Macondo de Ávila, más conocida por Ciego.

Queridos lectores, estoy escribiendo una obra de teatro que tiene por escenario la imaginaria ciudad de Macondo, y acabo de despertar de mis Cien años de soledad, (en realidad son 70); bajo el efecto de una terrible pesadilla. Trataré de explicarme…

Comienza la obra con una descripción idílica de Macondo, con la intención de contextualizar a los espectadores que no hayan leído la novela o no entienda de realismo mágico y otras artimañas.

Entrada:

En el corazón de una tierra donde la realidad se besa con la fantasía, yace Macondo, un pueblo bendecido y a la vez maldito por el soplo del realismo mágico. Sus calles, polvorientas y serpenteantes, como venas abiertas en la piel de la tierra, susurran historias de tiempos idos y augurios, de futuros inciertos.

Casas de adobe y techos de paja, como nidos gigantes de alguna ave prehistórica, se abrazan entre sí, formando un laberinto acogedor donde la vida transcurre a un ritmo pausado, dictado por el canto de los gallos y el rumor del río Magdalena, que cruza el pueblo como una cinta plateada.

Ciego de Ávila. Escena de la vida cotidiana a un costado del parque Martí, tertulia matutina obligada de añejos pobladores.

En las plazas polvorientas, bajo la sombra de ceibas centenarias, los viejos del pueblo se reúnen en el parque Martí, para contar historias de tiempos pasados, cuando Macondo era una aldea próspera y llena de vida. Sus palabras, teñidas de nostalgia y magia, tejen tapices de recuerdos que cobran vida ante los ojos de los más jóvenes, transportándolos a una época dorada que parece perdida en la bruma del tiempo.

(De fondo, se escucha a Feliciano cantando «Pueblo mío que estás en la colina, Tendido como un viejo que se muere…»).


Desde el punto de vista de la historiografía mágica y otras ciencias contorsionistas afines, Macondo, la aldea ficticia inmortalizada por Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad, y Ciego de Ávila, la pequeña ciudad donde mi querida y recordada madre me trajo al mundo, a simple vista parecen mundos separados. Sin embargo, bajo un análisis más profundo, se revelan sorprendentes analogías que unen a estos dos lugares, tan distintos en su origen y época.

Ciego de Ávila es una ciudad y municipio del centro de Cuba, cuya población en 2012 ascendía 146 832 habitantes.

Tanto Macondo como Ciego de Ávila parecen estar atrapadas en ciclos repetitivos que impiden su progreso. En Macondo, la historia se repite generación tras generación, con los Buendía condenados a la soledad y la desgracia. En Ciego de Ávila, la rutina diaria se desarrolla sin grandes cambios, con una economía que bosteza sin perspectivas.

Si bien Macondo se caracteriza por su realismo mágico, donde lo inexplicable y lo sobrenatural forman parte de la vida cotidiana, Ciego de Ávila también posee su propia dosis de encanto y misticismo. Las historias y leyendas que se cuentan entre los lugareños, la música tradicional y las expresiones culturales únicas de la región le dan a la ciudad un aire de misterio y encanto que la hacen especial.

Macondo es una creación ficticia, nacida de la imaginación de Gabriel García Márquez, mientras que Ciego de Ávila es una ciudad real con una rica historia y cultura propia. A pesar de las dificultades y la repetición, Macondo aún conserva un aire de esperanza y optimismo. Los personajes de la novela luchan por romper el ciclo de la soledad y la desgracia, y siempre existe la posibilidad de un futuro mejor. En Ciego de Ávila, la esperanza puede ser más tenue, aletargada y agónica. Ello nos invita a reflexionar sobre la condición humana, la repetición de patrones y la búsqueda de la esperanza en medio de la adversidad.

Fundada en 1840, Ciego de Ávila  está situada en la parte central de la isla de Cuba.

Si bien la magia de Macondo reside en su capacidad de transportarnos a un mundo de fantasía, Ciego de Ávila nos recuerda que la realidad, incluso en sus momentos más difíciles, puede tener su propia dosis de encanto y misticismo. Ambos nos enseñan que, incluso en los rincones más apartados y olvidados del mundo, existe la posibilidad de encontrar belleza, significado y fuerza para seguir luchando por un futuro mejor.


Ya contextualizados, estamos en condiciones de asistir al primer acto: Sube el telón.

Escena: El despacho de José Arcadio Buendía en Macondo.

Personajes:

– José Arcadio Buendía: El patriarca de la familia Buendía, fundador de Macondo. Un hombre visionario, pero a menudo impulsivo y obstinado.

