Penélope: el mito detrás de la canción.

Juan Manuel Serrat puso la voz y la letra a “Penélope” en 1969, junto con Augusto Algueró, que compuso la música. La canción se convirtió en un clásico y es considerada una de sus mejores propuestas musicales.

Penélope cuenta una historia de amor que termina en tragedia y está inspirada en la mitología griega citada por Homero en La Odisea. La canción es un logrado ejemplo de cómo un tema de la literatura universal antigua puede convertirse en canción popular.

Penélope / Video oficial / HD / Joan Manuel Serrat.

La canción “Penélope” cuenta la historia de una mujer que espera en un banco, sentada en el andén, a que llegue el tren que trae de vuelta a su prometido, mientras se abanica. Dicen en el pueblo que un caminante paró su reloj una tarde de primavera y le dijo adiós, prometiendo volver antes de que cayeran las hojas de los sauces. Sin embargo, el tiempo pasó y Penélope quedó esperando, triste y sola, mientras los trenes pasaban uno tras otro.

La canción es una metáfora sobre el paso del tiempo y la espera infructuosa. Se trata de una conmovedora melodía que ha logrado tocar el corazón de muchas personas.


Joan Manuel Serrat es un cantautor, compositor, actor, escritor, poeta y músico español nacido en Barcelona el 27 de diciembre de 1943. Es conocido también con los sobrenombres de “El Noi del Poble-Sec” (‘el chico del Pueblo Seco’, su barrio natal) y el Nano.

“Penélope”, el clásico irresistible que consagró a Joan Manuel Serrat.

Serrat fue premiado con la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio «por su brillante carrera y su contribución a la cultura y el arte español». Algunos de sus temas de más éxito son versos musicalizados de distinguidos poetas de lengua española y catalana como Mario Benedetti, Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Joan Salvat-Papasseit y León Felipe, entre otros; abarcando géneros diversos, como el folklore catalán, la copla española, el tango, el bolero y el cancionero popular de Latinoamérica.

Serrat sigue siendo una figura muy activa en la cultura española. Durante el año en curso, ha recibido los premios: “Nacional de Cultura de la Generalitat de Cataluña” y el “Premio Abogados de Atocha”, por su defensa de la libertad.

La verdadera Penélope: Ni castiza, ni santa.

Los historiadores de la Grecia Antigua, han recogido durante siglos la historia de Penélope; esposa del rey de Ítaca, nombrado Odiseo o Ulises, y madre de Telémaco. Es un personaje de la Odisea, uno de los dos grandes poemas épicos atribuidos a Homero. Se la suele representar mirando al mar, esperando ver el barco que traerá de retorno a su marido, o tejiendo y destejiendo un paño de tela, para ganar tiempo y evitar a los pretendientes.

Penélope fue la esposa infeliz de Ulises por mucho tiempo. Al año de casada y acabado de nacer su único hijo Telémaco, su amado esposo marchó, contra su voluntad, a una guerra que había de prolongarse diez años. El viaje de regreso fue peor, pues odiado por Poseidón y víctima de la imprudencia de sus hombres, permaneció en el mar otros diez largos años.

Todos decían que había muerto. Solo Penélope, en el fondo de su corazón, sabía que vivía. Permaneció fiel a su memoria, esperando su regreso, asediada por hombres que devoraban su hacienda y la obligaban a desposar a alguno de ellos. Les prometió que elegiría cuando terminara de tejer la mortaja de Laertes, su suegro; con ello contuvo sus propuestas matrimoniales ganando tiempo. De día tejía y de noche deshacía su labor para evitar tener que tomar una decisión.

Sin embargo, la estratagema se descubrió al ser delatada por una sirvienta, y los nobles comenzaron a insistir en una inmediata decisión de matrimonio.

Mientras tanto, Ulises había regresado a Ítaca. Atenea, que lo protegía y buscaba la destrucción de los pretendientes, le ordenó disfrazarse, y cambiar su apuesto porte por el de un anciano decrépito y harapiento. Así, acompañado del buen Eumeo, el porquerizo de la hacienda, que lo reconoció a pesar de su disfraz, acudió al palacio, indignado por la actitud de los nobles de la isla. Ya su hijo Telémaco había regresado a palacio del viaje que había emprendido en busca de su padre. La presencia del príncipe contenía las traiciones de los pretendientes.

