“El bosque se iba reduciendo, pero los árboles seguían votando por el hacha.
El hacha, astuta, los había convencido de que, como su mango era de madera, era uno de ellos.”

Hay proverbios que no describen una época, sino una fragilidad humana. Este, nacido en la sabiduría popular turca, conserva la claridad de una fábula y la severidad de una advertencia. El bosque no cae por la violencia del acero, sino por la confianza mal dirigida.
El hacha no llega como enemiga. Se presenta como semejante. Su mango de madera le sirve de coartada: habla el lenguaje del bosque, se disfraza de árbol, promete pertenencia. Pero el filo no entiende de savia ni de raíces. Corta. Nada más.
La metáfora es sencilla y dura. El bosque se reduce porque confunde semejanza con solidaridad. Así ocurre también en la vida: confiamos en quienes se nos parecen, en quienes invocan una identidad común, y olvidamos observar sus actos. Hay palabras que acarician mientras preparan la herida.
Cuando falta la razón crítica y se sigue a la multitud o a la emoción, uno termina colaborando con su propia caída. Nadie derriba un bosque solo: siempre hay ramas que se ofrecen.
La lección es clara y persistente. La verdadera pertenencia se demuestra en el resultado de la práctica diaria, no en la apariencia. Si el bosque quiere resistir, debe aprender a distinguir la savia del barniz, la raíz del disfraz, y mirar más allá del mango para reconocer el filo que se oculta en la popularidad de la narrativa y termina talando nuestras vidas.

Entrada sucinta, mensaje contundente.
Echaba de menos tus publicaciones, Volfredo.
¡Enhorabuena!
Gracias.
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Estimado amigo, tu comentario resume con claridad lo que intento transmitir: pocas palabras, pero con la fuerza suficiente para dejar huella. Me alegra profundamente que hayas echado de menos estas publicaciones, porque en esa ausencia también se revela el valor de la compañía que la palabra puede ofrecer.
Gracias a ti por estar presente y por tu generosa felicitación.
Cordiales saludos.
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Genial como siempre Te quiero Glice
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Querida Glice,tus palabras llegan con la frescura de la confianza y el cariño de siempre. Esa expresión sencilla, “te quiero”, es más que un saludo: es un puente que sostiene la amistad y la memoria compartida. Me alegra que encuentres en estas líneas algo que te resulte “genial”, porque en ellas también va mi gratitud por tu compañía constante.
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Estimado Volfredo, tiempo sin saber de ti. Me alegro de leerte de nuevo. Un abrazo.
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Qué alegría reencontrar tu palabra después de este tiempo de silencio. La escritura vuelve a tender puentes y nos recuerda que, aun en la distancia, la compañía persiste. Me alegra profundamente que este regreso sea también motivo de encuentro y diálogo.
Un abrazo,
Volfredo
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Un placer volver a leer tu blog.
Salud.
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El placer es también mío al reencontrar tu palabra en este espacio, como quien vuelve a escuchar una voz cercana después de un largo silencio. La escritura se convierte en puente, y tu saludo sencillo pero profundo confirma que la compañía persiste más allá de las ausencias.
Salud y gratitud, Volfredo
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Profundo…
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Sin dejar espacio a la duda. Felices fiestas.
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Muchas gracias y felices fiestas navideñas.
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Excelente proverbio, no lo conocía. Gracias por compartirlo aquí y dar tu reflexión, que comparto plenamente. ¡Saludos!
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Estimado amigo, qué alegría saber que el proverbio te resultó revelador. Su fuerza está precisamente en que, aunque provenga de otra cultura, nos habla con claridad sobre realidades universales: la necesidad de discernir más allá de las apariencias y de cuidar la esencia que nos sostiene. Gracias por tu cercanía y por compartir la reflexión conmigo.
¡Un saludo afectuoso!
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