Visiones íntimas: Las mujeres en la vida y obra de Edgar Degas.

Recientemente, en un comentario sobre “Edgar Degas y las bailarinas de ballet”, la estimada amiga identificada como Laacantha” nos hizo las siguientes observaciones: «Degas es un pintor de las mujeres, todos sus cuadros son mujeres, pero con una curiosa peculiaridad, nunca pintaba a las mujeres que mirasen directamente al espectador. Tres pinturas que nos ha presentado querido Volfredo en este texto, lo confirman. Y otra vez los críticos calientan la cabeza, ¿y por qué? Una versión más paradójica es que Degas fue misógino. ¿Quizá es la idea de las/los feministas radicales? Pero el hecho es muy curioso, lo he comprobado en muchos cuadros de Degas. Gracias».


Hay varias razones por las que las mujeres en las pinturas de Degas no miran directamente al espectador, y claro está, todas pertenecen a la especulación:

Degas buscaba capturar momentos de la vida real, y a menudo pintaba a mujeres realizando actividades cotidianas como bañarse, peinarse o ensayarse. Al evitar el contacto visual directo, las hacía parecer más absortos en sus propios pensamientos y acciones, como si no supieran que estaban siendo observados.

La mirada de una persona puede ser un elemento muy poderoso en una composición artística. Al evitarla, Degas podía dirigir la atención del espectador hacia otros elementos de la pintura, como la luz, la forma o el color.

Considero acertado destacar, además, que la falta de contacto visual puede crear una sensación de ambigüedad en el espectador. Nos preguntamos qué está pensando la mujer, o si es consciente de nuestra presencia. Esto puede hacer que la obra de arte sea más intrigante y atractiva. Degas era un artista moderno que rechazaba las convenciones del arte tradicional. Al evitar el contacto visual directo en sus pinturas, Degas desafiaba las expectativas del espectador y creaba un estilo de pintura más vanguardista.

Algunos críticos han interpretado la falta de contacto visual como una forma disimulada de voyeurismo por parte de Degas. Sugieren que pinta a las mujeres como objetos para la mirada masculina, sin darles agencia ni individualidad.

Es importante tener en cuenta que estas son solo algunas de las posibles interpretaciones de la elección de Degas de no hacer que sus sujetos miren directamente al espectador. Como es todo buen arte, la verdadera intención del artista puede ser ambigua y abierta a la interpretación individual.


La relación de Edgar Degas con las mujeres fue compleja y ha sido objeto de mucho debate. Algunas de sus obras más famosas representan a bailarinas, planchadoras y otras mujeres trabajadoras, y a menudo se las interpreta como comentarios sobre la condición femenina en la sociedad del siglo XIX.

Degas es conocido por sus representaciones de bailarinas, a menudo en poses rutinarias, ensayando o actuando. Estas obras capturan el movimiento y la gracia de las bailarinas, pero también pueden verse como invasivas y voyeristas. Algunas feministas han interpretado estas obras como una forma de explotación de las mujeres jóvenes. Se estima que Degas dejó unas 1.500 obras (entre pasteles, grabados, dibujos, esculturas) sobre el tema de las bailarinas.

Degas también pintó muchas escenas de mujeres en momentos íntimos, como peinarse o bañarse. Estas obras ofrecen una visión de la vida privada de las mujeres, pero también pueden verse como intrusivas e incluso misóginas.

“Mujer sentada en el borde de una bañera esponjando su cuello” de Edgar Degas. Fecha: c.1895

Degas también representó a mujeres trabajadoras, como planchadoras y prostitutas. Estas obras pueden verse como comentarios sobre las duras realidades de la vida para las mujeres de la clase trabajadora en el siglo XIX.

“Dos mujeres planchando” de Edgar Degas. Fecha: 1884 – 1886. Óleo sobre lienzo. Colección: Musée d’Orsay. París.

Al igual que las mujeres en el baño y las bailarinas, las planchadoras aparecen insistentemente en la obra de Degas, con varias versiones a lo largo de doce años. La primera, de 1874, fue un encargo de Jean-Baptiste Faure, célebre barítono y coleccionista de arte, que aceptó prestarla a la exposición impresionista de 1876.

Descontento con esa primera versión, el autor realizó esta segunda. Deseando dar una visión aún más realista de las mujeres en pleno trabajo, pintó directamente sobre el lienzo, sin apresto, lo que da a la pieza una gran rudeza.

Tanto el tema, unas mujeres de pueblo en pleno desaliño, como sobre todo la actitud de dichas mujeres, provocó escándalo. Siguiendo a Gustave Courbet o Honoré Daumier, las planchadoras aparecen en su duro trabajo sin la menor idealización, ajenas a los buenos modales o cualquier refinamiento. Una bosteza y se rasca el cuello, mientras agarra una botella de vino en que ahogar su tedio, mientras la otra se vuelca en alisar una camisa. El crítico George Moore escribió: «¡Una cosa es pintar lavanderas y otra representar a esas lavanderas bostezando!». Este bostezo fue unánimemente rechazado. Para unos era símbolo de pereza, para otros, una vulgaridad y un atentado a las buenas costumbres.


Más allá del psicoanálisis: Degas y sus mujeres.

Algunos críticos han acusado con cierta razón a Degas de ser misógino, argumentando que sus obras «cosifican» a las mujeres y las degradan a objetos de placer masculino.

