Juan de Pareja, el pintor esclavo de Velázquez.

Juan de Pareja (Antequera, 1610-Madrid, 1670) fue un pintor barroco español de origen morisco y esclavo de Velázquez, en cuyo taller se formó. Conocido como el «esclavo de Velázquez», era originario de Antequera, en la diócesis de Málaga, donde debió de nacer hacia 1610.  Morisco, de generación mestiza y de color cobrizo, ayudaba a Velázquez en las tareas de moler los colores y preparar los lienzos, sin que el maestro, en razón de la dignidad del arte, le permitiese ocuparse nunca en cuestiones de pintura o dibujo.

Antonio Palomino en sus memorias nos cuenta un relato que mucho identifica al pintor esclavo, cargando su imagen de realidad y leyenda: «Pareja aprendió a pintar a escondidas de su dueño y, no atreviéndose a confesárselo, urdió una artimaña para descubrírselo. Sabiendo que el rey, cada vez que visitaba el taller de Velázquez, pedía que se le mostrasen los cuadros que estaban vueltos contra la pared, dejó arrimado a ella, como al descuido, un pequeño cuadro pintado por él. Cuando el rey quiso verlo, según había previsto, se arrojó a sus pies, y le suplicó rendidamente le amparase para con su amo, sin cuyo consentimiento había aprendido el arte, y hecho de su mano aquella pintura. Felipe IV no solo le concedió lo que le pedía, sino que ordenó a Velázquez su completa liberación, pues “quien tiene esta habilidad para pintar, no puede ser esclavo”».

Se sabe que la anterior referencia no va más allá de la fabulación y la admiración de Palomino, hacia su colega, al que mucho admiraba, y hacia Felipe IV, rey de España en la ilustrísima época. Los biógrafos de Velázquez han investigado con profusión la realidad de los hechos, coincidiendo todos en afirmar, que el maestro de pintores dio la libertad a su esclavo, durante su estancia en Roma, luego de utilizarlo como modelo para un retrato, del cual quedó muy satisfecho.

La Real Academia de la Historia, en su reciente revisión sobre la vida y obra de Juan de Pareja, el pintor esclavo, ha señalado en español formal, cito: «El episodio más conocido de su vida, y el que le ha dado mayor fama, es el viaje a Roma junto a su señor entre 1649 y 1651. En la Ciudad Eterna fue retratado por Velázquez en el soberbio lienzo que conserva el Metropolitan Museum de Nueva York, y que fue expuesto el 19 de marzo de 1650 en el pórtico del Panteón, tras el ingreso del pintor regio en la Academia dei Virtuosi. En ese mismo año, y más concretamente el 23 de noviembre, Velázquez firmó la carta de manumisión de Pareja, con la provisión, eso sí, de permanecer a su servicio al menos durante cinco años más. Este hecho nada tiene que ver con las poéticas palabras de Palomino, que señala como “dándole desde luego carta de libertad absoluta a Juan de Pareja, el cual procedió tan honradamente, que todo lo restante de su vida sirvió, no solo a Velázquez lo que sobrevivió a este caso; sino después a su hija, que casó con Don Juan Bautista del Mazo”. El hecho cierto es que, ya de vuelta a Madrid, se vuelve a encontrar a Pareja en 1653 como testigo en un poder otorgado por Francisca Velázquez para redactar su testamento».

A partir de esa fecha, nada se sabe con certeza sobre la trayectoria vital de Juan de Pareja, con la excepción de una noticia que llegó al final de su vida. Así, el 28 de noviembre de 1667 actuó, una vez más, como testigo en el testamento de Jerónimo de Cruz y Mendoza, ayuda de Cámara de Juan José de Austria. Según Palomino, falleció en Madrid «por el año de 1670, y a poco más de los sesenta de su edad». 


Luego de obtener la libertad en 1650 y hasta su muerte en Madrid en 1670, Juan de Pareja ejerció su oficio como pintor independiente, manifestando en su pintura los conocimientos adquiridos en el taller de Velázquez, y desempeñar funciones más amplias que las aprendidas de su maestro al ponerse en contacto con la obra de otros pintores tanto italianos y españoles expuesta en Madrid.

