Con la soga al cuello.

El ahorcado es un juego de lápiz y papel para dos o más jugadores. 

Un jugador piensa, una palabra, frase u oración, y el otro jugador trata de adivinarla sugiriendo letras. Si la letra sugerida no está en la palabra, se agrega un elemento a la figura del hombre ahorcado esbozado en trazos, también conocido como “hombre de palo”, que comienza a configurar su figura.

El juego termina, el jugador adivinador completa la palabra, o adivina la palabra completa correctamente, o el jugador que hace de contrincante completa el diagrama diseñado para parecerse a un hombre ahorcado.

El ahorcado es un juego de lápiz y papel vinculado a la realidad.

De forma curiosa y luego de jugar al ahorcado durante toda la noche, sin poder conciliar el sueño, despierto ávido de escribir teatro y así redacto mi primer testimonio a los pies de la horca, utilizando para ello, los recursos y licencias literarias del Teatro Griego clásico.


Título: “El Teatro de los sueños ahorcados”.

### Primer Acto.

*(En una polvorienta plaza de Macondo, se levanta el bullicio habitual de los habitantes. Un viento mágico sopla, cargado de aromas antiguos y misteriosos. De repente, una extraña caravana aparece en el horizonte, reluciendo bajo el sol como un espejismo. La música de un instrumento desconocido acompaña la llegada del gitano Melquiades, un hombre de mirada profunda y vestimenta colorida, quien baja de su carromato con la elegancia de un mago.)*

– Melquiades (con voz profunda y resonante): ¡Pueblo de Macondo! Hoy, el viento me ha traído hasta vosotros con noticias de mundos lejanos y maravillas nunca vistas. He recorrido tierras donde el tiempo danza en espirales y los sueños se tejen como tapices de luz. ¡Escuchad mi propuesta!

*(Los habitantes, fascinados por su presencia, se acercan curiosos. Se oyen murmullos y suspiros de asombro. Entre ellos, niños y ancianos avanzan con los ojos brillantes de expectación.)*

                – Melquiades: En tierras lejanas, bajo cielos donde los dioses juegan con las estrellas, existe una tradición tan antigua como el mismo universo: el Teatro Griego. En esos escenarios, donde el mármol canta y la historia toma forma, los hombres y mujeres dan vida a lo imposible.

*(Alza una mano y, de su carromato, comienzan a surgir objetos increíbles: máscaras de todos los colores y formas, cada una brillando con su propia luz. Las máscaras flotan alrededor de Melquiades, creando un caleidoscopio de rostros.)*

Máscaras tragicómicas, encontradas en un mosaico de la villa de Adriano (fechadas en 138 d.C.)

-Melquiades: Estas máscaras, cada una con su historia y su secreto, serán nuestras aliadas. Así como lo hicieron los griegos, las usaremos para ocultar los sonrojos de las mentiras y embustes que a veces se escapan en los paramentos de la vida. Porque en el teatro, queridos míos, el engaño es tan real como la verdad.

*(Una figura en la multitud, un viejo sabio, se adelanta. Sus ojos son tan profundos como un pozo de recuerdos.)*

                – Sabio Anciano: Melquiades, tus palabras son como un río de luna en la noche. Dinos, ¿cómo construir ese teatro que promete encerrar el mundo en su escenario?

                – Melquiades (con una sonrisa enigmática): Construiremos este teatro con las historias de nuestros corazones y con la magia de la tierra misma. No necesitaremos piedras ni madera; solo la voluntad de creer y soñar.

Ruinas del teatro de Epidauro, península griega del Peloponeso.

*(El viento susurra alrededor, como si respondiera al conjuro de Melquiades. Los habitantes sienten la emoción vibrar en el aire, como una promesa que empieza a tomar forma.)*

                – Melquiades: Juntos, levantaremos este lugar de sueños. Y será un refugio para nuestras alegrías y penas, un espacio donde lo invisible se hace visible y lo imposible se vuelve posible.