Juntos, Ulises y su hijo prepararon un plan para acabar con la vida de pretendientes de su esposa. Telémaco iría a la mañana siguiente a palacio; el padre acudiría a los tres días con el pastor. Dejarían que le ultrajasen, prepararían las armas y, con la ayuda de Atenea, los matarían a todos.

Según el plan trazado, ordena a Eumeo que condujese al supuesto anciano a la población cercana para mendigar comida y bebida. A los tres días, este condujo al anciano a la ciudad. Al ver al falso mendigo en el umbral de la puerta, los arrogantes pretendientes lo abofetean y le arrojan vino en la cara cuando pidió limosna y comida. No fue este el único desprecio que Ulises recibió en el palacio. También las esclavas que estaban a su servicio le injuriaron.

Esto llegó a oídos de Penélope, que reprochó su actitud e hizo venir al anciano a sus aposentos para preguntarle si tenía noticias de Ulises. Este le contó que era cretense y había ofrecido hospitalidad a Ulises en su ciudad. Le pidió pruebas de lo que decía; él le describió su forma de vestir. Ella no pudo contener el llanto, desconfiaba de sus palabras, no lo creyó; no obstante, le confió sus planes para el futuro: colocaría en línea recta doce cabos de hacha para hacer pasar, como solía Ulises, una flecha por sus orificios alineados. Ella elegiría a aquel que manejase mejor su arco, lo armase e hiciera pasar la flecha por la peculiar diana. El anciano le respondió que no difiriera por más tiempo ese certamen, ya que su esposo llegaría antes que ellos y les vencería.

Penélope, siempre en espera de la llegada del esposo, no sospechó que este era el forastero andrajoso. Entra en la sala donde están los pretendientes y anuncia su nueva estratagema: desposará a aquel que consiga tirar la flecha con el arco de Ulises, atravesando doce orificios hechos en otros tantos cabos de hachas puestos en fila. Traen el tenso arco perteneciente a Ulises. Uno a uno, los candidatos intentan tender el arco, pero aun empleando toda su fuerza, nada consiguen. Entonces se aproxima el anciano mendigo. Todos se burlan de su figura grotesca. Lo desafían. Él finge gran esfuerzo para tender el pesado arco. Pero alcanza el blanco fácilmente y, después, riendo, vuelve a colocar flechas en el arco y mata uno a uno a todos los pretendientes.

Al saber Penélope de quién se trata, la reina no puede creer tanto bien, tanta alegría. Como loca, sale corriendo por los salones del palacio en busca de su marido. Lo encuentra sin tardar. Frente a frente, en el centro de la sala, los esposos se miran extasiados. Aun tras su victoria dudó de su identidad, tan larga había sido su espera, tanto habían cambiado en todo, menos en sus sentimientos.

Lentamente, sin hablar palabra entran en el cuarto conyugal. Ella no le quiso reconocer hasta que él le relató detalles de su noche de bodas que solo ellos podían conocer.

Homero cuenta, en su bello relato mítico, que la diosa Atenea alarga la noche para que los esposos puedan disfrutar de su mutua compañía y gozar del amor, en una intimida protegida por los dioses.

Penélope ha permanecido en la historia como un ejemplo de perseverancia y fidelidad conyugal, que inspiró a Serrat su preciosa letra y melodía.

Leyendas humanizadas, dudan de Penélope.

Algunas leyendas más objetivas y menos crédulas, afirman, de forma simple, que Odiseo repudió a Penélope a su regreso a Ítaca y la mató por sospechar de su castidad. Mientras que otras versiones posteriores del mito, aseguran que Penélope era un personaje complejo y ambiguo, que mostraba tanto fortaleza como debilidad, y sentía resentimiento hacia su esposo por haberla abandonado. Estas versiones la acusan de haber sido infiel a Odiseo con el dios Hermes, con quien habría engendrado al dios Pan; señor de los pastores y los rebaños, con aspecto de cabra, que gustaba de tocar la flauta y perseguir a las ninfas.

