símbolo de la resiliencia y la obstinación del caballero andante en su búsqueda de un ideal más elevado, aunque ilusorio.


El necesario retorno de un hidalgo caballero.

Hoy es más que necesario que el Quijote retome sus andanzas y como gentil caballero defensor de la justicia, salga a cabalgar por todas las geografías maltratadas del Planeta.

La necesidad de que Don Quijote retome sus andanzas en el contexto actual surge de la profunda crisis de valores que afecta a la humanidad. En un mundo cada vez más complejo y plagado de injusticias, desigualdades y desafíos globales, la figura del Quijote se erige como un símbolo imprescindible de idealismo, coraje y nobleza. Su regreso no es un simple capricho literario, sino una urgencia moral y espiritual ante los molinos de viento modernos que amenazan con deshumanizar y destruir lo que queda de la esencia misma del hombre.

Hoy en día, el mundo enfrenta innumerables injusticias: la creciente brecha entre ricos y pobres, la devastación ambiental, las guerras sin fin, el odio racial y la discriminación de género. En este contexto, la figura de Don Quijote como defensor de los oprimidos y de la justicia cobra una relevancia renovada. Su lucha contra las injusticias, aunque a menudo infructuosa, es un recordatorio de que la batalla por un mundo más justo y equitativo no debe abandonarse, incluso cuando parece y muchos aceptan que todo está perdido. En un mundo donde la indiferencia y el cinismo a menudo prevalecen, su ejemplo nos recuerda la importancia de no claudicar en la lucha por lo que es correcto, por más difícil que sea el camino.

En el presente, donde la lógica del mercado y el pragmatismo dominan gran parte de las decisiones que afectan a millones de vidas, la locura de Don Quijote se transforma en una forma de lucidez. Su capacidad de ver más allá de lo evidente y de transformar molinos de viento en gigantes nos invita a cuestionar las verdades absolutas que rigen nuestras sociedades. Más allá de las leyes impuestas por el pragmatismo cotidiano, se hace necesario una buena dosis de idealismo, de esa “locura” que nos impulsa a soñar con un mundo mejor y a actuar en consecuencia. Su lucha contra los molinos de viento es, en realidad, una lucha contra la conformidad, contra la aceptación pasiva de un mundo que necesita urgentemente ser transformado.

El entorno del Quijote, no se limitaría hoy a las llanuras de La Mancha, sino que cabalgaría por todas las geografías del mundo donde la humanidad sufre. Desde las zonas devastadas por la guerra en Ucrania y Gaza, hasta las tierras afectadas por el cambio climático en Etiopía y Kenia. Desde las naciones marcadas por la pobreza extrema como Haití y Somalia; hasta los estados donde la libertad es una ilusión.

La necesidad del regreso de Don Quijote radica en el poder transformador de su idealismo. En un mundo donde la desesperanza y el nihilismo amenazan con adueñarse la ideología humana, la figura de un caballero que lucha por la justicia, el amor y la dignidad es hoy un paradigma. La humanidad no puede permitirse dejar de soñar y luchar por un mundo mejor. Como dijo Sancho en un momento de sabiduría, “No importa cuán pequeños sean los pasos que des, lo importante es no detenerse nunca”.

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7 respuestas a “Necesitamos caballeros andantes: Bienvenido sea el Quijote.

  1. Good topic, Volfredo.
    In our art, there is currently a deficit of a hero. Such a «real» hero, not fictional, one who actually lives among us, and who we would want to imitate. The «hero» of our time should be both of ideas and of flesh and blood; everything should be mixed in him, like in the first man, but he should be read as a «positive» hero, like Don Quixote or like Prince Myshkin in Dostoevsky’s «The Idiot». It seems that he is not of this world, but with his actions and deeds he makes the world a better place every second.
    Such a hero will appear soon, and we will immediately recognize him, understand his timeless essence, and at the same time recognize him in our contemporaries.
    Have a nice day, Volfredo!

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    1. Какая приятная мысль! Дай Бог, чтобы это было так и чтобы у человечества был универсальный, объединяющий, положительный и дружелюбный герой. К сожалению, дорогая Ольга, сегодняшние герои частичны и исключительны, и они агрессивно несут копье изо всех сил. Как сказал Дон Кихот Санчо: «Наступили трудные времена и благородным странствующим рыцарям уже нет места». С уважением и добрым днём, дорогая Ольга.

      What a nice idea! May God grant that this be the case and that humanity may have a universal, unifying, positive and friendly hero. Unfortunately, dear Olga, today’s heroes are partial and exclusive, and they aggressively carry the lance with all its power. As Don Quixote said to Sancho: «These are difficult times and there is no longer room for noble knights errant.» Kind regards and happy day, dear Olga.

      Que agradable idea, quiera Dios que así sea y la humanidad tenga un héroe universal, aglutinador, positivo y amistoso. Desafortunadamente querida Olga, los héroes de hoy son parciales y excluyente, y portan con agresividad la lanza con todo su poder. Como dijo el Quijote a Sancho: “Son tiempos difíciles y ya no hay espacio para los hidalgos caballeros andantes”. Cordiales saludos y feliz día querida Olga.

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