El tesoro que trago el mar.

El galeón “Señor San José”, nave capitana de la Flota de Tierra Firme, partió el mes de mayo 1708 junto al “San Joaquín”, nave almiranta y diez buques de carga desde Cádiz con destino a Cartagena de Indias, a sabiendas de la presencia de buques ingleses hostiles. Eran tiempos de la Guerra de Sucesión Española y el rey Felipe V ordenó que se le brindara una fuerte protección representada en 26 navíos.

En mayo arriba el galeón a Cartagena, con la idea de dirigirse a Portobelo, para recoger una gran cantidad de oro, plata, y otros objetos valiosos que provenían del Virreinato del Perú, enorme posesión española que abarcaba gran parte del territorio de Sudamérica, incluida Panamá.

Los impuestos oficiales y las mercancías privadas del Perú fueron llevados por mar desde Callao a Panamá y desde ahí por tierra hasta Portobello. El plan de viaje de la armada preveía que los barcos regresaran a Cartagena de Indias, y luego a La Habana, antes de cruzar el Atlántico y regresar cargados con la riqueza de las Américas a su destino final en Cádiz; España, donde el oro sustraído con fuerza y sangre a los oriundos pobladores del continente americano, pasaría a engrosar una vez más, las arcas de la corona.

El capitán del San José, general José Fernández de Santillán, fue advirtiendo durante su estancia en Cartagena. Un grupo de naves inglesas fuertemente artilladas merodeaban el área, bien informados por sus espías y en permanente acecho.

Inglaterra conocía que durante 6 años el Imperio español no había recibido oro de sus colonias, así que despliegan doce navíos por los sitios estratégicos por donde, se suponía, debía pasar la flota española con los tesoros. El comodoro inglés Charles Wager tenía conocimiento de que la flota de Casa Alegre se encontraba anclada en Portobelo y ordenó el patrullaje de la zona comprendida entre las islas del Rosario y los bajos de Salmedina.

En Portobelo se discutió durante dos largos y tediosos años, si era seguro que el galeón zarpara de regreso a Cartagena. No obstante, y a pesar de que la mayoría se negaba a salir, el tedio se impuso sobre la cordura, y el capitán Fernández determinó que lo más conveniente era zarpar, entre otras razones, para no perder la ayuda ofrecida por el general francés Abraham Duquesne, que se ofreció a escoltar al San José y su flota acompañante, en su regreso a España.

Fernández consideraba que el galeón que capitaneaba y su numerosa escuadra acompañante, contaban con el blindaje suficiente para detener el ataque de los ingleses. San José estaba armado con 62 cañones de bronce y aproximadamente 600 hombres, entre ellos el Capitán General Conde de Casa Alegre, con larga y exitosa experiencia en combates navales.

Entre los buques escoltas, se encontraba el galeón “San Joaquín”, comandado por el Almirante Don Miguel Agustín de Villanueva, con 62 cañones y 500 hombres a bordo y un barco más pequeño, el “Santa Cruz”, comandado por Don Nicolás de la Rosa (Conde de Vega Florida), que transportaba alrededor de 300 hombres y 44 cañones. Completaban la flota española, doce buques mercantes adicionales, de modo que la armada total constaba de 17 buques para organizar una defensa cerrada frente al inminente ataque de la armada inglesa.

Al finalizar la feria mercantil en Portobello, la armada partió rumbo a Cartagena el 28 de mayo de 1708. El 8 de junio, mientras navegaban a la vista de la isla de Rosario, distante unas 30 millas del puerto de Cartagena, en la península de Barú, los ingleses atacaron y el escuadrón naval inglés dirigido por el comodoro Charles Wager arremetió con toda su potencia de fuego y metralla, contra los barcos españoles.

Batalla de Barú, 30 de junio de 1708.

El navío “Expedition” capitaneado por Charles Wager en persona, fue directo a la captura del San José, abriéndose paso a cañonazos hasta encontrarse a unos trescientos metros; distancia en que lanza la primera andanada con intenciones claras de abordaje y mantenía fuego cerrado sobre el velamen y timón, para impedir que el San José pudiese darse a la fuga.

Con muy poca puntería por parte del San José, los dos navíos se acercan hasta los 60 metros y el “Expedition” con todos sus hombres en cubierta dispuestos para el abordaje, observa atónito, como el San José estalla en mil pedazos, dañando también al “Expedition” y a su asombrada tripulación, que observaba como el mar tragaba de repente el lujoso botín al que aspiraban.

Galeón San José en la batalla de Barú. Detalle de una pintura de Samuel Scott. Collection National Maritime Museum, Londres.

Los informes acerca del hundimiento de cada parte son contradictorios en cuanto a lo sucedido esa noche a bordo del San José. Los ingleses afirmaron que fue una explosión intensa. Sin embargo, la versión oficial española rechaza la idea de una explosión, y en su lugar afirma que daños previos a la estructura, provocados por un encallamiento que sufrió el galeón a la salida de Cartagena, y por la vibración producida por los cañones durante la batalla, provocaron que se abriera de repente el casco del navío al mar.

En realidad, se desconoce con certeza lo sucedido al San José en su hora final, el hundimiento ocurrió por la noche y el galeón se encontraba lejos de los otros buques escoltas. Sin embargo, todas las versiones coinciden en que el hundimiento ocurrió tan rápido que no hubo tiempo para salvar nada de la preciada mercancía que contenía el barco, ni salvar a la tripulación, de la que solo sobrevivieron 12 marineros.

El hundimiento del San José dio a los ingleses la oportunidad de capturar el Santa Cruz. Ese barco se rindió alrededor de las 02:00 horas del 9 de junio. Otros barcos fueron dispersados y uno fue quemado para evitar fuese capturado por los ingleses. Solo doce de las naves restantes del escuadrón naval llegaron a salvo a Cartagena.


La realidad histórica, bien documentada por ingleses y españoles en los informes dirigidos a sus respectivas coronas, permite afirmar sin margen de dudas, que el 8 de junio de 1708, mientras navegaban a la vista de la isla de Rosario, a unas 30 millas del puerto de Cartagena, el galeón San José, perteneciente a la corona española, se hundido de repente con su enorme cargamento de oro, tras escucharse un estallido ensordecedor.

¿De cuantas riquezas estamos hablando?, solo adelanto, que estamos tras los pasos del tesoro naval sumergido, más grande y fabuloso de la historia de humanidad, que yace en las profundidades del mar Caribe, en espera de la próxima visita de lo Real Maravilloso.

#LoRealMaravilloso

https://www.volfredo.com/


4 respuestas a “El tesoro que trago el mar.

  1. Interesante relato. Lo conocía en parte pero no con ese nivel de detalles. Espero con ansias la continuación para saber a cuanto ascendía el tesoro q transportaba. Felicidades 👏 amigo por darnos la oportunidad de incrementar nuestro saber.

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