*(La escena se desvanece lentamente, dejando a Melquiades en el centro de un torbellino de máscaras que revolotean como mariposas al amanecer.)*


### Segundo Acto

*(El telón se abre, revelando el escenario del teatro recién construido, donde las máscaras flotan en el aire, llenas de energía y vida. La escena está animada por luces que cambian de color, reflejando el ánimo de la audiencia y los actores. Los habitantes de Macondo, con las máscaras ya puestas, ensayan sus papeles con entusiasmo y temor. El aire está cargado de expectativas y un susurro ominoso que corre entre bastidores.)*

                – Narrador (en voz baja): En el teatro de Macondo, donde las sombras hablan y el aire respira con magia, una historia se teje con hilos de incertidumbre. Los actores, convertidos en figuras de fábula, están a punto de desatar un temor enterrado.

*(Un fundador de Macondo, **José Arcadio Buendía**, emerge en el centro del escenario. Su máscara, de un azul profundo, refleja una inquietud que sus palabras no pueden ocultar. Sostiene un pergamino en sus manos, temblorosas como hojas en la tormenta.)*

                – José Arcadio Buendía (con voz temblorosa pero firme): ¡Pueblo de Macondo! En el eco de nuestras risas y llantos, un murmullo se alza, una verdad oculta bajo el manto del silencio. ¡Una guerra, una guerra civil nos acecha, devorando las tierras de las repúblicas bananeras situadas al este de Macondo!

*(Un escalofrío recorre a la audiencia, y las máscaras comienzan a cambiar de color, reflejando el miedo y la confusión que se extiende entre los espectadores. Los murmullos se convierten en un clamor de voces ansiosas.)*

                – Habitante 1: ¿Una guerra? Pero, ¿cómo es posible? ¡Aquí, en Macondo, siempre hemos vivido en paz!

                – **Habitante 2: ¿Qué haremos si la guerra nos alcanza? ¡Nuestros sueños se convertirán en polvo!

*(José Arcadio Buendía, con la voz firme, levanta una mano para calmar a la multitud.)*

                – José Arcadio Buendía: No temáis, queridos amigos. Esta historia no es un augurio inevitable, sino un reflejo de nuestros miedos y esperanzas. La guerra es una sombra que podemos disipar con la luz de nuestras voluntades.

*(Desde un rincón del teatro, **Melquiades** aparece, su figura rodeada por un resplandor cálido y tranquilizador. Se adelanta con una sonrisa sabia.)*

                – Melquiades: Macondo es tierra de sueños, y nuestros sueños tienen el poder de moldear la realidad. Si nos unimos, podemos escribir un final distinto, un final donde la paz reina y el amor florece.

*(Las máscaras de la audiencia comienzan a relucir con un brillo dorado, simbolizando la unidad y la esperanza. El escenario, iluminado por esa luz colectiva, se transforma en un espacio de posibilidad infinita.)*

                – José Arcadio Buendía: La historia que compartimos en este teatro no está escrita en piedra. Cada uno de nosotros tiene el poder de cambiar su curso, de convertir el miedo en valor y la guerra en paz.

*(El acto concluye con un susurro de esperanza que se eleva como un canto de aves al amanecer, llenando el aire de Macondo con la promesa de un futuro mejor.)*


### Tercer Acto

*(El escenario del teatro está envuelto en una atmósfera de incertidumbre. Las máscaras de los actores y del público brillan con un resplandor tenue, reflejando la gravedad del momento. En el centro, una estructura de madera ha sido erigida: el símbolo del “juego del ahorcado”. Los habitantes de Macondo miran con inquietud a Melquiades, quien está parado junto a la estructura, su rostro envuelto en sombras.)*

                – Melquiades (con voz solemne): Queridos amigos, hemos recorrido un largo camino en este teatro de sueños, buscando respuestas a las preguntas que nos agobian. El Teatro Griego nos ha ofrecido sus historias, pero los dilemas de nuestro mundo actual parecen resistirse a sus soluciones antiguas.

*(Un suspiro colectivo emana del público, como el murmullo de un río distante. José Arcadio, el venerable patrono fundador de Macondo, avanza desde las sombras hacia el centro del escenario, su máscara destellando con la dignidad del linaje que representa.)*

                – José Arcadio: Melquiades, hemos puesto nuestra fe en este lugar de sueños, pero los problemas del mundo persisten como fantasmas en la niebla. ¿Qué nos queda ahora?

