Lo esencial es invisible a los ojos.

Hay imágenes que no solo conmueven: narran. Este collage de cuatro retratos digitales, nítido y vibrante, nos cuenta la historia de un niño y una niña que se han convertido, desde su nacimiento artificial, en los protagonistas de nuestro atlas digital. Ellos cargan en su espalda a una criatura dormida —su hermana, su reflejo, su promesa— mientras el mundo cambia a su alrededor.

Observar a esos niños que sostienen la esperanza; devuelve la confianza en la ternura como fuerza transformadora.

Cada escena de la serie es un poema visual. Cada estación, una metáfora del tiempo que pasa y del amor que permanece. Los niños no cambian: cambia el mundo a su alrededor. Ellos lo atraviesan con su carga sagrada, como pequeños capiteles que sostienen la esperanza.

En tiempos donde el ruido nos distrae del gesto esencial, esta imagen nos recuerda que cuidar es un acto de resistencia silenciosa. Que el amor fraterno, cuando se lleva a cuestas, se convierte en raíz y en destino.

Antoine de Saint-Exupéry nos legó a través de su Pequeño Príncipe que: “Lo esencial es invisible a los ojos”, pero puede revelarse en un niño que auxilia a otro, en una flor que brota desde el vacío, en una mirada que no pide nada y lo entrega todo, en esos pequeños detalles que son la verdadera esencia de nuestras vidas.

Nota: Las imágenes pertenecen al Atlas de la ternura, álbum digital dedicado a los niños, en proceso de edición.


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