Viajando con Dios a Paredón Grande, norte de Ciego de Ávila (Final).

La historia del faro Diego Velázquez, más conocido por Faro de Paredón Grande, es muy interesante y se remonta al siglo XIX. El faro fue proyectado en 1848 por el conde Cañongo, quien presentó a la Real Junta de Fomento una moción para su construcción, con el fin de orientar a la navegación que transita por el Canal Viejo de las Bahamas, un importante corredor marítimo internacional. El faro también serviría para alertar a las embarcaciones de la gran barrera coralina que rodea la cayería norte, donde hay numerosos arrecifes y bajos de arena.

Archivo general de Indias, disponible en https://www.culturaydeporte.gob.es/portada.html

El diseño del faro estuvo a cargo del arquitecto Francisco de Albear, gloría de Cuba que también diseñó el acueducto de La Habana. La obra salió a subasta pública en 1853 y se dividió en dos partes: una correspondiente a las bases de sillería y otra al ensamblaje de la torre. La torre fue fabricada en Francia con piezas de hierro fundido, pero un naufragio durante su traslado marítimo provocado por un fuerte oleaje hizo que se perdieran casi todos los materiales, incluyendo los costosos y delicados equipos de alumbrado.

El embate de la naturaleza, no logró derrotar a las autoridades coloniales del siglo XIX, que perseveraron en el empeño y adquirieron una vez más los valiosos materiales e ingenios constructivos, incluido el costoso sistema de iluminación, que se había perdido en el mar por la tormenta y acometieron una vez, más sin desánimos ni frustraciones, la construcción del faro.

Finalizado el acopio de los materiales constructivos perdidos en el mar; en el año 1856, se pudo reiniciar la construcción del faro en Cayo Paredón Grande, donde participaron un aparejador, ocho albañiles, dos carpinteros, un patrón de lancha, cuatro marineros y dieciocho esclavos negros.

Pasado tres años, el 1 de noviembre de 1859 se encendió por primera vez la preciada edificación guardiana de la navegación, que emitía destellos de luz blanca cada 15 segundos, con un alcance lumínico de 36 millas náuticas.

El faro tiene una altura de 48 metros y está compuesto por 156 escalones y 9 956 tornillos. Su linterna tiene forma octogonal y está coronada por una cúpula metálica. Su nombre original era Faro Diego Velázquez, en honor al primer gobernador y fundador de las siete primeras villas cubanas, pero pronto cambió el nombre a Faro de Paredón Grande, acorde con las tendencias libertarias surgidas al emanciparse Cuba del colonialismo español.

Un hecho quedó bien establecido en mi investigación, no existen documentos históricos que demuestren la presencia de chinos durante la construcción del faro.

Los primeros culíes llegaron a Cuba en el año 1846. Jurídicamente, eran hombres libres comprometidos a prestar servicios a su patrón durante ocho años. Sin embargo, la realidad fue otra y los culíes sufrían de maltratos y otros abusos que incluían la falta de respeto a su libertad y derechos humanos. Los culíes que arribaban a Cuba eran llevados de inmediato a las zonas de los ingenios azucareros, cafetales y vegas de tabaco para realizar faenas agrícolas en las provincias de La Habana, Matanzas, Las Villas y Oriente. El número de culíes chinos enviados a la antigua provincia de Camagüey fue escaso y no existe referencia escrita o verbal de su presencia al norte de Ciego de Ávila.

En 1877, los chinos lograron liberarse de sus oprobiosas contratas y un gran número de ellos se dedicó, por cuenta propia, al comercio y otros oficios manuales. Eran personas inteligentes y tenaces y pronto un gran número de ellos, acumuló capital y logró hacerse de bienes raíces.

Por otro lado, la esclavitud de los esclavos negros en Cuba fue abolida por Real Decreto, el 7 de octubre de 1886. Sin embargo, desde 1880 ya no se permitía la tenencia de nuevos esclavos, fueron, por tanto, los dieciocho esclavos negros que trabajaron en la construcción de Faro Paredón uno de los últimos remanentes de la ominosa esclavitud africana en Cuba y América.

La investigación histórica nos permite hoy rectificar la historia y asegurar la ausencia de trabajadores chinos en la construcción del faro y por ende su falso enterramiento en sus inmediaciones. Fue así que, con anterioridad a una de mis ya acostumbradas visitas dominicales al faro, imprimí el resultado de todas mis investigaciones y decidí llevarlos al farero, a la vez que me propuse divulgar el resultado de la investigación en los medios.

Durante el largo viaje a Paredón, mientras descasaban a mis pies el generoso volumen de materiales históricos impresos y guardados con celo en un portafolios, mi cerebro, en esa zona luminosa de su anatomía que llamamos conciencia, no dejaba de funcionar: La verdad en ocasiones es injusta, y desacreditar la leyenda del enterramiento chino equivalía a desmentir a sus protagonistas y aquellas personas que años tras años, evocando pasados recuerdos, habían echado a andar la leyenda. Esa fue la razón por la cual omití hablar sobre este hecho a mi arribo al cayo, y es hoy la primera ocasión que publico sobre ello, mientras que los documentos originales permanecen ocultos en algún lugar del librero.