Otros críticos, digamos que más indulgentes, sostienen que Degas estaba fascinado por la feminidad, pero que su visión de las mujeres era compleja y ambigua; razón por la cual las visitaba a diario, durante años en sus clases de Ballet, las observaba de cerca y luego las plasmaba sobre lienzo, sin ir más allá.  

Es importante tener en cuenta que no hay una única interpretación de la relación de Degas con las mujeres. Su obra es compleja y multifacética, y puede interpretarse de diversas maneras.

Los pintores impresionistas de finales del siglo XIX, se inspiraron en la vibrante vida de la ciudad, incluidos sus divertimentos y mujeres. A menudo pintaban escenas de la vida cotidiana, capturando la atmósfera y la energía de los cafés, teatros, bailes y otros lugares de entretenimiento populares. Las representaban en diversas situaciones, desde momentos íntimos en el hogar hasta actividades sociales. A través de sus pinceladas y colores, los impresionistas buscaban captar la esencia de la feminidad parisina de la época.

Son ejemplos válidos de esta tendencia, ya publicados con anterioridad:

– “Baile en el Moulin de la Galette” de Pierre-Auguste Renoir (1876).

“Baile en el Moulin de la Galette” de Pierre-Auguste Renoir; 1876. Escena de género, óleo sobre lienzo. Localización: Museo de Orsay, París.

– “Olympia” de Édouard Manet (1863).

Édouard Manet, Olympia, 1863, óleo sobre lienzo, 130 x 190 cm. Musée d’Orsay, París.

“Almuerzo sobre la hierba” de Édouard Manet (1863)

 “Le Déjeuner sur l’Herbe”, de Édouard Manet, fechado 1862 – 1863; en Paris. Estilo: Realismo. Género: escena de género. Óleo sobre canvas localizado hoy en el Museo de Orsay.

– “Clase de baile” de Edgar Degas (1874).

“La clase de ballet” (La Classe de danse) de Edgar Degas, fechado entre 1873 – 1876. Óleo sobre. Museo de Orsay, París. Custodiada en el Museo de Orsay de París desde 1986.

Es importante destacar que no todas las mujeres impresionistas fueron representadas como participantes pasivas en los divertimentos. Algunas artistas, como Berthe Morisot y Mary Cassatt, también pintaron escenas de mujeres activas e involucradas en sus propias vidas. Sus obras ayudaron a desafiar las normas sociales de la época y allanaron el camino para futuras generaciones de artistas femeninas.

Edgar Degas nunca se casó y no hay evidencia de que haya tenido una pareja sentimental duradera. Sin embargo, sí tuvo varias relaciones cercanas con mujeres a lo largo de su vida, incluyendo a la pintora impresionista estadounidense Mary Cassatt. Se conocieron en la década de 1870 y fueron amigos y colaboradores cercanos durante muchos años.


La vida íntima de Degas, acorde con su naturaleza reservada y austera, fue en gran medida privada, y nunca habló públicamente sobre sus relaciones. Como resultado, gran parte de su vida amorosa sigue siendo un misterio. Las mujeres que lo rodearon tuvieron una profunda influencia en su arte, y su trabajo ofrece un vistazo fascinante a las complejas relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad del siglo XIX.

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7 respuestas a “Visiones íntimas: Las mujeres en la vida y obra de Edgar Degas.

  1. Muchas gracias, Volfredo, – lo prometido es una deuda- has cumplido con tu promesa. Gracias por el trabajo excelente.
    Bueno, yo opto por que Degas era un gran admirador de las mujeres. De todos modos sea lo que sea admiro a sus cuadros. Un abrazo y que tengas una buena semana.

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    1. Estimada Tatyana, para mí es un gusto escribir sobre temas que sean de tu agrado. Tus frecuentes comentarios y tu humor desbordante y sincero, han sido baluarte y apoyo de Lo Real Maravilloso desde que salimos al ciberespacio. Bonito día y el abrazo sincero de siempre desde Cuba.

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  2. I agree with Tatyana (laacantha). It is obvious that Degas was not indifferent to women. It seems to me that he had a complex mixture of feelings towards them. He clearly did not really understand women, could not explain their actions and actions, could not predict their emotions, and was partly afraid of them. He reminded me in some ways of Edvard Munch, who similarly failed to build harmonious relationships with women. https://1ubit.me/2019/05/06/%d0%be%d1%81%d0%bd%d0%be%d0%b2%d0%bd%d1%8b%d0%b5-%d1% 82%d0%b5%d0%bc%d1%8b-%d1%82%d0%b2%d0%be%d1%80%d1%87%d0%b5%d1%81%d1%82%d0%b2 %d0%b0-%d1%8d%d0%b4%d0%b2%d0%b0%d1%80%d0%b4%d0%b0-%d0%bc%d1%83%d0%bd/

    Thanks for the interesting analysis.
    I was glad to read the proposed analysis, Volfredo.

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    1. Dear Olga, if you want to be suspicious, there are many interpretations. Degas spent his life visiting ballet classes daily and observing the dancers closely, without any known intimate relationship with any of them. This fact provides support for psychoanalysis and its pathologies, but I prefer to leave the research to others for fear of raising slander. Nice day and cordial greetings from Cuba.

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