En la retórica, una paradoja es una figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que implican contradicciones intrínsecas, como decir y luego hacer todo lo contrario a lo que se ha dicho. Las paradojas son estímulo para la reflexión y menudo los filósofos se sirven de ellas para revelar la complejidad de la realidad.
La versión más antigua de las paradojas se conoce como: “Paradoja del mentiroso”, la cual se atribuye a Eubulides de Mileto, filósofo griego que vivió en el siglo IV a. C.; el cual solía preguntarse: «Si un hombre afirma que está mintiendo. ¿Lo que dice es verdadero o falso?».
En la tranquila soledad de una calle cualquiera, donde el bullicio de la vida diaria parece haber cesado, una escena peculiar capta la atención: el contorno blanco de un árbol, cuidadosamente trazado en el pavimento, resalta contra el gris del asfalto. No es un dibujo ordinario, sino la representación de una ausencia, de un árbol que ya no está. El tronco cortado, reducido a un muñón inerte, es el único vestigio tangible de lo que alguna vez fue un ser vivo que ofrecía sombra y oxígeno. Esta imagen, que recuerda las escenas de crímenes donde se contornean los cuerpos de las víctimas, es un poderoso símbolo de una paradoja más profunda y preocupante.

Muchos países declaran con orgullo su compromiso con la protección del medio ambiente. Se firman tratados internacionales, se promueven políticas de conservación y se hacen promesas para preservar la biodiversidad. Sin embargo, en la práctica, estas declaraciones se ven socavadas con frecuencia, por decisiones que parecen contradecirlas. La empresa eléctrica, en su misión de garantizar un suministro de energía eficiente y sin interrupciones, talan árboles por doquier, justificando sus acciones como necesarias para el bienestar general. Pero, ¿qué dice esto sobre nuestra verdadera relación con la naturaleza?
La contradicción es clara: por un lado, se promueve la idea de un país que protege su entorno natural; por otro, se permite la destrucción de ese mismo entorno en nombre del progreso. Esta dualidad es similar a la paradoja del mentiroso, donde una afirmación se anula a sí misma.
Al proclamar el amor y respeto por la naturaleza, y permitir que simultáneamente se dañe de manera ostensible; los decisores se encuentran atrapado en una red de contradicciones que una vez más socavan su credibilidad.


El contorno del árbol en el pavimento es un recordatorio silencioso de estas contradicciones. Es la sombra de una realidad que ya no existe, de una promesa que no se cumple. La intención puede ser, proteger el bienestar general, muestra que la acción muestra una desconexión entre lo que se dice y lo que se hace.
Tal vez, al igual que con el árbol caído, lo que necesitamos es un replanteamiento de nuestras prioridades, una reevaluación de lo que realmente significa proteger la naturaleza. De entender los hechos en ese sentido, podemos interpretar que Dios intenta aconsejar sin éxito a oídos sordos.
Un árbol talado de forma innecesaria, no es solo un tronco cortado; es un símbolo de la vida que hemos decidido sacrificar en nombre de extrañas retóricas que nada justifican. Las sombras de estos árboles talados pueden desvanecerse con el tiempo, las consecuencias de nuestras acciones permanecerán, recordándonos la importancia de la coherencia entre discurso y praxis, si se quiere alcanzar el éxito.
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Muy interesante 👌
Gracias 🙏
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Un valioso intercambio. Gracias 🌸🐠
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Sad looking trees.
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Yes Mary, very sad.
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