La primera noticia que menciona a Juan de Pareja con oficio de pintor libre e independiente, proviene de una carta de su autoría, dirigida a Pedro Galindo, procurador de la ciudad de Sevilla, fechada el 12 de mayo de 1630, por la que Pareja le solicita permiso para trasladarse a Madrid a fin de proseguir sus estudios junto con un hermano de nombre Jusepe. El documento, en el que no se menciona a Velázquez y cuya autenticidad no ha podido ser corroborada al darse por perdido tras su publicación, contradice las restantes noticias conocidas, pues en él, Pareja se dice libre y en fecha temprana se da título de pintor. Estos dos últimos señalamientos enlodan la veracidad de la misiva, y bien pueden hacer de la carta una de las tantas falsificaciones asociadas a los pintores y sus obras, muy comunes en la historia de arte.

Producción artística del pintor esclavo.

Ya lo hemos dado por sentado, se ha prestado más atención a la condición de esclavo morisco de Juan Pareja que a su faceta artística, esto ha hecho muy difícil seguir los pasos de su obra, en la que abundan los caminos ciegos y las atribuciones indebidas, pues muchas de sus pinturas, dada su perfección técnica, han sido atribuidas a otros pintores de la época.

La condición de liberto obtenida por Pareja en Roma en 1650 le permitió dedicarse a partir de entonces a la pintura. Conocía sus rudimentos; y mucho había aprendido en el taller de Velázquez, donde se había dedicado a moler colores y a preparar los lienzos.

El primer cuadro conocido de Pareja data de 1658 y representa la “Huida a Egipto” (Sarasota, John and Mable Ringling Museum of Art). Paradójicamente, nada tiene que ver esta pintura con el estilo de su maestro, siendo esta la tónica general de su producción.

Mayor dificultad plantea sobre su autenticidad, el tenido por retrato del dramaturgo “Agustín Moreto” del Museo Lázaro Galdiano de Madrid, del que se cuestiona tanto la autoría como la identidad del modelo.  De ser correctas la atribución y las fechas sugeridas de realización (1648-1653) se situaría entre las primeras obras de Juan de Pareja como pintor de profesión.

“La vocación de San Mateo”, 1661, óleo sobre lienzo (225 x 325 cm), Madrid, Museo del Prado. La primera figura de la izquierda, con un papel en la mano en el que aparece la firma, es el autorretrato del pintor.

Una de sus obras maestras más conocida y firme autenticidad, es la “Vocación de san Mateo” del Museo del Prado, firmada y fechada en 1661. Procedente de las colecciones reales, fue adquirida por Isabel de Farnesio con destino al Palacio de La Granja y así lo confirmó Ceán Bermúdez, quien vio la pintura en el Palacio Real de Aranjuez en el año 1800.

“El bautismo de Cristo”, 1667, óleo sobre lienzo (230 x 356 cm), Museo de Huesca, en depósito del Museo del Prado.

El otro gran cuadro de Pareja, también propiedad del Prado, depositado hoy en el Museo de Huesca, es el “Bautismo de Cristo”, firmado y fechado en 1667. Procedente de la sacristía del Convento de la Trinidad de Toledo, donde lo vio Ceán, la crítica ha visto en este cuadro reminiscencias de la obra de El Greco; y desde luego, la composición general recuerda mucho al cuadro del mismo asunto del cretense expuesto en el Hospital Tavera. El grupo de ángeles que aparece a la derecha de la composición es muy característico de la obra de Pareja; de hecho, se repite casi literalmente en un cuadro subastado en el mercado madrileño el 31 de mayo de 1990 con el tema de la “Última comunión de la Magdalena”.

Aparte de la pintura religiosa, Palomino señala que Pareja «tuvo singularísima habilidad para retratos, de los cuales yo he visto algunos muy excelentes, como el del arquitecto José Ratés Dalmau en que se conoce totalmente la manera de Velázquez, de suerte, que muchos lo juzgan suyo». Este se conserva en el Museo de Bellas Artes de Valencia y se fecha hacia 1665-1670. Aunque la aseveración del tratadista es algo excesiva, no cabe duda de que es su retrato más “velazqueño”. Lo importante de esta obra, aparte de su evidente calidad técnica, radica en el ennoblecimiento del arte liberal de la arquitectura: el personaje viste ricamente y apoya su mano izquierda sobre una espada, símbolo de su categoría social. En la otra mano porta el compás, que viene a representar el componente intelectual de la arquitectura, resaltando su condición de tracista.

