Días antes del 22 de abril de 1985, el juez Ricardo Gil Lavedra se cruzó con un colega en el Palacio de Tribunales de Buenos Aires, y después de conversar sobre temas cotidianos, el segundo juez le preguntó incrédulo: «Decidme una cosa, ¿en verdad van a hacer ese juicio?»
Primera parte en el siguiente link:
«Ese juicio» del que preguntaban a Gil Lavedra, no tenía más antecedentes en la historia del siglo XX que el proceso de Nuremberg, que tuvo lugar entre 1945 y 1946, en el que fueron juzgados los crímenes del nazismo.

En Argentina se trataba de juzgar en un tribunal civil a los nueve líderes de las tres primeras juntas militares que gobernaron el país tras el golpe de Estado de 1976, por delitos que iban desde homicidio y tormentos; hasta privación ilegítima de la libertad. Organizaciones defensoras de los derechos humanos estiman que 30.000 personas desaparecieron durante aquellos años.
La película “Argentina, 1985” ha recibido varios premios y nominaciones por su calidad y relevancia histórica. Entre los más destacados figuran el premio FIPRESCI de la crítica internacional a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de Venecia 2022 y el premio del público en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2022. Fue ganadora además del Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa en 2023, y nominada al Óscar a la mejor película internacional en el mismo año.
Como todo avispero que se destapa, “Argentina 1985”, tiene también detractores tanto por sus omisiones como por sus referencias directas: El film ha recibido críticas negativas de los herederos políticos del presidente Alfonsín por omitir o no destacar suficientemente el papel decisivo del presidente Raúl Alfonsín para que se llevara a cabo el juicio y se hiciera justicia. En adición a lo ya señalado, León Arslanian, uno de los jueces, opinó también que debieron evitarse algunas omisiones como los indultos del expresidente Carlos Menem, pero consideró que «cualquier crítica queda opacada por el enorme impacto que Argentina, 1985 ha tenido sobre la memoria colectiva». Por otro lado, el actor y político radical Luis Brandoni, calificó como algo «vergonzoso» y una «falta de respeto y reconocimiento», que la CONADEP no apareciera en el film.
La CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), fue una comisión creada por el presidente de Argentina, Raúl Alfonsín, el 15 de diciembre de 1983, con el objetivo de investigar las violaciones de derechos humanos, particularmente la desaparición de personas, ocurridas durante el período del terrorismo de Estado en Argentina en las décadas de 1970 y 1980, llevadas a cabo por la dictadura cívico-militar autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”. La Comisión recibió miles de declaraciones y testimonios, y verificó la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención en todo el país. En 1984, produjo un informe final conocido como el “Nunca Más”, utilizado como prueba en el juicio.

Desde las referencias a la “Divina Comedia”, hasta la inmortal frase final: “Nunca más”, el alegato final del fiscal Julio César Strassera quedó inmortalizado para la historia en esta película. Es real la ovación de pie que recibió el abogado al terminar su intervención, ovación calurosa y desbordada, que dio lugar a los jueces a ordenar el desalojo de la sala luego de que los presentes se negaran a volver a sus asientos; hecho que no muestra la película.
El alegato final; es la sentencia contra toda tiranía, contra toda violación de los derechos humanos, contras las detecciones y desapariciones forzadas, contra todo estado de poder donde los militares oprimen durante decenios a sus pueblos.
He aquí la transcripción de la conmovedora intervención realizada por el fiscal Julio César Strassera, primer civil que lleva a la silla de los acusados y logra sentencia radical, contra los máximos representantes de una dictadura militar:
“Argentina 1985”, alegato final, transcripción literal.
«Señores jueces, la comunidad argentina en particular, pero también la conciencia jurídica universal me ha encomendado la augusta misión de presentarme a ustedes para reclamar justicia. Razones técnicas y fácticas tales como la ausencia de un tipo penal específico en nuestro derecho interno que describa de forma acaba la forma de delincuencia que hoy se enjuicia aquí y la imposibilidad de considerar uno por uno los miles de casos individuales; me han determinado a exhibir a lo largo de 17 dramáticas semanas de audiencia tan solo 709 casos; que no agotan por cierto, el escalofriante número de víctimas que ocasionó lo que podríamos calificar como el mayor genocidio que registra la joven historia de nuestro país».
«El cuadro de violencia era imperante en el país, cuando tres de los hoy procesados decidieron una vez más, en nombre de las fuerzas armadas, tomar por asalto el poder despreciando la voluntad popular: ¿Cuál fue la respuesta luego de este golpe que se dio desde el estado a la guerrilla subversiva? Para calificarla señores jueces me bastan tres palabras: feroz clandestina y cobarde».
«¿Qué hizo el estado para combatirlos?: secuestrar, torturar y matar en una escala infinitamente mayor y lo que es más grave, al margen de todo orden jurídico, y de aquí señores jueces se derivaron consecuencias mucho más graves porque ¿Cuántas de las víctimas de la represión eran culpables de actividades ilegales? ¿Cuántas inocentes?, jamás lo sabremos y no por culpa de las víctimas».
