El bueno, el malo y el…

En un principio pensé intitular la presente entrada: “El bueno, el malo y el …”, y utilizar aquí una palabrota, algo que no viene bien con nuestra ética, el lenguaje elegante y la cuidada estética que Lo Real Maravilloso mantiene en sus páginas.

Luego, un tanto para evadir responsabilidades y poder excusar de mi lenguaje soez responsabilizando a un algoritmo, acudí a la inteligencia artificial con la siguiente pregunta: «Confecciona un listado de adjetivos, que aparezcan en el diccionario de la Real Academia española, que sirvan para calificar a un individuo malvado de esos a los que llaman sin madre».

La respuesta fue inmediata y quedé muy complacido con el listado enviado de vuelta: «Desalmado. Despiadado. Inhumano. Infame. Miserable. Perverso. Ruin. Siniestro. Vil». De esta forma, el título de la entrada que hoy nos ocupa, bien pudiese ser la combinación de tres o más de estos calificativos seleccionados de forma aleatoria.

¿A qué se debe mi indignación?

La respuesta llegó de la mano de los prestigiosos periodistas de AP, John Leicester y Sylvie Corbet; que desde París contribuyeron a este despacho.


El fin de la amistad entre el jefe amazónico Raoni y el cineasta JeanPierre Dutilleux

Estaba considerada como una de las colaboraciones más productivas entre un jefe indígena y un occidental.

Durante cinco décadas, el líder tribal amazónico y el director belga movilizaron a presidentes y miembros de la realeza, e incluso al papa Francisco, para mejorar las vidas de los pueblos indígenas de Brasil y proteger sus tierras. Los dos hicieron amistad con celebridades y estrellas de cine. Sting, una leyenda de la música, fue uno de sus mayores campeones.

Jefe amazónico Raoni, junto a su “amigo”, el cineasta belga JeanPierre Dutilleux.

Hace apenas unos meses, su lazo de amistad parecía tan fuerte como siempre. El jefe Raoni Metuktire, con su emblemático plato labial y una corona de plumas esmeralda, y el cineasta Jean-Pierre Dutilleux, vestido de esmoquin, acudieron al Festival de Cine de Cannes para promocionar el nuevo documental del belga, “Raoni: An Unusual Friendship”. De pie, en la alfombra roja, ante el parpadeo de las cámaras, los dos se estrecharon la mano como viejos amigos.

Entre bambalinas, sin embargo, la relación se acercaba a su fin. Poco después de regresar a Brasil el pasado mayo, el jefe de los kayapó cortó lazos con su acólito belga.

Raoni y sus personas más cercanas dijeron a The Associated Press que hacía tiempo que desconfiaban de Dutilleux y sospechaban que el cineasta no había entregado fondos reunidos para los kayapó. También le acusaron de explotar la imagen y la reputación del jefe para impulsar su influencia y su carrera cinematográfica.

“Se utiliza mi nombre para recaudar dinero”, dijo Raoni en una entrevista con AP en Brasilia. “Pero Jean-Pierre no me da mucho”.

El líder tribal, otros dos miembros de su grupo sin fines de lucro, el Instituto Raoni, y el sucesor de Raoini dijeron que Dutilleux les prometió de forma reiterada grandes sumas de dinero para financiar proyectos sociales, pero solo entregó una pequeña parte. También se negó a dar explicaciones sobre el dinero recaudado en nombre de Raoni en sus giras por Europa o por sus libros y películas sobre los kayapó, añadieron.

Dutilleux rechazó las acusaciones y reiteró que nunca había tenido acceso al dinero.

“En ocasiones él puede decir cosas así, tiene que ver con la edad. Quizá me ocurra también a mí, decir cosas estúpidas”, dijo Dutilleux, que ahora tiene 74 años, en una entrevista en París, añadiendo que el dinero “no me interesa. Soy un cineasta, soy un artista. No soy un contable”.

Pese a las antiguas sospechas de los kayapó, que comenzaron hace casi 20 años, el círculo interno de Raoni creía que el jefe no podría abandonar a Dutilleux. Fue una decisión, dijeron, arraigada en el centenario desequilibrio de poder que existe cuando una tribu indígena colabora con un “kuben” influyente, palabra kayapó utilizada para nombrar a un hombre blanco.


Raoni Metuktire, jefe de la tribu amazónica Kayapó.

Raoni nació en algún momento de la década de 1930 —nadie sabe el año exacto— en la rama metuktire de la tribu Kayapó. Para entonces, el primer boom del caucho amazónico había terminado tras casi tres décadas de explotación brutal sobre las poblaciones indígenas.

Su familia y los miembros de su tribu eran seminómadas y pasaban los días cazando y pescando en la cuenca del río Xingu en la Amazonía, una zona del tamaño de Francia y donde viven docenas de grupos indígenas.

La tribu Kayapó es un grupo indígena que vive en la región amazónica de Brasil. Son conocidos por su resistencia a la deforestación y la minería en su territorio, y han luchado por la protección de sus tierras y recursos naturales.

El primer contacto con kubens fue en 1954. Para entonces, Raoni era un chamán y guerrero carismático, respetado por su visión política y valor en batalla contra tribus rivales y los que intentaban explotar sus recursos.

Aprendió a hablar portugués —aunque no a leer o escribir— y se convirtió en el principal interlocutor de su tribu con el mundo exterior, así como en una voz destacada en la protección de los derechos indígenas en Brasil.

Para la década de 1970, los pueblos indígenas estaban bajo una creciente presión de la dictadura militar brasileña, que en un esfuerzo de desarrollar la Amazonía construyó autopistas, patrocinó programas de colonización y ofreció subsidios generosos a los campesinos. Raoni y otros hacían todo lo que podían para detener la destrucción de sus tierras ancestrales.