Una tercera leyenda mitológica describe que Penélope se casó con Telégono, el hijo de Odiseo y la maga Circe. Telégono creció en la isla de Eea, donde Circe le enseñó los secretos de la magia. Un día, Telégono quiso conocer a su padre y partió en busca de él. Llegó a Ítaca justo cuando Odiseo había regresado y había matado a los pretendientes. Sin reconocerse, Telégono y Odiseo se enfrentaron y el joven hirió mortalmente al viejo con una lanza envenenada, desconociendo que era su padre biológico. Penélope, al ver morir a su esposo, se llenó de dolor y corrió a abrazarlo, fue entonces cuando Telégono se dio cuenta de su error y se arrepintió profundamente. Circe apareció en ese momento y les reveló la verdad. Para consolarlos, Circe les ofreció el don de la inmortalidad y los llevó a su isla. Allí, Penélope y Telégono se enamoraron y casaron, viviendo felices por toda la eternidad.


Leyenda y mitología griega hay para todos los gustos, y los datos recogidos por los historiadores durante siglos avalan múltiples versiones con sus diferentes interpretaciones. Dejo el final de la entrada al libre arbitrio, para que cada cual se sienta en libertad de juzgar la fidelidad de Penélope durante sus 20 años de espera.

Serrat tomó partido, él consideró a Penélope la esposa fiel, virtuosa, desdichada y maltratada por la historia. Por el contrario, Lo Real Maravilloso recomienda cautela y prestar atención a varias fuentes de la historia, antes de emitir ingenuos juicios.


Colabores destacados. Los comentarios también cuentan y enriquecen la historia.

Oscar Reinaldo Díaz Mizos

Serrat y Homero, muy bien tratados por Volfre, tienen el don de la permanencia, por su calidad. Odiseo, de la mano de Homero, ha acompañado a numerosas generaciones: teatro, música, literatura, pintura y bellas artes en general, recrean, aumentan o disminuyen sus proezas y esa espera angustiosa de Penélope.

Serrat, ha permanecido igual, prolífero en música textos y originalidad. El catalán fue un soplo de aire nuevo, cuando a finales de los 60 y en la década de los 70, cuando las grandes estrellas del rock estaban en auge y canta autores de calidad (incluidos los cubanos), saciaban las hambres culturales de los más exigentes oídos contemporáneos. Pero su simpatía, carisma y un sello personal innato, muy pronto le hicieron imprescindible. Vino acompañado de Machado y Miguel Hernández, que salieron de las aulas para cantar en las esquinas, veladas, convites, doquiera que hubiere una guitarra y voces audaces: La saeta, La mujer que yo quiero, Mediterráneo, Pequeñas cosas, Poco antes de que den las diez, Señora, Penélope, entre otras quedarán por siempre, porque fueron y son joyas. Pero una, de su propia autoría (cosa que dudé hasta que la prueba fue indubitable), sigue siendo mi preferida. Y estoy seguro que muy difícil sería que al oírla aquí y ahora, no haga escapar lágrimas: Pueblo Blanco: Me conmueve, entre otros ese verso: «escapad gente tierna, esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que hoy no te da…»

Magdalena Sosa

Sea cual sea la verdadera historia de Penélope, la canción de Serrat ha quedado en el tiempo, como tú señalas, como ejemplo de fidelidad. Soy fan de Serrat y me gustan todas sus canciones. Un abrazo.

Ismael Portieles

Hermoso relato amigo mío y fiel a la literatura de Homero te lo aseguro porque más de una vez lo he leído

Un abrazo desde Marbella.

Verona Bonce

Una de mis canciones preferidas e icónica en la carrera de Serrat. Esa y «Mediterráneo» han sido de las más difundidas y que marcaron su popularidad.

Con la misma canción triunfó Diego Torres, en una versión maravillosa pero jamás otro cantautor la interpretará, como el catalán.

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13 respuestas a “Penélope: el mito detrás de la canción.

    1. Mi niña, en la antigua Grecia, los personajes mitológicos y las heroínas de sus leyendas también tenían pasiones humanas, ni tan nobles ni tan santas, aunque Ulises se dé por vencido y Serrat insista en cantar lo contrario. Feliz fin de semana

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  1. Me quedo sin palabras…

    Mi canción predilecta. Tierna, romántica, quizás algo triste… pero bellísima.

    Desconocía la antigua historia griega. PERO ME QUEDO CON EL SENTIMIENTO QUE NOS HACE VIVIR ‘SERRAT’ CON SU MELODÍA. ¡¡¡ES ÚNICO!!!

    Gracias por compartirlo. Un abrazo.

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