Legado aborigen de Cuba, vivo en la actualidad.

Los indios cubanos, de color cobrizo y cara achinada, de baja estatura y de complexión mediana, estaban bien aclimatados al entorno tropical y acostumbrados al trabajo ligero como lo requería su vida primitiva y la dulzura del clima y riqueza eco-ambiental del archipiélago cubano. Su alimentación consistía en vegetales, yuca, peces y moluscos; y sus casas de paja formaban pequeños pueblos situados en la orilla de los ríos, del mar o de algún valle fértil. Su religión y cultura eran arcaicas y no construyeron monumentos religiosos, más allá de ídolos de barro, implementos de concha y piedra, hachas petaloides, dagas de piedra y numerosa alfarería rústica de valor práctico o ceremonial. No dejaron escritura, ni lenguaje, salvo escasas palabras que fueron incorporadas al español popular que hoy se habla en las Antillas.


La gran noticia llegó inesperada como suele suceder. Cuando se daba por extintos a la totalidad de los habitantes aborígenes de nuestra isla; un estudio sin precedentes había confirmado, tras cinco años de investigación y sustentado en irrefutables pruebas de ADN, la presencia de genes indígenas amerindios, taínos, en específico, en miembros de 27 familias de 23 comunidades al Oriente de Cuba. Este hallazgo niega, de hecho, el discurso mayoritariamente aceptado durante siglos, del exterminio total de los primitivos pobladores de Cuba.

Los indígenas de la Isla fueron diezmados por los españoles, aunque no totalmente exterminados, y así lo declaró a los medios la genetista cubana Beatriz Marcheco-Teruel, directora del Centro Nacional de Genética Médica.

Al centro, la Dra. Beatriz Marcheco-Teruel; directora del Centro Nacional de Genética Médica, junto a integrantes del equipo médico de la institución.

La Dra. Beatriz Marcheco es reconocida por su destacada labor en el campo de la genética médica. Ha realizado importantes contribuciones en el estudio y diagnóstico de enfermedades genéticas en la población cubana, así como en la implementación de programas de prevención y control de estas enfermedades. Aquellos que hemos tenido el privilegio de escucharla en vivo, somos testigos de su enorme aval científico y sus cualidades de oradora apasionada y crítica, que no vacila en defender con pasión y sapiencia sus puntos de vista relacionados con la genética médica; y otros temas no tan relacionados; pues nuestra admirada invitada de hoy, posee vasta cultura universal, y criterios personales propios que defiende con audacia.


Presencia aborigen en los genes de la población cubana actual.

«No es inusual que los libros de Historia de Cuba, incluidos los más recientes, hayan aceptado durante años el total exterminio del componente amerindio de nuestra población aborigen. Efectivamente, no tenemos grupos ni comunidades cerradas con esas características, pero sí se conservan grupos poblacionales pequeños que han conservado sus características físicas y atesoran la huella genética aborigen en su ADN».

La científica explica que, en las 1 109 muestras estudiadas, existen evidencias genéticas de rasgos amerindios de mujeres del siglo XVI, que sobrevivieron escondidas en las remotas montañas del oriente cubano, luego de la debacle demográfica que legó la conquista de América.

Nuestro mestizaje étnico responde a patrones genéticos bien establecidos y difundidos en la actualidad: El 70 % de la información genética en los individuos analizados proviene de ancestros europeos, un 20 % de ancestros africanos, un 8 % proviene de nuestros primitivos habitantes y el 2% restante, corresponde a chinos. Estos datos avalan y confieren razón al popular refrán popular. «En Cuba, el que no tiene de Congo, tiene de Carabalí».

Distribución cromosómica promedio de la población cubana general y distribuida por provincias. (Población cubana general: 71% europeo; 20% africano; 8% amerindio y 1% Asia Oriental.

La investigación incluyó residentes en 137 municipios pertenecientes a las 15 provincias y al municipio especial Isla de la Juventud. A partir de estos exámenes pudo determinarse que el 34,5 % de los individuos analizados en el oriente cubano, -Guantánamo, Granma, Holguín y Las Tunas-; descienden, por vía materna, de un ancestro indoamericano, mayoritariamente de poblaciones sudamericanas y, en segundo orden, de indios meso americanos.

Con anterioridad, el doctor Manuel Rivero de la Calle (1926-2001), una de las figuras más prominentes de la antropología cubana en el siglo XX, realizó numerosas expediciones a la región oriental de nuestro país y convivió por mucho tiempo, con familias a las cuales consideró descendientes de aborígenes.

Sus estudios antropológicos confirmaron una población de ascendencia aborigen de baja estatura: los hombres medían 152,1 centímetros, y las mujeres 141,5 como promedio. Igualmente, los describió como personas de cabellos negros y lacios, poca pilosidad corporal, piel bronceada, ojos oblicuos en grado moderado y mentón prominente.


Alejandro Sebastián Hartman Matos.

Hace más 30 años, Alejandro Hartmann, historiador de la ciudad de Baracoa, primada villa oriental fundada en el extremo este de Cuba por Diego de Velázquez en el verano de 1511; comentaba apasionadamente que la «extinción absoluta» de lo indígena era un mito falso y que, en las montañas de Guantánamo y otros lugares de difícil acceso aledaños, existían comunidades indígenas que habían preservado y mantenido viva las tradiciones y cultura indígena.

A la izquierda de la fotografía y con sombrero: Alejandro Sebastián Hartman Matos. Investigador e historiador de la Ciudad de Baracoa y director del Museo Matachín.

