Benny Moré (Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez). Su nombre y figura resultan referentes imprescindibles dentro de la música popular cubana. Bartolomé Moré supo marcar una pauta, una era, que aún persiste indeleble a día de hoy. Nació en Santa Isabel de las Lajas, 24 de agosto de 1919 y murió en La Habana, el 19 de febrero de 1963 a los 43 años a consecuencias de enfermedades derivadas de su estilo desordenado de vida. Su amplio registro para la interpretación, y su capacidad innata para la composición musical lo han colocado en el cenit de la cultura cubana. Sus grabaciones han continuado escuchándose en el tiempo y su vida constituye una leyenda popular que crece y se multiplica en el corazón de cada cubano.

De origen humilde y descendiente de esclavos africanos, desde los siete años se distinguió por su clara y natural inteligencia que no pudo cultivar. Por razones económicas, se vio obligado a abandonar la escuela al finalizar el cuarto grado para ganarse el sustento y ayudar a su familia realizando tareas agrícolas como peón mal pagado, a la vez que recreaba a sus compañeros con sus cantos y asombrosa capacidad de improvisar.
El Benny, como es llamado cariñosamente por su pueblo, pronto se hizo famoso por su voz potente y aguda, de mulato delgado, inquieto y vivaracho, conocido y admirado en el humilde barrio de La Guinea, donde cantaba a todos. Su entrada al conjunto de Miguel Matamoros puede considerarse su verdadero debut como cantante profesional. Como integrante de la agrupación en 1945, tuvo por primera vez un trabajo estable como músico y realizó sus primeras grabaciones en discos.
Escuchar por su voz grabada causó en el Benny, una rara impresión. Se dice que se paseaba por todo el estudio con las manos sobre la cabeza, llorando y riendo como un niño. A partir de ese momento, su carrera artística se puede catalogar de vertiginosa. No solo tuvo un trabajo duradero, sino también realizó en 1945 su primer viaje a México, país en el que se consagraría como cantor popular.
En sus inicios en la capital mexicana se presentó como integrante del Conjunto Matamoros en salones de baile, cabarets, teatros, y en varios programas de la radioemisora XEW, la renombrada «Catedral de la Radio de México».
Cuando terminó el contrato, el conjunto Matamoros retorna a La Habana, pero sin Bartolomé Moré, quien decide probar fortuna como solista en México. Se afirma, que, al comunicarle su decisión a Miguel Matamoros, autor del son “El que siembra su maíz”, este le sugirió: «Está muy bien, pero tienes que cambiarte el nombre de Bartolo, que es muy feo. Con él no vas a ir a ninguna parte. Tiene usted razón le contestó Bartolo, desde hoy me llamaré Benny, sí, Benny Moré».
En año 1949 puede considerarse el inicio de su consagración internacional, fecha de las primeras presentaciones en vivo como integrante de la famosa orquesta de Pérez Prado en el espacioso Teatro Blanquita de Ciudad de México, ocasión en que centralizaron el espectáculo «Al son del mambo», respaldado por la presencia de un público particularmente entusiasta: tanto Benny Moré como Dámaso Pérez Prado y su nuevo ritmo Mambo, habían llegado a la cima de la popularidad. Ya por esa época la voz de Benny era conocida en Panamá, Colombia, Brasil, Puerto Rico, Haití, Venezuela, y desde luego, en su natal Cuba.
Desde 1945 hasta 1950 Benny Moré residió en Ciudad México. Aunque en ese hermoso país, tan entrañable para los cubanos, había forjado afectos, triunfado plenamente y adquirido un sólido prestigio artístico, en el fondo no se sentía realizado. La nostalgia por su familia, amigos, por la Patria, y el deseo de obtener laureles en su Isla, donde consideraba que no era conocido lo suficiente, le hicieron regresar a Santa Isabel de las Lajas a finales del año 50. El «Sonero mayor» se encontraba definitivamente en Cuba, había dejado atrás las comodidades, satisfacciones materiales y espirituales, amigos y hasta los amores que no suelen faltar a los triunfadores.
Con su fama y el prestigio de su nombre, no le fue difícil a Benny agrupar, en los meses de julio y agosto de 1953, algunos de los mejores instrumentistas del país, con el fin de formar su primera Banda Gigante. Acompañado por una constelación de músicos talentosos, los primeros ensayos de la colosal banda se efectuaron en un local de la Calzada de Infanta y Pedroso, en el Barrio del Cerro. Por la excelente calidad de los músicos y los arreglos, desde los ensayos iniciales el sonido de la orquesta fue impresionante y, como se dice entre músicos, «a lo macho».