– Melquíades: Un gitano errante que llega a Macondo con inventos e ideas extravagantes.

– Un mensajero: Un hombre que llega a Macondo con un mensaje inesperado.

(José Arcadio Buendía está sentado en su escritorio, revisando un mapa de Macondo. Melquíades entra en la habitación.)

– Melquíades: Buenos días, Don José Arcadio. He traído noticias de un lugar lejano, una ciudad llamada Ciego de Ávila.

– José Arcadio Buendía: (Alzando la vista del mapa) ¿Ciego de Ávila? ¿Dónde está eso?

– Melquíades: (Señalando un punto en el mapa) Al otro lado del mar, en una isla llamada Cuba. Se dice que es una ciudad que comparte muchas similitudes con Macondo.

– José Arcadio Buendía: (Intrigado) ¿Similitudes? ¿Qué tipo de similitudes?

– Melquíades: (Sonriendo enigmáticamente) Dicen que es una ciudad que también ha sido olvidada por el tiempo, que languidece en una especie de letargo, como si estuviera atrapada en un ciclo eterno de repetición y que sus habitantes también han padecido la enfermedad del sueño.

– José Arcadio Buendía: (Frunciendo el ceño) Me suena familiar. ¿Qué más sabes de este Ciego de Ávila?

– Melquíades: Dicen que sus habitantes son personas soñadoras, con aspiraciones que nunca se cumplen, atrapados en una rutina monótona y sin esperanza.

– José Arcadio Buendía: (Se levanta de su escritorio y comienza a caminar por la habitación) ¡Eso es inaceptable! No podemos permitir que esto suceda en Macondo. ¡Debemos hacer algo!

– Melquíades: (Asintiendo con la cabeza) Estoy de acuerdo, Don José Arcadio. Debemos hermanar nuestras ciudades, unir nuestras fuerzas y luchar contra la decadencia que nos amenaza.

– José Arcadio Buendía: ¡Excelente idea! Enviaremos un mensaje a Ciego de Ávila, proponiéndoles una alianza. ¡Juntos, construiremos un futuro mejor para nuestras ciudades!

(En ese momento, un mensajero entra en la habitación.)

– Mensajero: ¡Señor Buendía! ¡He traído un mensaje de Ciego de Ávila!

– José Arcadio Buendía: (Sorprendido) ¿Un mensaje? ¡Dámelo rápido!

(El mensajero le entrega un pergamino a José Arcadio Buendía. Él lo lee con entusiasmo.)

– José Arcadio Buendía: ¡Magnífico! ¡Los habitantes de Ciego de Ávila aceptan nuestra propuesta! ¡Preparémonos para celebrar la hermandad de nuestras ciudades!

(José Arcadio Buendía y Melquíades se abrazan, mientras que el mensajero observa la escena con una sonrisa enigmática.)

Narrador: Así fue como las ciudades de Macondo y Ciego de Ávila, unidas por sus aspiraciones, se hermanaron en un acto de sátira sutil y realismo mágico, buscando juntos un futuro mejor para sus habitantes.

La escena se desvanece mientras se escuchan los sonidos de las celebraciones en Macondo, y la Massiel canta:

No preguntes más, donde están los mozos
No preguntes más, donde fue tu edad
Los mozos se marcharon tan cansados de esperar
Que llegue un nuevo día, en el que puedan trabajar
Las mozas están tristes de ver su ciudad
Los mozos se marcharon a buscar un nuevo hogar…

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12 respuestas a “Macondo de Ávila, más conocida por Ciego.

  1. Eres sorprendente, querido Volfredo, ahora en tu faceta de escritor de una obra de teatro super bonita.
    La analogía que haces de las dos ciudades es maravillosa. Macondo, puro realismo mágico de García Márquez y Ciego de Ávila también gracias a ti que consigues transportanos para celebrar la hermandad de las dos ciudades. Felicidades, un fuerte abrazo.

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    1. Mi escritura creativa tiene mucho del realismo mágico de García Márquez, leí muy joven sus obras completas y con frecuencia las repaso y parece ser, que de tanto ir a la fuente, algo se ha quedado. Linda noche de domingo y un abrazo.

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  2. Consigues hacer crecer nuestro interés con esa analogía de las dos ciudades. Las fotos son muy bonitas. No conozco Cuba, es una asignatura viajera pendiente. Excelente post y primer acto, impregnado de ese realismo mágico. Un abrazo

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