Jean-Pierre Dutilleux, cineasta belga.

Jean-Pierre Dutilleux nació en una familia burguesa de una ciudad de provincias en Bélgica, soñaba con lugares lejanos y a los 22 años salió hacia Brasil, donde dirigió una película etnográfica sobre tribus indígenas en la selva amazónica.

Allí, un grupo de hombres kayapó le confundieron con un constructor de autopistas, que normalmente llevaban consigo muerte y enfermedades a la región, y amenazaron con matarle. Raoni intervino para evitar la violencia y los dos hombres se hicieron amigos.

Unos pocos años más tarde, Dutilleux regresó a Xingu para filmar un documental centrado en el chamán. Dutilleux convenció a Marlon Brando para narrar la versión estadounidense, que optó a los Oscar en 1979. El éxito de la cinta convirtió a Raoni en una de las personas indígenas más conocidas y Dutilleux se convirtió en su guardián.

Casi de inmediato, algunos activistas y líderes kayapó temieron que Dutilleux estuviera más interesado en aprovecharse de Raoni que de ayudar a la causa indígena. Uno de los que sospechaba era Alexis de Vilar, un fotógrafo español que fundó el Tribal Life Fund, un grupo sin fines de lucro dedicado a la protección de los pueblos indígenas.

El Tribal Life Fund patrocinó el estreno del documental en Estados Unidos con una gala en el Mann’s Chinese Theatre, un lugar emblemático de Hollywood. La ceremonia de etiqueta fue presentada por Jon Voight y Will Sampson, protagonistas de «One Flew Over the Cuckoo’s Nest” («Atrapado sin salida») y reunió a un público de estrellas.

“Todo Hollywood estaba allí”, recordó De Vilar. Algunos invitados pagaron miles de dólares por una entrada, y De Vilar esperaba que su organización recaudara al menos 50.000 dólares, con los que el Tribal Life Fund había dicho que financiaría varios proyectos sociales.

Pero la organización sin fines de lucro no recibió nada de ese dinero. Dutilleux se encargaba de recaudar los pagos por entradas, pero nunca entregó nada, dijo De Vilar. “No hubo dinero, ni siquiera para construir una escuela”, dijo el fotógrafo.

Al ser cuestionado, Dutilleux se limitó a decir que la gala no había generado ningún beneficio.


Sting, exlíder de The Police.

Una década más tarde, Dutilleux presentó al jefe indígena y a Sting, exlíder de The Police, un encuentro que haría aún más famoso a Raoni. Tras tocar en un concierto en Río de Janeiro, Sting viajó a la Amazonía y se convirtió en un aliado apasionado de Raoni y los kayapó. Dutilleux y él crearon la Rainforest Foundation, una organización sin fines de lucro que aún hoy fomenta la protección de los bosques en todo el mundo.

Sting junto al cacique amazónico Raoni Metuktire.

En 1989, Sting dejó a un lado su guitarra para recorrer el mundo con Raoni y Dutilleux y llamar la atención sobre las dificultades de los pueblos indígenas. Sus esfuerzos contribuyeron en gran parte a que el gobierno brasileño otorgara su reconocimiento —y, en teoría, protección— al territorio indígena Menkragnoti, una zona de 5 millones de hectáreas (19.000 millas cuadradas).


Dutilleux fue expulsado de la Rainforest Foundation después de que Sting acusara al cineasta de intentar sacar beneficios de la organización benéfica al quedarse los derechos de un libro sobre su gira. Según la portada del libro, se suponía que esas regalías irían a los pueblos indígenas.

En su entrevista con AP, Dutilleux dijo que su relación con Sting se había roto debido a sus “diferentes visiones”.

El cineasta siguió recaudando dinero en nombre de Raoni a través de la Association Forêt Vierge, uno de los grupos sin fines de lucro creados para recibir donaciones durante su gira mundial con Sting.

En 1991, Dutilleux organizó una campaña en Europa para reunir 5 millones de dólares para crear un gran parque nacional y proteger una zona tres veces más grande que Bélgica.

El proyecto, dijo a un diario belga, había sido concebido por un director de la agencia brasileña de asuntos indígenas.

Pero ese funcionario brasileño, Sydney Possuelo, negó cualquier implicación en la iniciativa. Calificó el plan de Dutilleux de “estúpido” y sus cálculos de “absurdos”. Possuelo, de 83 años y que es un experto con reconocimiento internacional en tribus aisladas, dijo a AP que cree que Dutilleux era “dañino para los pueblos indígenas”.


Este articulo tiene por lectura complementaria, dos entradas precedentes cuyo enlace dejo a continuación, en todas ellas es nuestro objetivo denunciar el injusto trato recibido a lo largo de los siglos por las poblaciones originarias de toda América. ¡No más injusticias!

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15 respuestas a “El bueno, el malo y el…

  1. Personas sin escrúpulos que se aprovechan para su lucro personal. Este tipo de gente nos hace tener mucho escepticismo con las ONG, aunque es verdad que las hay honestas y sin ánimo de lucro.
    Me parece muy bien que Lo Real Maravilloso se encargue de denunciar estas barbaridades.
    Un abrazo.

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  2. Leí con mucha atención esta entrada.
    En Argentina pasa con los Mapuches en la zona de Bariloche. Lo malo es que hay gente que se aprovecha y los pone como escudos a los habitantes primitivos (indígenas) porque están interesados en sus tierras. En fin…en internet hay mucha información sobre este tema.
    Buenas noches, Volfredo.
    Buen fin de semana.
    Un abrazo.

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