Influencers: los acróbatas del circo mediático.

En la era digital, donde la vida se mide en corazones rojos y seguidores que se multiplican como espejismos, ha surgido una profesión que parece prometer gloria inmediata: la del influencer. Pero bajo ese brillo, se esconde un riesgo que la sociedad apenas comienza a reconocer.

. Hemos convertido la creatividad mediática en un espectáculo de alto riesgo, y la juventud paga el precio más alto.

El afán de ser visto, de conquistar la atención fugaz de un público invisible, ha convertido a muchos en acróbatas de un circo mediático. Caminan sobre la cuerda floja de la viralidad, arriesgando su cuerpo y su mente en desafíos que, más que entretenimiento, son apuestas contra la vida. Escalan edificios sin protección, se lanzan a retos absurdos, se exponen a la violencia que acompaña la visibilidad pública. Y en esa carrera por el like, la muerte temprana se vuelve una sombra demasiado cercana.

Los ejemplos son tan trágicos como reveladores: la influencer china Xiao Qiumei, que cayó al vacío mientras grababa un video en una grúa; el ruso Pavel Kashin, que perdió la vida intentando un salto acrobático para sus seguidores; la mexicana Sofía Moreno, víctima de un accidente automovilístico mientras transmitía en vivo; o el joven indio Rohit Bhati, que murió en un choque tras grabar un reto viral. Historias distintas, un mismo hilo conductor: la búsqueda de atención que termina convertida en epitafio.

No existen estadísticas oficiales que lo confirmen, pero los casos se repiten con inquietante frecuencia. La repetición de estas tragedias sugiere un patrón: la profesión del influencer, nacida del deseo de ser visto, se ha transformado en una profesión de riesgo vital.

Nuestra hipótesis es sencilla y dolorosa: el influencer es el nuevo funambulista de la modernidad, un artista que arriesga su existencia en el escenario invisible de las redes sociales. Su oficio, que debería ser celebración de creatividad, se ha convertido en un pacto con el peligro, donde la fama se confunde con la fragilidad y la vida se sacrifica en el altar de la viralidad.

Ante esta triste realidad me pregunto: ¿qué sentido tiene la gloria si se apaga tan pronto? Quizás lo real maravilloso de nuestra época no esté en la fugacidad de un like, sino en la permanencia de los gestos humanos, en la palabra que une, en la amistad que resiste.


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