El esperado debut se produjo el 3 de agosto de 1953, en el conocido programa Cascabeles Candado, de la antigua CMQ Radio. La orquesta era de las llamadas Jazz Band (saxofones, trompetas, trombones y ritmo), pero interpretando música cubana. Con ella canta sus boleros, guarachas, sones montunos, en su estilo único y se sitúa en la cima de nuestros cantantes populares.
A ningún cubano se le ocurre negar la categoría otorgada por consenso popular a Benny Moré como “El Bárbaro del Ritmo”, con la cual fue reconocido de inmediato. Benny era capaz de interpretar un amplísimo repertorio, de sones, guarachas, rumbas, y ritmos afros, pero alcanzó su corona, a mi entender, como uno de los más expresivos cantantes y compositores del bolero cubano; entre ellos, los más reconocidos y bailados, aparecen enlistados a continuación en espera de adiciones o modificaciones que ustedes puedan sugerir:
1. “Fiebre de ti”, de Juan Arrondo, considerado el “bolero de los boleros”. Ese que se canta protestando por el despotismo de una pasión incontrolable: «Esta fiebre de ti, estas ansias vehementes, este calor de infierno, que me abraza la frente, perdonándote todo, tu pasado y presente».
2. “Cómo fue”, de Ernesto Duarte: En confesión, llegó inesperado un sentimiento extraño e invasivo, sin buscarlo siquiera. «Fue a lo mejor la impaciencia, de tanto esperar tu llegada. Mas no sé, no sé decirte cómo fue, no sé explicarme qué pasó, pero de ti me enamoré».
3. “Dolor y perdón”, de Benny Moré: Es como Lágrimas negras, que del sufrimiento y la pena sacan ritmo y pachanga. En ambas vertientes, llanto y baile, es un bolero soberbio: «Dolor, dolor que me ocasiona, mi bien, este cruel remordimiento, dolor, dolor, dolor, que llevo dentro por lo mucho que has llorado. Perdón, cariño santo, por haberte abandonado, hoy quiero ver feliz tu vida, y darte verdadero amor…».
4. “Te quedarás”, de Alberto Barreto: Por supuesto que su letra manifiesta prepotencia y autoritarismo machistas, y también el sentimiento de indiscutible ternura que le impide a ella irse a ningún lugar. «Te quedarás porque te doy cariño, Te quedarás porque te doy amor… No vuelvas más si no piensas quedarte, no vuelvas más si me guardas rencor, pero quédate conmigo, que yo soy tu amor».
5. “Mi amor fugaz”, de Benny Moré: Es increíble el modo en que cada vez que uno recuerda este bolero de amores extraviados, recuerda también el soberbio arreglo, y uno quiere cantar los metales de la Banda Gigante: «Tengo fe en que tú comprendas, como yo lo he comprendido, que nuestro amor se ha perdido como una estrella fugaz».
6. “Y hoy como ayer”, de Pedro Vega: Se ha transformado en el himno a la eterna majestad de Benny Moré. Es como decir que cada día canta mejor. «Yo no sé lo que voy a hacer en tu ausencia mi bien, y pensar que no volverás jamás. Hoy como ayer yo te sigo queriendo mi bien, con la misma pasión que sentí, cuando te vi mi amor».
7. “Conocí la paz”, de Benny Moré: Este es otro bolero atípico. Nada de lágrimas y rencores. El más tierno eslogan para la playa que, dicen, es la más bella del mundo. A Benny también lo creía, por razones personales. «Cuando a Varadero llegué, conocía la felicidad. Cuando a Varadero llegué, todo fue verdad… Y cuando tus labios besé, conocí la paz».
8. “Corazón rebelde”, de Alberto Barreto: Es el himno del rencoroso, de quien no quiere ni puede perdonar. «Debes comprender que ya es imposible, volver a empezar, no sigas llorando, porque con llorar, no me vas a conmover… Dile corazón lo que tú sufriste, cuando te dejó, que te abandonó y no tuvo compasión de ti».
9. “Qué pena me da”, de Juan Arrondo: Extraño bolero que no habla de los dolores causados por un amor traicionero, sino de alguien que no puede amar como le piden: «es triste rechazar tus caricias, es doloroso verte llorar así, por eso me voy, buscando que me puedas olvidar».
10. “Que me hace daño”, de José Dolores Quiñones: Todo el filin y la emoción íntima, todo el sentimiento de quien asocia una canción con dolores de antaño están vinculados a aquellos versos de «no me vuelvas a cantar esa canción… que no hay más explicación que el clamor de esta canción, no me vuelvas a cantar esa canción, que me hace daño».
11. Santa Isabel de las Lajas, querido, homenaje de Benny Moré a su pueblo natal, «Lajas, tengo para ti, Este, mi cantar sentido, Siempre fuiste distinguido, Por tus actos tan sinceros, Tus hijos son caballeros, Y tus mujeres, altivas, Por eso grito: «qué viva, Mi Lajas con sus lajeros, lajeros»».
