Mujer violada por 51 hombres reclama justicia (2).

Perfil de los violadores

Por otra parte, la naturaleza ordinaria de la pareja que protagoniza el juicio; jubilados de clase media y abuelos, ha hecho que a muchos les resulte fácil identificarse con la historia.

“Pensé que podría ser mi madre, mi hermana… y mi padre”, dijo Charley a la BBC, un hombre de 35 años que vive en París.

“Para mí es el juicio del siglo”, añadió. “Habrá un antes y un después”.

También ha sorprendido la gran cantidad de hombres involucrados en el caso.

La policía solamente pudo identificar a 50 de los 83 sospechosos que aparecieron en los vídeos de Dominique Pelicot.

Tienen entre 26 y 68 años, y proceden de todos los ámbitos sociales: bomberos, farmacéuticos, obreros y periodistas. Muchos son padres y maridos.

De los hombres acusados, 15 admiten haber cometido violación, pero todos los demás únicamente admiten haber participado en actos sexuales.

Gisèle Pelicot saliendo de la corte el martes 17 de septiembre mientras la aplaudían e incluso le entregaban flores en apoyo.

“Lo que más me sorprendió fue que tantos hombres pudieran haber hecho esto: más de 50 hombres ‘normales’ que vivían cerca”, dijo Caroline, una médica parisina de 43 años.

Para Anna Toumazoff, “la banalidad de los perfiles de los violadores” hace que este caso sea tan único y chocante para muchos.

“Con el movimiento #MeToo nos dimos cuenta de que no había un tipo específico de víctima. Y hoy en día en Francia, viendo las caras de estos hombres, viendo sus trabajos, sus edades, sus historias personales, podemos ver que no hay un tipo específico de violador”, dice.

“Eso es algo muy duro porque las mujeres se sienten en peligro. Incluso es extraño para los hombres, porque todos se sienten acusados y se ven obligados a decir ‘no son todos los hombres’”.

Céline Piques, de la organización feminista Osez le Féminisme, espera que este proceso tenga un impacto duradero.

“Derriba el mito de que el violador es un psicópata… violaban porque estaban seguros de su impunidad”, señaló.

Otra preocupación que existe en Francia es que muchos otros hombres sabían lo que sucedía y no hicieron nada.

Dominique Pelicot había invitado a unos hombres a tener relaciones sexuales con su esposa “sin que ella lo supiera” en una publicación en un sitio web que fue cerrado en junio y que el año pasado contaba con 500.000 visitantes al mes.

“El cien por cien de estas personas… nunca hizo una llamada telefónica para detener estos abusos”, afirma Céline Piques.

“Ningún hombre pensó en informar a la policía sobre estos hechos criminales”, agrega.

Durante una manifestación, un hombre porta una pancarta que dice: «Todos con Gisèle».

Sumisión química.

Una cuestión clave que este caso ha puesto de manifiesto es el fenómeno poco discutido de la sumisión química: la agresión inducida por drogas en el hogar.

En 2022, 1.229 personas en Francia sospecharon que habían sido drogadas sin saberlo, según Leila Chaouachi, farmacéutica del centro de observación de adicciones de París y experta en violaciones relacionadas con las drogas.

Según ella, esa cifra es probablemente “solo la punta del iceberg”. Las víctimas suelen dudar sobre si presentar denuncias judiciales porque conocen al agresor, pueden sentirse avergonzadas o tienen recuerdos vagos de lo ocurrido.

Las reclamaciones también deben presentarse antes de que las sustancias desaparezcan del organismo, lo que no siempre es posible.

Durante los 10 años que su marido la drogó, Gisèle Pelicot sufrió síntomas neurológicos inexplicables, así como problemas ginecológicos, y aun así, nadie logró unir las pistas.

Esto indica una falta de conciencia sobre la sumisión química como fenómeno.

Chaouachi dice que es importante capacitar a los profesionales de la salud y a la policía, porque la clave para frenar el problema radica en reconocer que hay otras muchas personas afectadas, además de Gisèle.

Gisèle Pelicot junto a su hija Caroline, quien ha señalado que cree que su padre también abusó de ella cuando estaba inconsciente.

“Tenemos derecho a estar conmocionados, pero también debemos reconocer que estos no son casos aislados”, afirma.

“Cuando nos centramos únicamente en el sistema judicial y en los investigadores, de alguna manera nos escondemos detrás de ellos. Creo que se trata de un problema social más amplio y, por lo tanto, lo que necesitamos es un cambio social”.

A juzgar por las opiniones expresadas en las calles de París, esta visión no es universalmente aceptada.

“Es un asunto privado”, dijo un hombre, quien consideró que el caso era terrible, pero aun así un evento aislado y no sujeto a debate público.

“No entiendo por qué los medios de comunicación le dan tanta importancia a esto. Es porque a la gente le gusta el drama, los chismes”.

Pero una compañera dijo que ambos estaban equivocados: “Es importante que este caso sea público… plantea un problema más amplio y es necesario generar conciencia sobre él para lograr un cambio”.

Anna Toumazoff afirma que seguirán apoyando a Gisèle en las calles de Francia.

“Queremos que incluso las personas que no están acostumbradas a participar en una movilización feminista se unan a nosotros, los hombres, niños, abuelas, abuelos”.

“Que todos vengan y griten: ¡Nunca más!”, concluye.

*Este artículo se hizo con información de las periodistas de BBC News, Marianne Baisnée, Laura Gozzi y Eva Van Dam. También contiene información adicional de Fernanda Paúl, de BBC News Mundo.

Nuestra historia continua mañana. Ahora toca dar a Sancho Panza, justiciero escudero del Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha, dar el veredicto final y hacer justicia…

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