El Hurón Azul es una modestísima casa de madera de tres habitaciones, situada en el actual municipio de Arroyo Naranjo, sede de la Casa Museo de igual nombre. Fue construida en el año 1939, utilizando materiales de segunda mano, en una finca que el pintor cubano Carlos Enríquez había recibido por herencia paterna. En esta casa el controvertido pintor vivió los últimos 18 años de su vida, hasta su muerte el 2 de mayo de 1957.

En su construcción se utilizaron materiales de segunda mano, agregando elementos de nuestra arquitectura colonial tales como el mediopunto y la reja con motivo de lira.
El nombre de la construcción se debe a un hurón azul que Carlos clavó sobre la puerta de entrada a la vivienda. Este fue teñido con azul de metileno para que armonizara con el color de las puertas y ventanas. El roedor había sido un regalo de un artista amigo.
El genial pintor cubano, llevo una corta vida marcada por la enfermedad, el alcoholismo, las contradicciones y las desavenencias.
De muy joven, su familia decidió costearle estudios de ingeniera en los Estados Unidos; pero una vez allí se trasladó a Pensilvania, para matricular en la Escuela de Bellas Artes de Pensilvania, de donde sería expulsado por contradicciones con los profesores, centradas en cuestiones estéticas.
Al regresar a Cuba, en 1925, lo hizo acompañado por la pintora norteamericana Alice Neel, con quien contrajo matrimonio poco más tarde y tuvo dos hijos, Santillana del Mar (por el nombre de una localidad española) e Isabel. La primera de ellas murió antes de cumplir el primer año de vida. Para 1930, Carlos Enríquez había abandonado a su esposa y pone fin a sus turbulentas relaciones.
Es en esta década cuando Carlos Enríquez abandonó de plano el academicismo nacional y ofrece su propia propuesta pictórica con un estilo nuevo, audaz, que muchas veces resultó escandalosa, debido al tratamiento explícito del desnudo, que resultaba controversial para la época.
El audaz pintor vive una suerte de era creativa de oro, con la paternidad de obras antológicas, que marcó una etapa fecunda entre 1939 y 1946.
Llega a la malhadada década de los años 50, con un fuerte declive de su salud a consecuencia de su vida bohemia llena de contradicciones, sus múltiples excesos y el alcoholismo.
Es en la etapa final de su vida, los delirios alcohólicos hacen presa de su raciocinio y su imaginación se vuelca sobre la vivienda que le da refugio. Surgen entonces los enigmas fantasmagóricos de los pasos pintados de blanco en los peldaños de la escalera que conducen al segundo piso, y el mural de las bañistas desnudas en la pared que rodea la chimenea, el que impresiona por su estilo, sensualidad y erotismo. Sí, no es errata, Carlos Enríquez dispuso de una chimenea de leña con elevada boca en el tejado, en contrapunteo total con el calor de los trópicos y en concordancia plena con sus delirios.
El Hurón Azul, vivienda y refugio del artista, ha adquirido con el andar del tiempo un halo legendario, representación del vivir bohemio y las celebraciones orgiásticas que en él se celebraron; donde en ocasiones la concurrencia a las tertulias y espacios de diálogo superaba las cien personas y se hablaba en seis idiomas. No en balde se afirma, que, de una manera u otra, toda la intelectualidad habanera de la primera mitad del siglo XX desfiló por sus jardines.
Gastados los últimos centavos de la herencia paterna, Carlos Enríquez quedó solo. La etapa final de su vida está igualmente marcada por la tristeza, la turbulencia en sus relaciones personales, y el abandono de familiares y amigos, hasta que, en un amanecer de mayo de 1957, el ahora solitario pintor, es encontrado muerto en el pórtico de su soñada morada, acompañado tan solo de su fidelísimo perro Calibán, que permanecía a su vera.


Nadie discute hoy, que El rapto de las mulatas, su obra más conocida, premiada en 1938, y custodiada en la actualidad en la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, sigue invitando al deleite desde la violencia del mensaje, sensualidad, movimiento y estallido de cálidos y transparentes colores tropicales, propios del mundo real y maravilloso americano.
Carlos Enríquez Gómez (3 de agosto de 1900 – 2 de mayo de 1957) fue un pintor, ilustrador y escritor cubano. Formó parte del movimiento Vanguardia, uno de los momentos más fructíferos en la cultura cubana. Junto con Víctor Manuel, Amelia Peláez, Fidelio Ponce y Antonio Gattorno contribuyendo a la riqueza cultural pictórica de Cuba.
De 1927 a 1930, Carlos Enríquez residió en Nueva York, donde se casó con la pintora estadounidense Alice Neel. Después de su estancia en Nueva York, hizo un breve tránsito por La Habana y luego viajó a Europa, donde permaneció hasta 1933. Residió principalmente en Francia y España, aunque también visitó Italia e Inglaterra. En Europa, alcanzó su madurez y pintó algunas de sus obras capitales. En un primer tiempo, su estilo se caracterizó por la fuerte influencia del surrealismo y el expresionismo imperante en Europa.
Una de sus obras más interesantes es “Virgen del Cobre”, que se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana. Esta pintura subvierte la iconografía manida del afrocubanismo y pone en diálogo la imagen tradicional del catolicismo con su equivalente en la santería, Ochún. Con esta obra, Enríquez fue uno de los primeros artistas en percibir y mostrar la hibridación cultural y preanunciar una línea pictórica que alcanzaría una mayor difusión en décadas posteriores.
Su obra más destacada es “El rapto de las mulatas”, concebida en 1938. Esta pintura es considerada una de las más importantes de la pintura cubana debido a sus características visuales y técnica empleada.
En su obra artística, Carlos Enríquez se destacó por su forma de reflejar la belleza del cuerpo femenino y los símbolos propios de la nacionalidad cubana: la palma real, lo mestizo y la luz del trópico. Sus cuadros se encuentran en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, con escasos lienzos en colecciones privadas.
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Muy interesante, Volfredo que tengas un lindo y bendecido día..
Un abrazo cálido.
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Gracías Elvira, feliz y bendecido fin de semana también para tí, con el abrazo caribeño de siempre.
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A ti Volfredo, feliz y bendecido fin de semana también. Cálido abrazo.
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💜
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Gracias Christine y feliz fin de semana
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Thanks for sharing this fascinating glimpse into the life and artistry of Carlos Enríquez Gómez!
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Thank you very much for your comments and welcome to Lo Real Maravilloso, a place where good art and magic go hand in hand. Happy weekend.
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Muy interesante, Volfredo. Muchas gracias y feliz fin de semana.
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Gracias a tu pluma y conocimientos seguimos conociendo historias muy bonitas a la vez que interesantes. La casa El Hurón Azul me recuerda mucho a las casas de colores que tenemos en Canarias. Un abrazo!!!
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Se trata de una escentricidad de un pintor famoso por ellas y sus delirios alcohólico que al final lo llevaron a tener una vida y obra muy desordenadas. Un abrazo y linda noche para tí
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Hermosas pinturas. Más allá de su vida desordenada, vaya uno a saber por qué, fue un artista.
Cerca de donde vivo, hay un arroyo que se llama Naranjo. Cuando llueve mucho se desborda y hace intransitable la zona cuyos caminos son de tierra.
Gracias por compartir esto que para mí al menos, era desconocido.
Buenas noches Volfredo.
Un abrazo
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En realidad, es así, un pintor excepcional de formación académica, que destruyó su vida en el vicio y el desorden. En gusto desearte una feliz semana y hacerte llegar un cordial abrazo.
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