Involución personal: concepto intrigante que merece ser explorado.

La familia Ulas ha fascinado a los científicos evolucionistas durante años, desde que se descubrió en un remoto pueblo de Turquía, que caminaban a cuatro patas. Cada familia posee sus propias peculiaridades y costumbres, pero existe un grupo de parientes con un rasgo tan singular que los científicos los han considerado una auténtica anomalía dentro de la especie humana.

En los primeros años de la década del 2000, se publicó un estudio científico que examinaba a cinco de los hermanos Ulas y su peculiar manera de moverse, parecida a la de un oso, lo que dividió a los expertos respecto a la causa de este fenómeno.

Después de que se publicara el artículo, el profesor Nicholas Humphrey, psicólogo experto en evolución de London School of Economics (LSE), viajó a Turquía para conocer a la familia Ulas, cuyo caso lo había fascinado.

La familia Ulas de Turquía. Publicado por Nicholas Humphrey, psicólogo experto en evolución de London School of Economics (LSE).

La familia Ulas tuvo un total asombroso de 18 hijos; sin embargo, de ellos, solo seis nacieron con la peculiaridad de caminar en cuatro patas, una característica nunca antes observada en humanos adultos modernos.

“Jamás imaginé, ni siquiera en las más extravagantes especulaciones científicas, que los seres humanos modernos pudieran regresar a un estado animal”, declaró Humphrey a 60 Minutes Australia, que en 2018 produjo un documental sobre la familia.

El documental se refiere a los Ulas como “el eslabón perdido entre el hombre y el simio” y plantea que “no deberían existir” de ninguna manera. Sin embargo, hasta ahora nadie ha conseguido descubrir la causa exacta de este extraño modo de caminar.


La investigación publicada por Nicholas Humphrey se centra en la familia Ulas de Turquía, cuyos miembros caminan en cuatro patas, un fenómeno que ha fascinado a científicos y evolucionistas. Desde el descubrimiento de su peculiaridad en los años 2000, se han realizado estudios que dividen a los expertos sobre su origen, con algunas teorías sugiriendo un problema genético que revertiría millones de años de evolución.

Los científicos aceptan, sin reparos, que la idea de la “involución” en términos desarrollo humano es compleja. La evolución no es un proceso lineal hacia un estado “superior”; en cambio, es una respuesta a las presiones ambientales y las adaptaciones necesarias para la supervivencia.

Si bien no se puede hablar de una involución en el sentido tradicional, es posible que ciertas características o comportamientos humanos puedan regresar o cambiar en respuesta a condiciones ambientales y sociales adversas. Sin embargo, esos cambios no significan un retroceso en la evolución, sino más bien una adaptación. La evolución es un proceso continuo y multifacético, y siempre puede haber variaciones en las características de una especie en función de su entorno y circunstancias.

La noción de involución en la especie humana es un concepto intrigante que merece ser explorado. Aunque la evolución no es un proceso lineal hacia un estado superior, sí podemos observar cómo ciertos rasgos o comportamientos humanos pueden cambiar o incluso revertirse en respuesta a factores ambientales o sociales adversos.

En un mundo cada vez más tecnológico, por ejemplo, las habilidades manuales pueden ir disminuyendo, lo que podría interpretarse como un retroceso en ciertas competencias. Los cambios en la dieta y la desnutrición también pueden tener un impacto significativo, sugiriendo una pérdida de la salud general de la población.


Involución humana a día de hoy.

A medida que se suman los años, uno comienza a reflexionar sobre la vida y sus extraños giros. A mis 70 años, me encuentro en un mundo que, en lugar de ofrecerme la comodidad de un sillón reclinable y un buen libro, me ha proporcionado una serie de desafíos dignos de una telenovela dramática. ¡Y no de las buenas!

La adversidad material ha sido mi compañera constante, una especie de amiga tóxica que se niega a irse. En los últimos seis años, la situación se ha recrudecido en mi entorno, en forma tal, que haría que un monje budista se arranque los pelos que no posee en la cabeza. La vida se ha convertido en una suerte de concurso de supervivencia, donde puedes considerar un premio continuar con la deambulación bípeda por un día más, al igual que lo hicieron los homos sapiens y erectus.

Con esta nueva realidad, mi mente se ha aventurado en terrenos insólitos. A este paso, no solo voy a caminar en cuatro patas, sino que incluso consideraré escalar árboles como un simio, buscando mangos o guayabas en lugar de respuestas. ¡Imagínense la escena! Un anciano de 70 años subiendo a un árbol con más gracia que un koala con resaca, mientras los vecinos se asoman por la ventana y se preguntan: “¿qué ha pasado aquí con Volfredo hoy?”.

Compartiendo la cena con familiares y amigos.

Y, por si fuera poco, cada día se convierte en un episodio más de esta comedia surrealista que es la vida y mis recuerdos de épocas más prósperas se sientan como relatos de una era prehistórica: “Reminiscencia de la vida cuando solía desayunar con leche y huevos fritos”, podrían intitularse. Así las cosas, los coloquios de sobremesa con familiares y amigos, se han transformado, he ido más allá de las noticias del día, en una especie de club de comedia donde los chistes sobre el costo de un alimento simple son los más aclamados.

Ah, y los apagones… ¡No hay nada más divertido que intentar preparar una cena a la luz de una vela mientras te preguntas si tus espaguetis son en realidad un tipo especial de sabrosa pasta italiana o una nueva especie de serpiente mal cocida que se ha colado en tu despensa! La cena familiar ha pasado a ser un evento digno de una obra de teatro, donde cada uno de nosotros actúa con la esperanza de que alguien recuerde que existe un viejo fogón que antes con esfuerzo inaudito precalentaba inverosímiles cenas que hoy se han constituido en obsesiones kafkianas

Sin embargo, a pesar de todas estas adversidades, sigo aquí, con un sentido del humor que desafía la lógica. Después de todo, ¿qué es la vida sino un gran escenario en el que a veces somos protagonistas y a veces meros espectadores? Y aunque caminar en cuatro patas podría parecer una opción viable, me niego a perder la elegancia de mi andar sobre dos pies. Quizás sea hora de escribir un libro de ciencias donde describa: “Cómo ser un anciano feliz que se siente y padece como un mono: consejos y trucos”. De seguro me haré del premio Nobel y cuento de antemano con vuestra positiva votación.

Así que aquí estoy, preparado para cualquier eventualidad en la cual me arroje el destino. Ya sea que termine en un árbol buscando mangos o caminando como un cuadrúpedo, lo haré con una sonrisa y un guiño a la ironía de la vida. Porque, al final del día, ¿qué más se puede hacer, sino reír ante el absurdo?

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14 respuestas a “Involución personal: concepto intrigante que merece ser explorado.

  1. Venga, que el ser humano ni ha evolucionado ni involuciona tampoco. Fuimos creados tal y como somos. Tenemos la capacidad de aprender y de utilizar nuestro aprendizaje para aventajarnos, pero eso de evolución es una teoría basada en la nada. Gracias amigo Volfredo y ojalá estés bien dadas las terribles circunstancias que vive tu país hoy en día. Un saludo.

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    1. Buenos días estimado amigo, lamentablemente la involución y mi hermandad con los simios responde a mi triste realidad circundante en la actualidad, en breve subiré a los árboles a compartir el resto de mi vida con los monos. Es un gusto desearte un feliz domingo.

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  2. Quizás no lleguemos a la involución estrictamente considerada como un proceso biológico, pero socialmente si hemos sido capaces de retroceder en aspectos de la vida humana que, por algún tiempo, creímos haber superado como especie. Por un lado la humanidad avanza, mientras que por otro parece quedarse atrás. Las consecuencias de la desigualdad social nos devuelve a una precariedad que se nos antoja primitiva.
    Ojalá no terminemos andando todos a «cuatro patas».
    Me sorprendió la vuelta que diste a tu artículo. Necesarias reflexiones.
    Recibe mi saludo fraterno.

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