Detalle del retrato del arquitecto José Ratés Dalmau, óleo sobre lienzo (116 x 97 cm), Museo de Bellas Artes de Valencia.

Además del retrato de “José Ratés Dalmau”, también parecen de su mano los de “Don Martín de Leyva” (Nueva York, The Hispanic Society of America), caballero del hábito de Santiago; y el del dramaturgo “Agustín Moreto y Cabaña” de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid.

Junto a estos, algunos estudiosos le han atribuido, sin demasiado fundamento, la réplica de su retrato velazqueño conservada en la Hispanic Society de Nueva York, así como el de “Alonso de Mora y Villalta” de la misma institución, aunque a primera vista poco tienen que ver con sus retratos conocidos. A ellos se suma un retrato de “Clérigo” (San Petersburgo, Hermitage) procedente de la Colección Coesvelt (Ámsterdam, 1814), que también puede descartarse como de su mano, pese a estar supuestamente firmado al dorso y fechado en 1651.

Por último, hay que dar por perdidos tres cuadros que, según Ceán, decoraban la Capilla de Santa Rita en los Agustinos Recoletos de Madrid y representaban a San Juan Evangelista, San Orencio y la Virgen de Guadalupe. Junto a ellos hay que dar también por desaparecido el retrato de un Golilla original de Juan de Pareja, que perteneció a Mariana de Silva, duquesa de Huéscar, en cuyo inventario de bienes figuraba en 1784. Este mismo cuadro pasó a manos de Manuel Godoy en 1802.


Con una obra mayoritariamente inadvertida, perdida, extraviada y pendiente de autentificación en muchos casos, Juan de Pareja, hubiese llegado inadvertido a nuestros días, pero afortunadamente no fue así.

El coleccionista y erudito del “Renacimiento de Harlem”, Arturo Schomburg, fue vital para la recuperación de la obra de Juan Pareja y sirvió como hilo conductor que conecta la España del siglo XVII con el Nueva York del siglo XX, proporcionando una lente a través de la cual ver las múltiples historias que se han escrito sobre Pareja.

Imagínense el año 1926. Arturo Alfonso Schomburg, un historiador y coleccionista puertorriqueño negro, se embarca en un viaje profundamente personal a España. Su misión era investigar y explorar siglos de vida negra en Europa, incluida la del pintor Juan de Pareja, artista notable por derecho propio, y asistente de estudio en condición de esclavo del famoso pintor español Diego Velázquez.

Ha pasado un siglo desde los viajes de Schomburg y casi 400 años de la vida de Juan de Pareja, y todavía nos hacemos preguntas. Este será el tema de nuestra próxima historia, que abandona la Península Ibérica para ocupar nuevo espacio a día de hoy en El Museo Metropolitano de Arte de New York y más reciente, en las últimas intervenciones públicas del expresidente de Estados Unidos, Barak Obama.

«El negro desentierra su pasado»… «La historia debe restaurar lo que la esclavitud nos quitó…» Arturo Alfonso Schomburg.

Nuestra historia mágica continuará

#LoRealMaravilloso

#ArtesVisuales

#PeriodismoCrítico

#Historia

https://www.volfredo.com


9 respuestas a “Juan de Pareja, el pintor esclavo de Velázquez.

  1. Just recently I was arguing with one subscriber about what kind of art there is. Still, it must have an idea, and not just beauty, otherwise art will not be able to convey to us the emotions and feelings that the artist put into his work.
    The paintings of Juan de Pareja convey an idea. This is valuable in art of any time.
    Thanks for continuing the story, Wolfredo.

    Le gusta a 1 persona

    1. The main motivation to continue with the work of Juan de Pareja is to rescue him for history, he was the first painter of slave origin and this fact must be recognized. Of course, having Velázquez as a teacher made his life as a painter much easier, that is undeniable. It’s a pleasure to write for people like you, happy night.

      Le gusta a 1 persona

Replica a Volfredo Cancelar la respuesta