                – Melquiades (con determinación): Tal vez la respuesta se encuentre en un acto de azar, en el “juego del ahorcado”, donde la suerte decidirá nuestro destino y nos revelará el camino.

*(Los habitantes, con el corazón en vilo, observan cómo Melquiades saca de su carromato una pequeña bolsa de cuero. De ella, extrae una serie de letras, cada una con un destino escondido. Las cuelga en el juego, formando palabras misteriosas.)*

                – Melquiades: José Arcadio, como fundador de esta tierra mágica, debes ser nuestro jugador. Pero recordad, no es la horca lo que buscamos, sino la verdad que subyace en cada palabra.

*(El juego avanza lentamente, cada letra adivinada trae consigo la tensión de la verdad que se aproxima. Al final, José Arcadio, con un gesto de aceptación, se queda sin más opciones. La palabra se completa: “Destino”.)*

– Narrador: En el juego de la vida, el destino es la última palabra, el último misterio que el tiempo revela.

*(Una emoción profunda recorre la audiencia, como una ola que se lleva todo en su camino. Las lágrimas comienzan a fluir de los ojos de los asistentes, una catarsis que libera sus almas. José Arcadio, con la cabeza en alto, acepta su destino con la dignidad de un héroe trágico.)*

                – José Arcadio (con voz firme): Si mi destino es el sacrificio, que sea para el bien de Macondo. Que mi historia sirva como advertencia y esperanza para las generaciones futuras.

*(Las luces del teatro comienzan a atenuarse, y una melodía suave llena el aire, como una despedida tierna y amorosa. Las máscaras, ahora solo sombras de lo que fueron, se deslizan al suelo, revelando los rostros llorosos de los habitantes de Macondo.)*

                – **Melquiades (con una voz que es un susurro en el viento): Que la catarsis griega y sus parábolas ancestrales, nos purifique y nos guíe hacia un nuevo amanecer, donde los sueños se entrelacen con la realidad.

*(El telón cae lentamente, marcando el final de la obra. El sonido de los sollozos se desvanece, dejando tras de sí un silencio lleno de promesas y redención.)*

Con este tercer acto, la obra culmina en una catarsis que transforma el dolor en un camino hacia la esperanza y el autodescubrimiento colectivo, algo que los Griegos no alcanzaron a soñar y en Macondo se ha hecho realidad.  


*(Mientras el telón cae y la audiencia se sumerge en el silencio contemplativo, una voz en off resuena suavemente, como el eco de tiempos antiguos.)*

– Voz en off: En el vasto escenario del tiempo, el Teatro Griego se alza como un faro de sabiduría ancestral. Sus historias, talladas en piedra y alma, son espejos donde el ser humano se encuentra consigo mismo, desnudando las pasiones y los miedos que laten en su interior.

                 – En un mundo donde las sombras de la incertidumbre se alargan, el Teatro Griego nos ofrece un refugio de introspección y catarsis. Sus tragedias y comedias nos recuerdan que, aunque cambien los actores, el drama de la vida permanece inalterable, hilado con iguales madejas de amor, ambición y odios.

                – A través de las máscaras, las voces de los antiguos cobran vida, hablándonos de la condición humana, de la lucha entre lo que somos y lo que anhelamos ser. En cada acto, se revela la esencia de nuestros dilemas, y, en cada caída del telón, una promesa de comprensión y redención flota en el aire.

Así, el Teatro Griego sigue siendo un puente entre lo eterno y lo efímero, una guía que ilumina el camino en la búsqueda de soluciones a los problemas del mundo actual. Porque, en su esencia, el teatro es un acto de esperanza, un recordatorio de que, al enfrentar nuestras tragedias cotidianas con coraje y humanidad, podemos escribir un final que celebre la vida en todas sus complejidades y abra a Macondo hacia el futuro de prosperidad y bienestar que todos anhelamos y no alcanzamos a divisar.

*(La voz se desvanece lentamente, dejando en el aire una sensación de reflexión y paz.)*

Leer más en:

Macondo de Ávila, más conocida por Ciego.

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