A finales de 1962, Benny Moré, acompañado de su Banda Gigante, recibió la invitación para realizar una extensa gira por algunos países de Europa, pero él declinó la invitación: ya eran evidentes en el rostro del realizado bolerista y sonero mayor los estragos de la cirrosis.
Su última actuación con junto a la Banda Gigante, fue en el pueblo de Palmira (Las Villas), el día 16 de febrero de 1963. El martes 19 de febrero a las 9.15 de la mañana murió a la temprana edad de cuarenta y tres años.
Por petición expresa del artista, sus restos fueron sepultados en su pueblo natal, Santa Isabel de las Lajas. Una vez en su pueblo, en el barrio de La Guinea, la Sociedad de los Congos lo despidió con un solemne rito funeral mayombero de origen bantú, a base de banderas para abrir los caminos y espantar a los malos espíritus. El día 20 de febrero, a las 4.00 de la tarde, fue sepultado en la necrópolis de este pueblo.
Bartolomé Maximiliano Moré, el Benny, fue bohemio, trashumante, sincero, desbordado, mujeriego, machista, sensual, tierno, violento, derrochador, pero, sobre todo, un cubano auténtico. No fue un hombre perfecto. Los orishas tampoco lo son, pero saben cómo propiciar, cuando Benny escuche, que este haga un milagro en favor de un pueblo que le sigue amando.
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#Historia

Grande Beny
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Eso no tiene dudas, tan grande como su Banda Gigante.
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No conocía su verdadero nombre…
Gracias por compartir querido Volfredo.
Feliz día, un abrazo.
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Sabes, en estos días escribiré más sobre el bolero, es patrimonio común de mexicanos y cubanos, así que a bailar. Lindo domingo y bendiciones para ti querida Elvira.
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Me parece genial querido Volfredo, bien dices es patrimonio de ambos países. Escuchar música y bailar una maravilla. Lindo y bendecido día también. Gracias.
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El bolero tiene una historia bella y compartida entre Cuba y México, en breve te explico en un post. Linda semana y tropical abrazo querida Elvira.
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Buen dia. Amo el rock, el son y la salsa son sonidos sin sentido para mis oidos, excepto «El buey cansao» de Los Van Van, «Dale como es» de Adalberto, algun q otro tema mas… y la Discografia del Benny.
Imposible no rendirse a la potencia de su voz y a la excelencia de su musica.
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Fue grande, inmenso, pena que se nos fue tan rápido, luminoso y breve como el recorrido de una estrella fugaz. Feliz domingo.
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Thanks 👍
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Happy Sunday and blessings to you, dear Anita.
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💙
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Feliz domingo.
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Un fenómeno!
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Eso pienso, Feliz domingo amigo.
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Buenos días amigo y feliz semana!
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Gracías estimado amigo y linda semana también para tí. Cordial abrazo.
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De nada Volfredo, un placer.
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Gracias por esta historia de Benny Moré. Talento pleno y muy influyente en la música cubana.
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Es todo un referente, fue el más popular de nuestros músicos y en la actualidad es recordado con respeto y admiración. Feliz semana estimada Rebecca.
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Lo he pensado y me debo a mi mismo una respuesta. Gustamos de los talentos por su descontrol o por su osadía. Es posible que por ambas y es posible que esta sea una respuesta chueca. Mi abuela decía que si nos vamos mansos de la vida nos llevamos el recuerdo de lo que fuimos con nosotros. Por ende el olvido se instalará pronto allí donde una vez estuvimos. La rebeldía y el arte incomodan, cada una de una manera particular y necesaria.
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Tus refranes siempre ma agradan por la riqueza cultural encerrados en ellos, sabías palabras en boca de tu abuela, que Dios tenga en su Gloria. Un cordial abrazo
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Una abuela no la conocí. Murió antes que yo naciera. La otra le fui aprendiendo a conocerla. La diferencia entre ellas no fue su grado de parentesco. Fue su legado de identidad palpable. Alguien tal vez aduzca que por su temprana partida lo inmediato se perdió de manera irremediable. Lo creí por largo tiempo. Una foto de cuerpo entero, de matrona peleada con su imagen y su cara peleada con la empatía, me puso en cuestionamiento mi posible cariño. Un día supe que nunca lo tuve por ella. Mi padre jamás la nombró. Y hoy, cuando el futuro amenaza hasta con alcanzarme para convertirme en recuerdo, hoy, ni siquiera puedo afirmar que tuviera nombre. La otra abuela también murió. Hace muchos años. Y me van a faltar años si quisiera contar su vida. Ahí la diferencia. Los amores se construyen, no se ganan en la lotería del vivir por que estamos vivos.
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