«Al suprimirse el juicio a las víctimas, se produjo una verdadera subversión jurídica, se sustituyó la denuncia por la delación, el interrogatorio por la tortura, y la sentencia razonada por el gesto neroniano del pulgar hacia abajo».
«Entre las muchas deudas que los responsables de este cobarde sistema de represión han contraído con la sociedad argentina; existe una que ya no podrá ser saldada, quisiera repetirlo, la falta de condena judicial no es la omisión de una formalidad, es una cuestión vital de respeto a la dignidad del hombre. Su abandono llevó, por ejemplo, a lo siguiente: una persona fue secuestrada por pertenecer a la FAP, Fuerzas Armadas Peronistas y resultó que pertenecía a la FAP, Federación Argentina de Psiquiatras».
«¿Alguien tiene derecho a permitir que Adriana Calvo, de parto, tenga a su hija recién nacida esposada y con los ojos vendados en el asiento de un patrullero, tirada en el suelo y sin poder abrazarla?, no vamos a tolerar que la muerte ande suelta en la Argentina».
«Lentamente, como para que no nos diéramos cuenta de la maquinaria de horror que desató su iniquidad sobre los desprevenidos y los inocentes, estas frases las dijo el almirante Emilio Eduardo Macera el 2 de noviembre de 1976 en la escuela de mecánica de la armada, en ese mismo momento en la casa de oficiales de la ESMA, sobre una colchoneta estaba Cecilia Inés Cacabelos, tenía 16 años, la habían encapuchado y sus manos estaban esposadas y engrilladas. La habían capturado gracias a los datos suministrados por su hermana, a quien le dieron garantías de que solo la iban a interrogar, creía que así le estaba salvando la vida. Hoy Cecilia permanece en situación de desaparecida».
– Cecilia Inés Cacabelos De La Flor (n. 25 de noviembre de 1958 – desaparecida en Buenos Aires, Argentina, 11 de octubre de 1976); fue una estudiante argentina secuestrada el 11 de octubre de 1976 durante la última dictadura militar. Cecilia fue detenida a los 17 años por hombres armados junto con su hermano José mientras se encontraba en una confitería sita en la calle Dorrego y Corrientes en Buenos Aires. Ambos posteriormente fueron trasladados al centro de detención clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Su caso fue mencionado durante la acusación final del Juicio de las Juntas en 1985 por el fiscal adjunto Luis Moreno Ocampo. El 29 de junio de 2013 se colocó una baldosa conmemorativa en honor a Cecilia en la Avenida Corrientes 6195, en el barrio de Chacarita.
«Pero aceptemos ahora por vía de hipótesis la teoría de la guerra que tanto repiten los acusados. ¿Se puede considerar acción de guerra el secuestro en horas de la madrugada por bandas anónimas a ciudadanos inermes; es una acción de guerra?; ¿Torturarlos y matarlos cuando no podían oponer resistencia; es una acción de guerra?; ¿Ocupar las casas y mantener a los parientes como rehenes; son objetivos militares?».
«Este proceso ha significado para quienes hemos tenido el doloroso privilegio de conocerlo íntimamente, una suerte de descenso a zonas tenebrosas del alma humana donde la miseria, la abyección y el horror, registran profundidades difíciles de imaginar antes y de comprender después».
«Dante Alighieri; en la Divina Comedia reservaba “El séptimo círculo del infierno” para los violentos, para todos aquellos que hicieran un daño a los demás mediante la fuerza; y dentro de ese mismo recinto sumergía en un río de sangre hirviente y nauseabunda a cierto género de condenados, así descriptos por el poeta: Estos son los tiranos que vivieron de sangre y de rapiña. Aquí se lloran sus despiadadas faltas, por todo ello señor presidente, este juicio y esta condena son importantes y necesarios para la nación argentina que ha sido ofendida por crímenes atroces; su propia atrocidad monstruosa; la mera hipótesis de la impunidad».
«Salvo que la conciencia moral de los argentinos haya descendido a niveles tribales; nadie puede admitir que el secuestro, la tortura, o el asesinato, constituyan hechos políticos o contingencias del combate. Ahora que el pueblo argentino ha recuperado el gobierno y control de sus instituciones, yo asumo la responsabilidad de declarar en su nombre que el sadismo no es una ideología política ni una estrategia bélica sino una perversión moral».
«A partir de este juicio y de la condena que propugno, nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada; no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Esta es nuestra oportunidad; quizás sea la última señores jueces».
«Quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar este requisitorio; quiero utilizar una frase que no me pertenece porque pertenece ya a todo el pueblo argentino: señores jueces, “NUNCA MÁS”». [Aplausos].
¡Conmovedor! Pido a Dios ecos para estas palabras, hechos y condenas.
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Una gran película de denuncia sobre la dictadura argentina y de las más importantes del cine latinoamericano en los últimos años. Me encantó cuando la vi.
Nominada al Óscar a la mejor película extranjera. Y en España se llevó el premio Goya la mejor película iberoamericana. Absolutamente recomendable. Un abrazo, querido Volfredo.
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Es una gran película que denuncia una realidad cruel, gracias a ella mucho tomaron conciencia del peligroso actuar de las dictaduras militares. Un abrazo querida Marylia y feliz fin de semana.
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Otro abrazo!!!
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