En busca del tiempo que he perdido

Para escribir sobre los cien años de soledad que he vivido en Macondo de Ávila (ciudad de 153 mil habitantes situada en el centro de la isla de Cuba), una premisa he dado por establecida: Debo describir en sentido lineal la historia de las siete generaciones de Buendía que habitaron el poblado antes que yo, y a partir de la raíz originaria ancestral, José Arcadio y Úrsula Iguarán, desdoblar la cronología de forma ordenada, generación tras generación, partiendo del matrimonio que casó a los primos en una atmósfera de malos presagios y temores por su parentesco y el mito existente en la región, que asegura que la descendencia del matrimonio entre parientes puede nacer con cola de cerdo.

Dentro de cada generación, la vida de sus integrantes comienza en el nacimiento y asciende de forma lineal, se desarrolla, llega a la adultez, envejece y muere. De describirlo así, ganarás el elogio de los críticos, por ser un escritor lógico y coherente.

Debe hacerse así porque así se ha hecho desde el comienzo de la literatura, cuando Aristóteles, hace ya más de dos milenios, dejó sentado los preceptos que gran influencia han tenido y mantienen sobre la historia intelectual, y las culturas de occidentes.

Los preceptos de Aristóteles, derivan de los pasajes de su “Poética” y con posterioridad se establecieron como criterios propios de la literatura neoclásica. Estos son:

  • Unidad de acción: la obra debe seguir el curso de una única acción principal, sin desviarse en acciones secundarias, esto es, debe contar una sola historia.
  • Unidad de tiempo: la acción no debe transcurrir en un tiempo superior a las 24 horas, y debe ser lineal, sin anacronías (saltos temporales al pasado o futuro).
  • Unidad de lugar: la obra debe representarse en un espacio físico único, sin intentar comprimir la geografía representando más de un lugar.

Las unidades clásicas mantuvieron su influencia en la crítica teatral hasta la irrupción del teatro romántico, con el sonoro escándalo de la «Batalla de Hernani» (Victor Hugo, 1830), escritor que rompe en esta obra su compromiso con las preceptivas aristotélicas.

Pero sin propiciar dudas, el golpe final, el gran pistoletazo a la coherencia y linealidad del tiempo, no llego hasta 1913, año en que fue publicado “En busca del tiempo perdido” magistral novela icónica del escritor francés Marcel Proust.

Marcel Proust (10 de julio de 1871-París, 18 de noviembre de 1922).

“En busca del tiempo perdido”, es un monumental ciclo narrativo que rompe con la linealidad y sentido único y progresivo del tiempo mediante un descomunal ejercicio de la memoria, Proust reviste su biografía de ficción para averiguar quién es realmente y se pregunta; si ha aprovechado o malgastado la vida.

Debilitado por el asma, Proust abandona muy joven la vida social y se enclaustra de forma voluntaria, en el 102 del bulevar Haussmann en París, donde pasará quince años escribiendo de noche y durmiendo de día, según contó su criada Celeste Albaret. Allí se gestaron las cinco mil páginas de la enciclopédica obra.

Proust no es ingenuo, sabe que: «no podemos recobrar el tiempo tal como fue. La memoria reelabora lo vivido, añadiendo, restando, modificando, deformando. La escritura está sometida a la elipsis, el olvido y la pérdida. El tiempo se desmigaja poco a poco y solo podemos rescatar fragmentos».


El mundo no ha sido el mismo después de Proust. El impacto y la influencia de “En busca del tiempo perdido” en la literatura y en el quehacer cultural del siglo XX ha sido tan importante que, sin temor a exagerar, se puede decir que la historia de la novela universal se divide en dos partes: antes de Proust y después de Proust.

Marcel Proust | Señor del tiempo. Alba editorial conmemora el centenario de su muerte con una monumental y soberbia edición en tres tomos de ‘En busca del tiempo perdido.

Los amantes de la lectura de Proust pueden tener la seguridad de que el autor es eterno, su culto no tiene fronteras y sus seguidores son incontables. Si creemos en lo mismo que él escribió, “…dicen algunos filósofos que el mundo exterior no existe y que es en nosotros mismos donde transcurre nuestra vida…”, llegaremos a entenderle y comprenderemos su éxito.

“En busca del tiempo perdido” es un universo de riqueza casi inagotable. En sus páginas, Proust nos habla con finura y clarividencia inigualables sobre temas de interés universal como la pasión amorosa, la emoción artística, la memoria, el recuerdo y de manera especial y protagonista, el inexorable paso del tiempo.

Rompiendo con el estilo narrativo de Balzac, Zola o Flaubert, los grandes maestros literarios del siglo XIX, que aplicaban en sus novelas la representación del mundo real tal cual es, Proust, como gran innovador, busca observar y describir el mundo interior de los personajes por encima de la fugacidad de los seres y hechos. Es esta psicología a lo largo del tiempo lo que constituye la originalidad de Proust. Por ello, a diferencia de la escritura de Balzac o Flaubert, el curso de la historia no es ni lineal ni cronológica.

Marcel Proust. bbc.com

La otra gran innovación de Proust es el cambio excepcional en relación a la acción, el espacio, el tiempo y los personajes, es decir, los cuatro elementos que forman el basamento de la novela tradicional. Es innegable que el tiempo es el tema principal de la monumental novela de Proust, y la memoria es su materia. A lo largo de la novela, la acción sigue siendo secundaria, mientras el tiempo juega un papel importante, y todo nos empuja a él. El lector está constantemente obligado a navegar en el tiempo, a saltar siguiendo el hilo de la memoria del narrador. La ruta recorrida por el narrador o la historia del narrador no es cronológica ni lineal.

Lo que a Proust le interesa no es la descripción de la realidad, sino la forma psicológica en que el narrador interpreta y siente esa realidad, tanto en el pasado como en el presente. A diferencia de la novela tradicional, pone en un segundo plano la acción, la intriga y el tiempo lineal, y confiere el protagonismo a las personas y los sentimientos internos.


Escribir para un blog realista y mágico, me ha llevado a muchos rompimientos con mi pasado intelectual; el más significativo de ellos: abandonar para siempre la redacción científica y su rigurosidad narrativa. Primero arribaron a mis nuevas letras los gerundios y las conjugaciones verbales poco habituales o en desuso; así como “vos haríais si pudiese intentarlo”. Luego toca abordar las metáforas de la vida desde el recuerdo y el flujo asimétrico de su temporalidad en el más expedito de los tiempos prusianos y, por último, emulando la narrativa del psicoanálisis, permitir que el inconsciente fluya en forma de monologo interior, tal como hizo James Joyce en su Ulises.

Ha sido todo un proceso, arduo y rompedor, ahora toca asumir mi nueva redacción y personalidad literaria, siempre tras la búsqueda del tiempo que he perdido.


  • Úrsula, Úrsula,

Así vociferaba José Arcadio mientras penetraba a galope en la cocina.

  • Acabo de descubrir mi nuevo estilo literario, creo que al fin me he encontrado.
  • Y, ¿a quién le importa eso José, a quién le importa?, no te das cuenta que estás ya muy viejo.
  • Acaba de aterrizar y ayúdame, que no doy para más.

Así le respondió Úrsula sin prestarle atención, mientras hervía en una rustica hoya, agua del Magdalena con la intención de hacerla potable.

Nada fue ni será, los hechos simplemente existen en la inmortalidad de la escritura y el arte.


#LoRealMaravilloso

#Existencialismo

#LiteraturaUniversal

#LiteraturaMágica

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4 respuestas a “En busca del tiempo que he perdido

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