Tras los pasos del Quijote

Dice Cervantes de Don Alonso Quijano que era «un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor»; caracterización que bien podría entenderse en el español contemporáneo como “Un caballero de esos que guardan su lanza en el rincón, con un viejo escudo, un caballo flaco y un galgo veloz”.

En la frase original de Don Quijote de la Mancha, el “galgo corredor” se refiere a un perro de caza ágil y rápido, comúnmente usado en esa época para cazar liebres y otras presas menores. Simbólicamente, este detalle describe la imagen de un hidalgo (un noble de baja categoría) que, a pesar de su pobreza, mantiene la apariencia de nobleza. El galgo, aunque flaco y posiblemente mal alimentado como el rocín (caballo), representa el orgullo y las costumbres tradicionales del hidalgo, que sigue aferrado a su estilo de vida antiguo y caballeresco, a pesar de sus limitados recursos.

En el sentido figurado de la frase, “galgo veloz” evoca la imagen de un hombre que aún conserva algunas posesiones que reflejan su antiguo estatus noble, aunque la realidad económica haya mermado su calidad de vida. Este hecho debe tenerse en cuenta, porque personajes de hidalga y ancestral nobleza, devenidos a menos y sumidos en la pobreza, pululan y transitan por doquier, en las anchas avenidas de las grandes capitales de hoy.

“Don Quijote de la Mancha”, novela escrita por el español Miguel de Cervantes Saavedra. Publicada en 1605, es la obra más destacada de la literatura española y una de las principales de la literatura universal.

Don Alonso Quijano, conocido como Don Quijote de la Mancha, es un personaje de ficción creado por el escritor español Miguel de Cervantes en su novela. No existió como persona real. El personaje de Don Quijote es un hidalgo que, obsesionado con las historias de caballería, decide convertirse en un caballero andante para revivir las aventuras de sus héroes literarios.

Aunque no existió como una persona histórica, Don Quijote ha sido interpretado como un símbolo de la lucha entre la realidad y los ideales, reflejando las tensiones y contradicciones del mundo en el que vivía Cervantes.


El siglo XXI, con su agitación y turbulencia característica, podría ser el terreno fértil para el renacimiento de una obra similar a “Don Quijote”. Hoy, como en la época de Cervantes, el mundo está repleto de desilusiones, contradicciones y luchas entre los nobles ideales y la realidad circundante.

En un contexto donde la tecnología ha transformado nuestra vida, un nuevo “Quijote” podría surgir como un héroe moderno que lucha contra los molinos de viento del consumo, la desinformación y la pérdida de valores. Tal obra, con un lenguaje accesible y una narrativa profunda, podría resonar fuertemente en una sociedad que busca el significado de la vida en medio del caos. Como Cervantes capturó la transición de la España medieval al Renacimiento, una obra contemporánea podría captar la lucha actual entre lo digital y lo humano, lo virtual y lo real.

Sin embargo, el éxito de “Don Quijote” se debe a su capacidad única de capturar el espíritu de su tiempo con una sutileza y universalidad difícil de replicar. El siglo XXI, tan fragmentado y acelerado, podría no ser capaz de sostener una narrativa que combine lo cómico y lo trágico de manera tan magistral. En un mundo saturado de información y entretenimiento, la atención del lector es un recurso escaso, y la profundidad simbólica y filosófica de una obra como la de Cervantes podría perderse en el ruido.

La riqueza de “Don Quijote” reside en su contexto cultural específico, uno que ya no existe. Repetir ese gran éxito en un entorno tan diferente es un desafío monumental, pues la obra original no solo es un producto de su tiempo, sino también de la genialidad de un escritor inigualable: Miguel de Cervantes Saavedra.

Cervantes creó a Don Quijote como una crítica satírica a las novelas de caballería que estaban de moda en su época, pero el personaje ha trascendido su propósito original para convertirse en un arquetipo literario universal.

En su adaptación del lenguaje del Siglo de Oro al español de hoy, en 2015, Andrés Trapiello tradujo esa «lanza en astillero» como «lanza ya olvidada». Sin embargo, en la edición de Destino presentada este año 2024, donde Andrés Trapiello confronta página con página la versión original del Quijote de Cervantes con su adaptación para los lectores de hoy, poco acostumbrados a las expresiones cervantinas, figura la expresión «lanza en ristre».

¿Qué ha pasado para que, con tan pocos años de diferencia, Trapiello haya cambiado radicalmente la traducción del término “Lanza” hasta darle un significado totalmente opuesto?: de ser una lanza abandonada, la del hidalgo don Alonso Quijano, ha pasado a ser una lanza en ristre, es decir, lista para ser blandida.

Enarbolar con firmeza en nuestros años la «lanza en astillero» o «lanza ya olvidada en un rincón»; y «blandirla en ristre»; lista para la carga, es una decisión que dejo al raciocinio e interpretación de cada cual.


En la segunda parte del libro, en el capítulo LXXIV, cuando está a punto de morir; Don Quijote reconoce que los tiempos de los caballeros andantes han pasado: “Yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui Don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Póseme en la sepultura con algún dinero, y cuando vuelva al polvo, cese la fama y el nombre de Don Quijote de la Mancha”.

Este pasaje refleja el momento en que Don Quijote, recuperado de su locura, acepta que los tiempos de la caballería han quedado atrás y que la realidad ha vencido a sus ilusiones caballerescas.

Los tiempos de la caballería han quedado atrás.

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