Hartmann no solo lo aseguraba, sino que transitaba por la ciudad y en cada esquina paraba a algunos de sus habitantes para señalarles: «Mira, este es un Rojas, observa los rasgos indios que tiene», decía al visitante. Cada vez que llegaba a Baracoa una delegación o un viajero importante, Hartmann defendía con vehemencia sus argumentos e hipótesis, como si le fuera la vida en ello, y desde mucho antes comenzó a aunar voluntades y recabar esfuerzos para hacer una investigación «como Dios manda» sobre el tema.

«Mi padre me llevaba de niño por el río Toa y recuerdo que me impresionó conocer a aquellas personas de piel cobriza, ojos achinados, pómulos salientes, que después supe que eran de las familias Ramírez, Rojas, Romero… A partir de aquellas primeras experiencias que despertaron en mí la curiosidad, tuve el privilegio de conocer y poder trabajar años después con el gran etnólogo cubano Manuel Rivero de la Calle, que había hecho importantes estudios en algunas de esas comunidades indígenas».

Cuenta Hartmann, que, junto al antropólogo e investigador cubano americano José Barreiro, se dio a la tarea, durante dos décadas, de reunir información sobre el mito de la extinción de los indios cubanos.

El sueño de demostrar que se había cometido un lamentable error histórico que debía ser enmendado en nombre de la justicia, estuvo siempre en la mente de Alejandro Hartmann, que empleó más de 30 años defendiendo la tesis de que los indígenas cubanos seguían vivos entre los caseríos de las aisladas montañas del oriente de Cuba.

Hoy se reconoce la existencia de unas 30 comunidades, que se autorreconocen indígenas. En total unas 3000 personas que mantienen vivos la simiente, impronta y los viejos rituales de los pueblos originarios, entre areítos, y ceremonias ancestrales que remontan a los orígenes del pueblo arahuaco.

En 2018, Hartmann invitó al fotógrafo español Héctor Garrido a visitar estos caseríos para fotografiar a sus habitantes y patentar, de forma documental y gráfica, la existencia de indígenas en el oriente de la isla, sobre la base de sus rasgos físicos. «Era evidente que existía un pasado amerindio en sus rostros, pero esa no era una prueba contundente. Entonces le propuse buscar una respuesta en el mundo científico», contó el fotógrafo español.

La propuesta fue aceptada de inmediato, y dio por resultado: «Un gran proyecto que cubriría todos los frentes posibles. Yo me encargaría de las fotografías. Hartmann de la documentación histórica», comentó. El equipo quedó finalmente completado con la genetista Beatriz Marcheco, directora del Centro Nacional de Genética Médica de Cuba; el sociólogo y etnógrafo Enrique Gómez; el antropólogo cubano americano José Barreiro, del Instituto Smithsoniano; y el fotógrafo etnográfico Julio Larramendi.

«El principal de estos frentes, el que nos iba a dar la respuesta definitiva, era el análisis genético comparativo entre el ADN, extraído de restos arqueológicos de nativos anteriores a la llegada de Colón; con los de las personas que íbamos encontrando en estas comunidades; pero también era importante saber cómo viven, qué comen, cómo se desarrollan en las montañas», sostuvo Garrido, director del proyecto.

Maribel Leyva (n. 29 de septiembre de 1971). Municipio Imías, Comunidad la Batea. Su genoma muestra una amplia presencia de genes de procedencia amerindia (18.1) y asiática (7.8), en correspondencia con sus rasgos físicos. (Foto: Héctor Garrido).

Fueron cinco años de visitas periódicas a las montañas del este de la isla. «Convivimos con ellos por largos períodos, en ocasiones de hasta dos meses y medio, en sus casas, aprendiendo de su cultura y sus costumbres. Son comunidades asentadas en lugares aislados, difíciles de alcanzar, en travesías complicadas», comentó.

Fue así que se dio inicio al proyecto “Cuba Indígena”, un propósito a medio camino entre el arte y la ciencia, que plasmará sus resultados en dos libros, una gran exposición y un documental, cuyo objetivo es arrojar algo de luz sobre este controvertido e interesante reglón de nuestra historia y responder preguntas como: ¿Qué parte de cada cubano procede de su pasado indígena? ¿Cuánta información genética logró preservarse de guanajatabeyes, siboneyes y taínos, pese a su rápida desaparición? ¿Es cierto que el rastro es mínimo, y prácticamente inexistente?

Luego de seis expediciones al oriente de Cuba, del análisis de 1 109 pruebas de ADN, de obtener miles de fotografías; más de cinco años de trabajo de campo e indagaciones en comunidades aisladas, y búsquedas en múltiples archivos de España y Cuba, el primer libro vio la luz, publicado bajo el título “Cuba indígena hoy: sus rostros y ADN”.

De este maravilloso libro y de la página web del “Proyecto Cuba Indígena”, provienen gran parte de la información que con mucho gusto he compartido en Lo Real Maravilloso.

Nuestra historia continuará, en este viaje mágico cargado de poesía, que busca con afán, nuestras semillas más primitivas y autóctonas.

Viene de:

#HondaDeDavid

#PeriodismoCrítico

#Fotografía

#Historia

https://www.volfredo.com/


9 respuestas a “Legado aborigen de Cuba, vivo en la actualidad.

  1. Qué magnífica entrada con el documental de la agencia EFE que merece toda la credibilidad al ser una agencia solvente con muchos años de trayectoria informativa y con muchos profesionales internacionales trabajando. Las imágenes son fantásticas y demuestran realmente el legado aborigen de Cuba.
    Una gran investigación las que estás haciendo sobre ello, querido Volfredo. Gracias por compartir. Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta