Como de todos es conocido, “La sociedad de la nieve” es una película dramática española de 2023, dirigida y escrita por J. A. Bayona, basada en el libro homónimo de Pablo Vierci, que a su vez se basa en el documental homónimo de Gonzalo Arijón que relata el accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya en la cordillera de los Andes en 1972. La película está protagonizada por Enzo Vogrincic en el papel de Numa Turcatti, uno de los pasajeros del vuelo.
La realidad de los hechos.
El vuelo 571 transportaba a 5 tripulantes y 40 pasajeros, incluidos 19 miembros del equipo de rugby Old Christians Club, junto con algunos familiares, simpatizantes y amigos. Tres miembros de la tripulación y diez pasajeros murieron por el impacto y cuatro personas fallecieron durante la primera noche debido a las gélidas temperaturas y a sus graves heridas. En las semanas posteriores fallecieron doce más, entre ellos ocho por un alud de nieve.

Los 16 sobrevivientes sufrieron penurias extremas —como la congelación, la sed y el hambre— que los llevaron a recurrir a la antropofagia. Cuando el clima mejoró con la proximidad del verano austral, el 12 de diciembre Nando Parrado y Roberto Canessa escalaron sin equipo un pico montañoso de 4650 metros y descendieron hacia Chile, donde se encontraron con el arriero Sergio Catalán, que posibilitó su rescate el 21 de diciembre, tras recorrer unos 60 km. El 23 de diciembre de 1972, 72 días después del accidente, se rescataron a los últimos sobrevivientes que habían quedado refugiados en el fuselaje.
El segundo día de ocurrida la tragedia, once aviones de Argentina, Chile y Uruguay salieron en busca del avión accidentado. El área incluyó el lugar del accidente y tres aviones hasta sobrevolaron a los accidentados, pero no lograron divisar el fuselaje blanco imposible de advertir en la nieve. Los sobrevivientes intentaron usar lápiz labial que encontraron en una valija para dibujar SOS en el techo de la aeronave, pero desistieron cuando vieron que no tenían suficiente lápiz labial para dibujar letras que fueran suficientemente grandes como para ser visibles desde el aire.
Las duras condiciones dieron a los buscadores pocas esperanzas de encontrar a alguien con vida, por lo que la búsqueda se canceló a los ocho días del accidente.
Incluso con este racionamiento estricto, su inventario de alimentos se redujo rápidamente. No había vegetación de ningún tipo y menos animales. Cuando los alimentos se terminaron a la semana, los sobrevivientes intentaron alimentarse a base del algodón y del cuero de los asientos, pero enfermaron al comerlos.
Cuando se enteraron de que su búsqueda había sido cancelada al décimo día después del accidente y ante la posibilidad de morir de hambre, los sobrevivientes acordaron que, en caso de morir, los demás podrían consumir sus propios cuerpos para sobrevivir. Sin otra alternativa, los sobrevivientes comenzaron a comer la carne de los cuerpos de sus amigos muertos.
El sobreviviente Roberto Canessa describió así la decisión de comerse a los pilotos y a sus amigos y familiares muertos:
«Nuestro objetivo común era sobrevivir, pero lo que nos faltaba era comida. Hacía tiempo que nos habíamos quedado sin las exiguas cosechas que habíamos encontrado en el avión y no había vegetación ni vida animal. Después de solo unos días, sentimos la sensación de que nuestros propios cuerpos se consumían solo para seguir vivos. En poco tiempo, nos volveríamos demasiado débiles para recuperarnos del hambre».
«Sabíamos la respuesta, pero era demasiado terrible contemplarla».
«Los cuerpos de nuestros amigos y compañeros de equipo, conservados en el exterior en la nieve y el hielo, contenían proteínas vitales y vivificantes que podrían ayudarnos a sobrevivir. ¿Pero podríamos hacerlo?».
«Durante mucho tiempo, agonizamos. Salí a la nieve y oré a Dios para que me guiara. Sin su consentimiento, sentí que estaría violando la memoria de mis amigos; que estaría robando sus almas».
«Nos preguntábamos si nos volveríamos locos, incluso por contemplar tal cosa. ¿Nos habíamos convertido en unos brutos salvajes? ¿O era esto lo único sensato que podía hacer? En verdad, estábamos superando los límites de nuestro miedo».
En sus memorias, Milagro en los Andes (2006), Nando Parrado escribió sobre esta decisión con absoluto realismo y autenticidad:
«A gran altura, las necesidades calóricas del cuerpo son astronómicas. Nos moríamos de hambre en serio, sin esperanza de encontrar comida, pero nuestra hambre pronto se volvió tan voraz que buscamos de todos modos. Una y otra vez recorrimos el fuselaje en busca de migas y de bocados. Intentamos comer tiras de cuero arrancadas de piezas de equipaje, aunque sabíamos que los productos químicos con los que habían sido tratados nos harían más daño que bien. Abrimos los cojines de los asientos con la esperanza de encontrar paja, pero solo encontramos espuma de tapicería no comestible. Una y otra vez llegué a la misma conclusión: A menos que quisiéramos comernos la ropa que llevábamos puesta, aquí no había nada más que aluminio, plástico, hielo y roca».
«Todos los pasajeros eran católicos. Algunos temían una condena eterna. Según Read, algunos racionalizaron el acto de canibalismo necrótico como equivalente a la eucaristía. Otros lo justificaron según el versículo bíblico de Juan 15:13: «Nadie tiene mayor amor que este: Que ponga su vida por sus amigos»».
«Otros inicialmente se oponían a la ingesta de carne humana hasta que entendieron que comerla era la única opción para sobrevivir. Javier Methol y su esposa Liliana fueron los últimos en comer carne humana. Ella tenía fuertes convicciones religiosas y solo aceptó a participar a regañadientes de la carne después de que le dijeron que lo viera como «una especie de Sagrada Comunión»».
Luego de su rescate, los sobrevivientes explicaron que habían comido algo de queso y otros alimentos que habían llevado consigo, y después plantas y hierbas locales. Planeaban contar los detalles de su supervivencia después, incluida la necrofagia, en privado con sus familias. Inmediatamente después del rescate, circularon rumores en Montevideo de que los sobrevivientes habían matado a algunos de los demás por comida. El 23 de diciembre se publicaron noticias sobre la necrofagia (reportada como «canibalismo») en todo el mundo, excepto en Uruguay. El 26 de diciembre, dos fotografías tomadas por miembros del Cuerpo de Socorro Andino de una pierna humana a medio comer fueron retratadas en las portadas de los periódicos chilenos El Mercurio y La Tercera. Ambos periódicos informaron que todos los sobrevivientes recurrieron a la necrofagia para sobrevivir.
El 28 de diciembre, en el Colegio Stella Maris de Montevideo, los sobrevivientes llevaron a cabo una conferencia de prensa en la que relataron los 72 días de su suplicio. Alfredo Delgado habló por los demás sobrevivientes y comparó su accionar con el de Jesucristo en La Última Cena, cuando dio a sus discípulos la Eucaristía. Inicialmente, la opinión pública fue en contra de los sobrevivientes, pero con el pasar de los días el clamor disminuyó y las familias fueron más comprensivas luego de que explicaran el pacto que habían hecho los sobrevivientes entre ellos de sacrificar su carne si morían para que los demás pudieran sobrevivir.
Confieso que nuca antes, el análisis psicológico de una tragedia me ha conducido a sentimientos tan encontrados, a pesar del largo análisis que, desde el largo mes transcurrido desde que vi por primera vez la película, he llevado a cabo a diario.
Las historias de supervivencia, muy comunes en el cine y la literatura universal, han despertado en mí, desde muy joven, diversos e intensos sentimientos, dependiendo del grado de identificación, credibilidad de la historia, empatía y perspectiva. Luego de un largo análisis dejo a ustedes el análisis de mis emociones, y espero por su decisión y comentarios, en la esperanza de arribar a una opinión generalizada de consenso, en la difícil tarea de encontrar verdad y hacer justicia:
– Admiración: sentir respeto y aprecio por la capacidad de resistir y superar las adversidades, así como por el valor y la determinación de los supervivientes.
– Curiosidad: sentir interés por conocer los detalles y las circunstancias de las historias de supervivencia, así como por aprender de las estrategias y los recursos que utilizaron los supervivientes.
– Morbosidad: interés excesivo o inapropiado en detalles escandalosos o desagradables. Es una parte del repertorio instintivo del ser humano. La curiosidad morbosa no siempre es consciente y puede manifestarse en diversas situaciones de desastre y catastrofismo.
– Miedo: sentir temor o angustia ante la posibilidad de enfrentarse a situaciones similares o de perder la vida o a seres queridos, así como por la incertidumbre y la vulnerabilidad que implican las situaciones extremas.
– Compasión: sentir pena o tristeza por el sufrimiento de los supervivientes y de sus familiares, así como por las pérdidas y las secuelas que dejaron las situaciones traumáticas.
– Culpa: sentir remordimiento o responsabilidad por haber sobrevivido mientras otros no lo hicieron, o por haber actuado de manera egoísta o inmoral para salvar la vida, lo que se conoce como el síndrome del superviviente.
– Alegría: sentir satisfacción o felicidad por el hecho de que los supervivientes lograron salir con vida y rehacer sus vidas, así como por el valor de la vida y la esperanza que transmiten las historias de supervivencia.
Estos sentimientos se explican por la psicobiología de las emociones, reacciones adaptativas que nos preparan para actuar ante los problemas de la vida y que tienen una función biológica y social.
Espero por los comentarios, hoy necesarios a todos para alcanzar la justa valoración de la realidad de los hechos y su legado humano.
Leer más sobre la historia en el siguiente enlace:
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interesante
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Todos los días pienso en la película y llego a una conclusión diferente. Me resulta difícil de asimilar.
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Yo no me he atrevido a verla…
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Respeto tu criterio, es una película durísima contada con realismo absuluto….
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En esa situación tan extrema es difícil saber como podríamos reaccionar, pero, sin duda, el deseo de sobrevivir es muy poderoso. No me parece inmoral la decisión que tomaron dadas las circunstancias. Este es un tema muy interesante y objeto de muy diversos debates. Un abrazo, estimado Volfredo.
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Estimada Barbara, si te digo que cada vez qué he analizado la película he pensado en diferente forma n exagero. Como bien dices, es muy difícil anticipar cómo podríamos reaccionar en una situación semejante, esa es la razón por la cual he dejado abierto el debate. Es un gusto desearte un feliz día.
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Vi hace dos o tres días en la cadena 6 la entrevista con los cuatro personas supervivientes, tres hombres , entre ellos el que fue el primero que decidió comer la carne de los muertos, la cuarta fue una mujer. Muy interesante. Me pareció que estaban un poco hartos de responder a la pregunta, casi morbosa, como es comer la carne humana. Yo lo considero una pregunta estúpida, nadie puede entender y saber como él mismo se comportaría en la semejante situación. Las situaciones de supervivencia no se puede juzgar con la punta de vista ajena.
De la película me impresionó la reflexión de uno de ellos -¿Que es Dios? ahí en mi casa yo lo sabía que es Dios y aquí Dios para mi es Rodrigo que corta la carne y me da de comer.-
Un abrazo, gracias.
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Que agudo los comentarios de hoy, sencillamente brillantes. Creo que el análisis de la película tendría tantos puntos de vistas como posiciones filosóficas existen sobre el Planeta. Es por tanto difícil, por no decir imposible, alcanzar un punto de vista único aceptado por todos, máxime cuando analizamos experiencias ajenas «sin sudar la camiseta». Es un gusto desearte un feliz día.
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Perdón , corrijo el error…» el punto de vista ajeno…¡ Madre mía, que vergüenza!
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Nada de vergüenza, desliz involuntario y ¡nada más!
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Antes de leer el libro de Eduardo Strauch, sobreviviente, pensaba que podía juzgar yo las acciones que tenían que hacer para sobrevivir. Pero,después de leerlo creo que no sabemos dentro de nuestras vidas tan cómodas lo que haríamos en caso semejante.
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A mí me pareció que la película tocaba el tema de una forma muy sensible y nada morbosa. En ningún momento se me ocurriría enjuiciar, desde la comodidad de mi casa, la decisión que ellos que tomaron en una situación tan extrema. Creo, en cualquier caso, que fueron muy valientes, y me quedo con esa solidaridad humana por encima de todo, que nos muestra Bayona en su película. Un abrazo, Volfredo.
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Eres todo ética, elegancia y respeto en tu cuidadosa escritura, es un gusto leer tus comentarios, siempre bienvenidos, en Lo Real Maravilloso. Un abrazo Eva
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Thanks 😊
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Gran análisis lleno de emociones, querido Volfredo, el que haces de esta película. Leí el libro «Viven» antes de ver la película de 1993 que estuvo basada en el libro. Me impactó mucho la historia y entendí que en esas tragedias se puede llegar a lo que ocurrió. La primera película me dejó también muy impactada y aún con más comprensión hacia ellos. Esta última, elegida para representar a España en los Oscar, la he visto en la plataforma Netflix y creo que Bayona ha hecho una película muy pegada a la realidad que ocurrió en aquel tiempo en la que han colaborado supervivientes de la tragedia. Aún, a pesar de haber pasado tanto tiempo, me ha sobrecogido la visión y ha habido momentos en los que no he podido ver algunas escenas. Psicológicamente, me quedo con tu apunte de «Admiración» y el cariño a todos y a sus familias. Muy lindo post, amigo. Un fuerte abrazo.
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Cuanto me alegra que te haya gustado mi post, la película me dejó en shock y demoré en encontrar los calificativos adecuados entre el gran número de emociones encontradas. La película es un Óscar al seguro y Bayona ya tiene presente y futuro. Felicidades a Bayona y a toda España. Un abrazo y feliz noche.
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Es muy cierto que la película merece un Óscar, quede muy impreciona pues el desarrollo en todo momento fue muy duro.
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Es una película que logra mantener atención y angustia de principio a fin.
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La película me encantó. Las escenas reales finales me impresionaron mucho. Saludos!
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Es algo realmente emocionante que salta las lágrimas al más fuerte. Feliz día.
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Hace unos treinta años, leí el libro 📕 «Viven, la tragedia de los Andes». Recuerdo que era un mes de agosto… Aprovechando mis vacaciones estivales del colegio, en casa de mis padres… sin nada que hacer!!!
Me impactó tanto el relato, que sentía frío, un frío helador… Cada poco tenía que parar y olvidarme un poco de la lectura. Era escalofriante.
Ahora unas décadas después, soy incapaz de leerlo, y mucho menos de ir a ver la película. 🎥🎞️ … algo tan tremendo requiere estar preparado sentimentalmente MUY FUERTE.
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Tienes toda la razón, tanto el libro como la película levantas sentimientos duros y encontrados, máxime cuando se conoce que responden a la realidad pura y objetiva. Feliz fin de semana, un abrazo y gracias una vez más por tus comentarios.
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¡¡¡Maravilloso diagnóstico doctor!!! Le aplaudo.
Esta panoplia de emociones «agridulce» es propia, solo de un médico excepcional. Mi más sincera enhorabuena. 👏👏👏
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Gracias, no en balde eres Cary de Madrid, siempre oportuna, siempre sincera, siempre brillante. Feliz domingo.
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Igualmente, mi amigo caribeño 🤗
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