Chinos, blancos o esclavos africanos, descansan bajo la duma de arena cercana al faro, ellos merecen respeto y no publicidad. ¡Descansen en paz!; el color de la piel no establece diferencias ni altera el curso de la historia


El Faro Paredón bajo amenaza vital.

El faro ha sido testigo de varios actos de piratería y ataques militares a lo largo de su historia. En 1898 fue bombardeado por la escuadra estadounidense durante la guerra hispano-cubano-americana, y en 1970 fue asaltado por lanchas piratas con la intención de sabotearlo.

Lamentablemente, el peor peligro llegó desde la naturaleza. El faro sufrió graves daños por el paso del huracán Irma en septiembre de 2017, que arrasó gran parte de la cayería norte de Cuba. El huracán afectó al sistema eléctrico y al mecanismo de iluminación del faro, dejándolo sin funcionar. Además, perdió parte de su pintura y de su estructura metálica, quedando expuesto a la corrosión inclemente del salitre.

A día de hoy, el Faro de Cayo Paredón sigue en pie, pero su otrora eficiente y orgulloso mecanismo de iluminación, no funciona, privando a los visitantes del disfrute de esta obra maestra de la ingeniera cubana de alto valor patrimonial. En la actualidad resulta imposible subir con seguridad al alto mirador panorámico de la torreta, lo cual impide al visitante disfrutar de la maravillosa vista panorámica que cubre decenas de millas a la redonda.

Tríptico que muestra a Faro Paredón Grande y la vista al mar des una de sus escotillas. En la actualidad en ascenso resulta imposible.

El mecanismo de iluminación del faro Diego Velázquez es una pieza clave para su funcionamiento e historia. Se trata de un aparato óptico compuesto por una lámpara, un reflector y una lente, que produce destellos de luz blanca cada 15 segundos. El coste del mecanismo se desconoce, pero se sabe que la obra del faro fue muy costosa y que se tuvo que solicitar un crédito al gobierno español para sufragarla. El presupuesto inicial era de 200 000 pesos, pero se elevó a más de 300 000 pesos debido a los imprevistos y las dificultades técnicas.

El traslado del mecanismo de iluminación fue una tarea complicada y peligrosa, pues hubo que transportar por mar desde Francia hasta Cuba la delicada linterna de bronce y cristal, atravesando el océano Atlántico y el golfo de México. La costosísima lámpara llegó a La Habana en 1858 y se trasladó a Cayo Paredón Grande en una goleta. Allí se instaló en la cúpula metálica de la torre del faro.

Tríptico que muestra a Faro Paredón Grande y la vista al mar des una de sus escotillas.

El mecanismo de iluminación del faro Diego Velázquez es una obra de ingeniería que ha resistido el paso del tiempo y las inclemencias del clima. Es también un símbolo de la voluntad humana por superar los obstáculos y alcanzar sus sueños.

El faro es patrimonio histórico y cultural de Cuba. Su restauración es una necesidad urgente para preservar su valor y memoria. Sin embargo, y de forma lamentable, no se tiene interés ni se dispone de planes para su restauración, al contrario, se habla de su desmonte inmediato para dar paso al turismo, en un archipiélago compuesto por más de 1200 islas donde sobran playas para tales fines.

La falta de recursos económicos y técnicos para el rescate del faro es un pretexto que impone su reconsideración inmediata, en nombre de nuestra historia nacional.

Algunos medios de comunicación han publicado el estado de abandono y el deterioro del faro, y han pedido que se tome conciencia de su importancia y se busquen soluciones para su salvación. Lo Real Maravilloso se suma a ellos.


En mi última visita al faro, hace ya algunos años, por razones ajenas a mi voluntad, la naturaleza quiso obsequiarme con una de sus más bellas imágenes en la despedida y envió esta bella gaviota a que posara apacible y cuidara de ella con celo.

Esta gaviota es una de mis mejores fotos, fue tomada durante mi última visita al faro. Si miras en detalle la imagen, multiplicarán tus energías en reclamo de justicia para la Naturaleza y la Historia.

Faro Diego Velázquez: una luz que se apaga

#LoRealMaravilloso

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17 respuestas a “Viajando con Dios a Paredón Grande, norte de Ciego de Ávila (Final).

  1. Buen dia. Sere pesimista o realista? Con tantas «cosas» perdidas, abandonadas e insalvables…. no creo que el faro este entre las prioridades… no obstante, me uno al autor en este noble gesto.
    A guapear se ha dicho!!! Vida al faro!!!

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      1. Luego de leer las 3 Partes de esta investigación sobre el Faro de Cayo Paredón Grande, te puedo decir, que es el colofón, al esfuerzo en la investigación, eso si, cotonada por un resultado Excelente.
        Gracias por compartir este resultado investigative de alta gama, te quedaste vacío amigo/vecino. Feliz fin de semana.

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  2. ¡Preciosa fotografía!
    ¡Qué maravilla de ave!
    Las gaviotas siempre me han entusiasmado. Evocando mis recuerdos de niña…
    El verano, las vacaciones a la playa, el sol, el calor de la familia. 🏖️👙
    Preciosos recuerdos, gracias 🫂

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