Tres años de cuidado silencioso no quedaron en la penumbra de un apartamento. El hermano mayor de Dan, Mark Jury, fotoperiodista, decidió documentar aquella experiencia con imágenes íntimas y austeras. Así nació en 1976 el libro Gramp, un fotolibro que vendió más de cien mil copias y que obligó a la sociedad a mirar de frente lo que tantas veces se oculta.

Dicho sin adornos: Gramp es el testimonio visual del cuidado prolongado en el ámbito doméstico. No es novela ni ensayo, es un documento simple que desgarra. Fotografías en blanco y negro, directas, íntimas, acompañadas de textos breves que contextualizan sin explicar en exceso ni edulcorar la escena.
El libro muestra la vida cotidiana de Frank Tugend en su deterioro final; la relación silenciosa entre abuelo y nieto; el progresivo apagamiento de la identidad humana, sin ocultarlo ni dramatizarlo. No hay puesta en escena. No hay estetización del sufrimiento. Lo que se ve es la vida cuando ya no es productiva, pero sigue siendo vida.
Gramp no explica el amor del cuidado: lo demuestra. Y al hacerlo, obliga al lector a mirar aquello que normalmente se prefiere delegar, esconder o aplazar. Por eso, este viejo fotorreportaje sigue siendo relevante: porque no ofrece consuelo fácil, pero sí verdad humana.
“Gramp” es una palabra del inglés coloquial que significa abuelo. Más exactamente, es una forma afectuosa e informal de decir grandfather, equivalente en español a: abuelo, abuelito, el viejo (en sentido cariñoso). En el contexto del libro, no es un título literario, sino un nombre íntimo, casi doméstico. Es la manera en que la familia se refiere a Frank Tugend, no como figura histórica ni como enfermo, sino como lo que siempre fue: el abuelo.
Elegir Gramp y no Grandfather o Old Man tiene un peso simbólico. En español podríamos traducirlo como “El abuelo”, sin perder ese matiz oral, breve, íntimo, casi susurrado, que convierte la palabra en un gesto de ternura y memoria.
