Conversando con mi inconsciente.

¿Cuál es la palabra, o la combinación de palabra, que mejor define el estado de frustración reiterado y permanente; sin atisbo de solución o bienestar en “el horizonte de los sucesos”?

El horizonte de sucesos es una superficie imaginaria de forma esférica que rodea a un agujero negro. Por ello, ninguna cosa dentro de él, incluyendo los fotones, puede escapar debido a la atracción de un campo gravitatorio extremadamente intenso.

– Si, el término expresa lo que busco, mi subconsciente ha quedado atrapado por la gravedad en un agujero negro del que nadie puede escapar, sin atisbo de solución en el horizonte de las ideas.

En ocasiones, como sucede justo ahora, pienso que, a Albert Einstein, de vivir en nuestros días, hubiese gustado de la literatura mágica y me aceptaría con gusto en el estrecho círculo de sus privilegiados amigos.

La idea del consultorio del psiquiatra se alimenta en gran medida de la imagen construida en la cultura popular, con filmes como «Annie Hall».

Ahora toca, para seguir avanzando a través del entramado laberinto intrapsíquico que conduce al inconsciente, encontrar la palabra justa que defina la “desesperanza”. También podrías usar una combinación de palabras como “frustración crónica” o “desesperación persistente”. Estas expresiones capturan la idea de una frustración continua y la falta de esperanza o solución futura, más allá del horizonte de sucesos.

 “Desesperanza” es una palabra que refleja la ausencia de ilusión, mientras que “frustración crónica” y “desesperación persistente” combinan términos que describen un infortunio prolongado y sin alivio; estas combinaciones de palabras resultan comprensibles y usadas comúnmente en el idioma español. Esto asegura que el mensaje sea claro y fácil de entender.

“Velas”. Pintura barroca de pintor desconocido. Género: bodegón criollo. Propiedad del museo de Arte Moderno de Macondo de Ávila.

Considere además que la carga emocional de las palabras. “Desesperanza” y “desesperación persistente” poseen una connotación fuerte que transmite la gravedad del estado emocional del individuo que padece.

Los estudiosos afirman que el inconsciente freudiano, el flujo de las ideas del Ulises de James Joyce y el realismo mágico de Volfredo, son formas del pensamiento que guardan estrecha relación entre sí. Este razonamiento me autoriza, a manera de licencia literaria, a escribir un poema barroco en pleno siglo XXI. Hago la salvedad, útil a la pesquisa, que el barroco llega a nuestra actual escritura, por el mérito de su claro oscuro, la luz angular y el tenebrismo (violento contraste entre luces y sombras forzado por una fuente de luz artificial o linterna), características aceptadas hoy como acepciones lingüísticas de los apagones eternos.

En la noche oscura, sin luz ni farol,
Busco mi linterna, ¡oh, qué gran rol!
La nevera en silencio, el microondas callado,
Y yo en la penumbra, medio desquiciado.

El televisor, un cuadro sin vida,
El router sin wifi, ¡qué gran recaída!
La vela titila, cuál estrella en el cielo,
Y yo me pregunto, ¿dónde está mi consuelo?

El vecino grita, “¡Otra vez sin corriente!”,
Y yo me río, ¡qué situación tan corriente!
El gato se esconde, el perro se asusta,
Y yo en la sombra, con cara de augusto.

Oh, apagón eterno, mi fiel compañero,
En esta comedia, tú eres el primero.
Entre risas y sombras, la vida se pasa,
Esperando la luz, a plena guasa.

¡Bello poema!, ya imagino las expresiones de sana alegría de José Arcadio Buendía, patriarca y creador de Macondo; y el gitano Melquiades cuando lo lean, porque después de tantas desdichas, a mi inconsciente le ha tocado vivir “Cien años de soledad” y hoy, fusionado, forma parte de la trascendental novela.

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